12 ene. 2011

Capítulo 39: Cara dura

Me quedé helada al reconocer la voz que me hablaba desde el otro lado de la línea.
-Ya te gustaría. -dije, seca. Oí un suspiro al otro lado de la línea.
-No sabes cuanto lo siento...
-Me hago una ligera idea, -interrumpí.- no lo sientes.
-Mentira, me he arrepentido nada más...
-Paula, te arrepentiste nada más que Lino cortó contigo.
Un silencio incómodo vino después.
-Lo siento... -susurró.- Nunca quise...
-¡Eras mi mejor amiga! ¡Creía que podía confiare en ti! ¡Esto era justo lo que habíamos prometido NO hacer, liarnos con el chico al que le gusta tu mejor amiga! ¿No lo entiendes?
-Tú ya tienes novio... -dijo como disculpa. Estallé.
-¡¿De verdad crees que estoy dolida porque te has liado y me has robado al chico por el que estaba loca desde hacía meses?! ¡Joder, Paula, Lino me importa una mierda! ¡Me importa que me hayas hecho esa puñalada trapera por la espalda tras haberme dicho que nunca me harías daño! ¡No le doy importancia a que te comportaras como una guarra, porque sinceramente, te comportaste como tal, eso incluso lo puedo pasar! ¡Pero que te aprovecharas de mí, como si fuera gilipollas, como total, estaba en Madrid, no me tenía por qué enterar...! ¡Tú no eras así, joder! ¡Y si, estoy muy cabreada! ¡Y que vengas ahora con una llamadita con vocecilla de buena no cuela, que lo sepas!
Me callé para coger aire.
-Sé que tienes razón. -dijo ella, despacio.
-Solo faltaría que me lo negaras...
-¿Puedo hablar? -preguntó algo cabreada.- Bien, sé que no es propio de mí haber hecho lo que hice, pero lo hecho hecho está. Además, me reitero, ¿qué mas da si total ya no te gustaba? Incluso me llegaste a decir que no querías nada con él la noche antes de irte, en la fiesta sorpresa...
-Era mentira. Le quería. Pero sabía que me iba a doler más si me liaba con él.
-Pues no lo sabía. -se disculpó de nuevo.- Sé que es lo que me dirás ahora: "Deberías saberlo, eres mi mejor amiga, bla bla bla...", pero resulta que no lo sabía, las clases de teatro de extraescolar te sirvieron. Pues mira, te cuento como pasó, si eso mejora las cosas. Estábamos él y yo de botellón, con todos los demás. Entonces Blanca se nos acerca a Patri, Sofía, a Cris y a mí y nos dice que Lino quiere a alguien para liarse. Nos lo tomamos a coña, lógicamente. Pero iba en serio. Pues, jugamos a la botella con la de Nacho. Me tocó a mí. Blanca fue a preguntarle si quería conmigo. A mí me venía de perlas un lío para olvidar a Guille, ya que sabes que cuando se fue con Helena me dolió muchísimo, y aún no lo acabo de superar. Pues me viene, y me entra. Nos liamos. Pero él quería más, y me pidió ser su lío. Le dije que no. Por ti. Porque sabía que eso si que te iba a doler. Pero me equivoqué, también te jodió que me liase con él. Él se picó, tu te enfadaste mazo. Vamos, que me salió la jugada perita. ¿Lo peor? No me olvidé de Guille en ningún momento. Sé que no es una excusa ni pretendo darte pena, pero no me gusta que estemos enfadadas. Y aunque no sirva ya de nada, lo siento, Carmen. No sabes cuanto.
Suspiré.
-Sabes que no me hace sentir mejor la historia, ¿verdad?
-Por desgracia, sí.
Se sorbió la nariz.
-Cuando puedas perdonarme...
-Necesito tiempo, Paula. Es una traición muy... dolorosa. Dame tiempo.
Se calló.
-Es lo que hay. -dije, simplemente.- Es lo único que pido. Ignórame, haz como si no existiese, no me llames, no me envíes ni sms, ni mensajes, ni comentarios, ni privados, ni me hables por el chat. Nada. Es lo que necesito.
-¿Vas a joder nuestra amistad por un tío? -dijo, irónicamente.
-No es por un tío, es por ti. Tú la has jodido sola. Al traicionarme. No quiero escucharte.
-Mira, te he dicho que lo sentía, te lo he explicado, me he arrastrado, me he tragado mi orgullo al llamarte, ¿qué mas quieres que haga?
-Ya es tarde. El daño está hecho, y no vas a solucionarlo con una llamada. -repliqué fría.
-¡Tú ni te molestaste en llamar!
-¿Por qué iba a hacerlo? Eres tú la que ha hecho todo mal. La que me ha tomado por tonta.
-Y tú eres la que nunca sabe reconocer un fallo. No soy perfecta, ¿sabes?
-Jamás te pedí que fueses perfecta, me conformaba con que fueras sincera y mi mejor amiga, y no una zorra.
-¿Es de zorra liarse con un tío? Porque entonces tú eres más zorra que yo...
-Es de zorra joder a una amiga por un tío, es de zorra mentirme, es de zorra lo que estas diciendo. -dije, de mal humor.- Te has vuelto una zorra.
-Y tú te has vuelto una retrasada que lloriquea porque yo conseguí en una noche lo que tú ni te acercaste en cuatro meses.
La vena se me volvió a hinchar.
-¡¿Te crees superior?! Para él no eres más que una putita barata, y que se ha quemado contigo porque no haces lo que él quiere. Y, ¿sabes?, no soy la única que piensa que te estás volviendo una fresca, las noticias vuelan, cariño. Y te estás quedando sola, por eso, porque no sabes apreciar lo que tienes, porque una vez que lo pierdes, no vuelve jamás. ¿No lo ves? Todo lo que me has replicado es lo único que tienes, "yo me he liado con Lino y tú no", eso es un comentario típico de una cría, y que sepas que solo me tenías a mí, y ahora no tienes a nadie. Te lo mereces, las putas se merecen eso.
-Osea, tú me puedes decir lo que quieras y yo nada a ti. Que coña tienes, ¿no?
-Yo digo verdades. -grité.
-¡Vete a la mierda! Te llamo para arreglarlo y me mandas a tomar por culo. ¡Que te jodan guapa!
-Muaaaaaaac, yo también te quiero fresquilla. -me despedí.
-¡Ah, se me olvidaba! La llamada es a cobro revertido... ¡Jódete! -y colgó.
-¡AH QUE ZORRAAAAAAAAAAA! -grité. Tiré el teléfono al suelo y me tumbé boca abajo en la cama.
"Menuda hija de puta. No me creo que ella fuese mi mejor amiga..."
-Carmen, nos vamos.-dijo mi hermano, entrando en mi cuarto.
-¡Vale! -dije de mal humor. Cogí mis cosas, y salí de la habitación dando pisotones.
"Puta".

19 dic. 2010

Capítulo 38: Más allá de lo que ves

Furiosa, fui al baño dando pataletas. "Menuda hipócrita. Se lía con el chico por el que estaba loca, y ahora que él pasa como de la mierda de ella pretende que YO la ayude. ¡Menuda cara! Que se fastidie, que se esfuerce por llamar y por que la perdone. Yo no pienso dar el primer paso..."
-Cariño, ¿estás bien? -me preguntó mi abuela, extrañada.- Llevas una cara de mala uva...
Suspiré.
-Nada, abuela, es que la gente es muy pesada...
Me dio un beso en la cabeza.
-Anda, tranquila, que sabes que tú le das mil vueltas a cualquiera de tus amigas, cariño. Vete a la ducha, ahora que no hay nadie.
-Vale. Gracias, abuela. -no le hice ni caso, y proseguí mi retahíla de insultos hacia mi "amiga". Cerré la puerta con pestillo, y me quité la ropa. Encendí la radio, Los 40 Principales, y abrí el grifo. El agua comenzó a hacer un ruido tremendo al chocar con fuerza contra el plato de la ducha, por lo que le subí el volumen a mi Tivoli. Me metí con calma en la ducha, y suspiré al notar el agua cálida contra mis hombros, empapándome el pelo y rodeándome de vaho y calor. Adoraba mis momentos de duchas interminables, en las que pensaba todo lo que me había pasado, me daba tiempo para aclarar mis ideas y tranquilizar mis ánimos. Que era, precisamente, lo que más falta me hacía en ese momento.
-Want you to make me feel like I’m the only girl in the world... -canturreé fuera de tono. Esa era otra de las ventajas de la ducha, el sonido estridente del chorro de agua al caer amortiguaba la voz y así podías chillar todo lo que quisieras, no podrían reírse de mis gallos, ya que apenas me oía a mí misma. La canción me hizo acordarme de Jaime, de todos y cada uno de los momentos que pasamos la noche anterior. No recordaba algunos, por ejemplo no recordaba exactamente lo que le había dicho en el portal, pero sí recordé que casi me había echado a llorar. Mis copas de vodka lima estaban demasiado cargadas.
Me enjaboné el pelo con calma, disfrutando del olor de la papaya de mi champú hidratante. "No lo entiendo. ¿Qué le he hecho a ese chico para tenerlo para mí? Es sorprendente. Increíblemente guapo...", se me escapó una sonrisa. "Tan mono...".
De repente me acordé de Gonzalo. No comprendía sus palabras de anoche. Tampoco comprendía que Damon apuntase su número poniendo "Damon 2". Tampoco entendía que Damon le hubiese salvado del retrasado que le había rodeado en aquella esquina. Ni siquiera comprendía el por qué de su ayuda, no tenía motivos, ni ganas, ni era algo que soliese hacer. Me extrañaba mucho que lo hiciera por mí. "¿Por qué?", pensé con el pelo enjabonado. "¿Qué le había motivado a ayudarme? ¿Qué podría sacar a cambio? Porque dudo que lo hubiera hecho gratis...".
De repente, quién sabe si fue la ley de Murphy o lo que fuese, me entró en el ojo champú. "Mierda, lo que me faltaba, colega. Dios...", gemí.
-¡Pica!
Mantuve el ojo cerrado, mientras con el otro buscaba algo de suero. No quedaba. "No me queda otra que aguantar...".
Me aclaré el pelo del champú, me enjaboné rápidamente, me aclaré el cuerpo y cerré el agua. Suspiré de nuevo. Tendría que abrir el ojo para maquillarse, por lo que tendría que hacer un esfurecito. Lo abrí lentamente, despacio, y fui capaz tras unos segundos de vista borrosa de ver que el cuarto de baño estaba lleno de vaho, y que apenas se podía respirar por la boca sin toser. Me acerqué al espejo, y me miré fijamente. Mis ojeras eran notables, mi cara de mal humor también, y tenía el ceño fruncido, ni siquiera me había dado cuenta. Relajé los músculos de la cara, y procedí a secarme el pelo con la toalla. "Quiero ver a Jaime ya de ya. Pero ya.".
Me puse crema, y con la toalla salí del baño rápidamente. Después del calor de la ducha comencé a tiritar del frío.
Entré a mi habitación y cerré la puerta tras de mí. Me puse la ropa interior, y abrí el armario. Gemí de impaciencia. Iba a tardar en escoger la ropa, no había pensado nada.
-Coge algo a boleo, seguro que aciertas. -me dijo mi madre, que había entrado en la habitación. Asentí.
-Vale... -cerré los ojos y cogí algo. Los abrí. Miré a mi madre de mal humor.- No sé para que te hago caso... -dije mientras metía de nuevo mi antiguo neopreno en el armario. Ella rió.
-Pues irías de lo más mona.
-¡Mamá, vete a la porra! -salió de la habitación riéndose a pleno pulmón.
Volví a enfrentarme a mi abarrotado armario. Me decidí por mi camisa a cuadros negra y roja, unos shorts muy cortitos vaqueros, unas medias negras con dibujos de puntos cosidos, mis botines negros de tacón y una cazadora Belstaff. Me asomé a la ventana, y parecía que hacía frío, por lo que cogí también un par de camisetas interiores, y una bufanda enorme de lana negra.
Me vestí lo más rápido que pude, y salí de nuevo hacia el baño para maquillarme. El pelo largo lo tenia aún un poco húmedo, pero no me importó demasiado. Me pinté la raya negra, rímel y polvos de sol. En diez minutos estaba lista. Por desgracia, el resto de mi familia, no. Mis hermanos Jorge y Carlos aún estaban sin vestirse, y mi madre estaba aún en camisón. Por lo que me metí en Tuenti. Tenía como treinta fotos nuevas, y en una de ellas aparecíamos Jaime y yo besándonos. Lo peor era que se nos distinguía perfectamente. No comenté en la foto (la había subido alguien que no conocía, y me había etiquetado Jaime), y había recibido varias peticiones de amistad, entre ellas la chica que había estado llorando en el baño, María Paz. Descubrí que no era ni pelirroja ni con ojos azules: era rubia con los ojos grises. Se había teñido de pelirroja (según los comentarios de su tablón) para la fiesta, por cambiar, y llevaba lentillas azules, pero los tenía grises. Vamos, que era alguien totalmente distinto a quien había visto en el baño. Me empecé a reír. "Hay que ver, piensas que una persona es de una manera, pero luego te das cuenta de que no..."
De repente, mi teléfono sonó a todo volumen. Corrí a cogerlo, y sin mirar pulsé "Responder".
-¿Diga?
-Perdóname algún día...

11 dic. 2010

Capítulo 37:Mañana extraña

Oscuridad nocturna. Un reloj-despertador se ilumina, 5:43 AM. Voces, susurrantes, extrañas.
-¿Qué haces? Vas a despertar a los niños...
-No se despertarán, me encargaré yo mismo de que no hagas mucho ruido...
-¡MMPPHH!
-¡Calla, ya!
Silencio.
Algo metálico cae al suelo.
Sollozos.
-Socorro...

Sentí una mano al lado de mi cara. Di un salto sobresaltada en la cama. Abrí un ojo, para ver quien era. Vi la silueta de mi padre.
-Cariño, ¡arriba! Es domingo, he hecho croissants. -dicho esto, se alejó de mi alrededor.
Me acurruqué aún más en la cama.
-Vale. Guárdame unos para... La merienda.
-Carmen, levántate ya. -dijo, con voz repentinamente autoritaria. Me extrañé, mi padre, el buenazo de mi padre, con voz seria. Debía de estar realmente de mal humor para hablar con ese tono. Comprendí que era mejor levantarme antes de que se enfadara aún más.
-Vaaaale... -dije, resignada. Me incorporé, lo que provocó un mareo repentino y la pérdida del sentido del equilibrio. Miré a mi padre, que estaba apoyado en el marco de la puerta.
-¿Un poco de intimidad, por favor...?
Suspiró.
-Ya me voy, ya. Pero ven a desayunar en seguida. -y se marchó. Emití un ligero quejido, ya que me dolía demasiado debido a la resaca. "No vuelvo a beber tanto ni de coña..." me prometí.
Me levanté, y casi me caigo al suelo. "Mierda". Fui a mi armario despacio, apoyándome en la pared para no caerme. Cogí la bata, me puse las zapatillas y me dirigí a paso de tortuga hacia la cocina. Antes de entrar decidí que era mejor ir primero al baño a despejarme. Al llegar me encontré con Jorge de frente, el cual me miró inquisitivamente.
-Alguien ha bebido más de la cuenta ayer... -canturreó muy bajo. Le miré furiosa.
-Como se te ocurra decirle algo a mamá, le digo lo de Carmen y tú en casa, antes del verano. ¿Te apetece?
Sus ojos brillaron de odio.
-Hablamos el mismo idioma. -masculló. Luego, se acercó a mi oreja y susurró:- Lávate la cara con agua fresca, y bebe algo. Si vas con la cara húmeda se notará menos.
Me sorprendió ese gesto de solidaridad hacia mí. Lo captó al vuelo.
-No lo hago por ti, papá ya está de muy mala hostia hoy.
Le miré afirmativamente.
-Es verdad, tú... ¿Qué le pasará?
-Ni zorra, pero a mamá no le hace ninguna gracia. Están ambos muy raros hoy. Ni de coña me beneficiaría que se cabreasen, les voy a pedir el piso de la Castellana el próximo finde.
-Menudo interesado...
-Efectivamente. Así es como se triunfa en la vida, querida... -se alejó rápidamente.
Me metí en el baño, y en efecto, tenía una cara que daba pena. Me la mojé varias veces, me bebí al menos dos litros de agua, pero mi cara de resaca seguía ahí, martirizándome.
"Ojalá que mamá no se de cuenta...".
Con la respiración contenida, y la cara empapada, entré en la cocina. Mi madre estaba sentada en la mesa, con una taza de café en una mano, y el periódico de ayer delante. A pesar de todo, tenía la mirada distante, como si no estuviera ahí. La observé unos segundos, hasta que se dio cuenta de que existía.
-Oh, buenos días, hija... -dijo, tan solo. Me acerqué a darle un beso, y nada más tocarla, se sobresaltó.
-Dios mío, ¡estás mojada!
Me reí, para ocultar mi nerviosismo.
-Si, es que me acabo de lavar la cara con el jabón, y no me apeteció secarme... -seguía hablando, pero me percaté de que me oía, pero no me escuchaba en absoluto.
-Ah, vale... Muy bien, desayuna, anda. -se levantó despacio, y se marchó. Me quedé sola, y con una cara de desconcierto que no me la quitaba nadie. ¿Qué pasaba hoy? "¡Todo el mundo está raro hoy!".
Me encogí de hombros. "Mamá tendrá las hormona revolucionadas, papá no se ha tomado su café esta mañana, y Jorge... es idiota".
Me preparé el desayuno con calma: mi capuccino de Nespresso, con tostadas de mermelada de fresa. Me lo tomé despacio, saboreando el crujiente pan con la mermelada abundante.
Mi hermano Dani apareció con una sonrisa de allí a Málaga.
-¿Sabes? A mis amigos les pone tu sujetador...
-Vete a la mierda, enano. Me las vas a pagar. -amenacé. Se empezó a reír.
-Veeeenga hermanita, ¿se lo vas a decir a míster rubiales?
Me quedé helada.
-¿Que ladras, tú? No hables si no sabes... -le dije furiosa. Me miró fijamente.
-Las noticias vuelan... El señor ojitos está contigo. Hay fotos en Tuenti de vosotros juntos.
-¿Estás de broma?
-No, hermanita. Eres el tema de conversación de hoy, más incluso que tu sujetador.
"Dios, que vergüenza..." pensé.
-Pues sí, estoy con un chico. ¿Te molesta?
-Para nada, tranquila. -dijo él, riéndose.- Pero sé de alguien a quien no le va a hacer gracia verlo... Y estoy seguro de que ya lo ha visto.
-¿De qué hablas? -pregunté, de mal humor.
-Ya lo verás, aquí el menda se entera de todo... -me levanté a dejar las cosas en el lavavajillas, y le di una colleja.
-¡Ay! -protestó.
-Ajo y agua, enano. -dije, riéndome. Me fui a mi habitación, y encendí el iPhone. Tenía tres mensajes nuevos.
"Jaime del Campo-09:59
Buenos dias, princesa ;)
tengo ganas de verte, enana (:
despues de comer te llamare y quedamos vale? te echo de menos :(
te quiero mucho !"
Sonreí.
"Catita (:-07:21
QUIERO QUE ME EXPLIQUES ESAS FOTOS CON JAIME DEL CAMPO A LA DE YA!
en la comida cariño (;
te amooo(L)"
"Esta Cata, tan cotilla..." pensé. "¿Habrá visto las fotos?"...
"Paula Martinez (en fin, falsa)-10:57
Car, soy yo. q mira q te queria decir q he cortado cn lino, es 1 gilipollas. m llamas cuando leas esto? xfa, lo necesito de veras. tambien queria decirte q lo siento, q fui una imbecil... ya hablamos va? te echo de mens."

La sangre se me heló en las venas. ¡Venía a pedirme perdón cuando lo han dejado! "Que zorra...", pensé furiosa. Tiré el móvil a la cama, me cogí mi radio y me fui furiosa a la ducha.
"Gracias, Paula, me acabas de amargar la mañana"

4 dic. 2010

Capítulo 36: ¡Vaya noche!

(SIENTO NO HABER ESCRITO EN ESTE TIEMPO, ESPERO QUE LA ESPERA HAYA MERECIDO LA PENA, AUNQUE LO DUDO. MUCHÍSIMAS GRACIAS A AQUELLOS QUE ME HABÉIS APOYADO CON VUESTROS COMENTARIOS DEFENDIÉNDOME, CON VUESTROS PRIVADOS, POR VUESTRA ILUSIÓN. GRACIAS, DE VERDAD, ¡SOIS LA RAZÓN POR LA QUE SIGA ESCRIBIENDO! :D)
Al entrar vi casi el doble de ambiente que hacía una media hora. Estaba claro que el alcohol comenzaba a hacer efecto en todos los invitados, ya que había un grupito de chicas subidas en una tarima "bailando" (o más bien dando tumbos). Sonaba In My Head, el remix. Fui como pude hacia la barra, ya que localicé a un grupito de chicas rodeando a alguien, y deduje que era él, teniendo en cuenta la reacción producida en ellas a nuestra llegada.
Y, por supuesto, no me equivocaba.
-Ay, de verdad, ¡últimamente te vemos poquísimo! ¿No fuiste a la fiesta de Wiki?-dijo una, si no recuerdo mal se llamaba Lara.
-Es que he estado aprovechando el tiempo con mi...-cuando me acerqué al corrillo, Jaime sonrió y me cogió por la cintura.- novia, Carmen.
-Hola, chicas. Encantada.-sonreí, amable. Aunque en realidad me moría de ganas de irme de allí, me sentía como un ratón de experimentos, observada con ojos críticos mientras que el grupo pensaba e la forma de boicotear nuestra relación (lo sé, lo vi en sus ojos).- ¿Podemos hablar, Jaime?- le dije con la mirada que nos alejáramos de allí lo más pronto posible. Comprendió al instante.
-¡Vámonos! -las chicas suspiraron entristecidas al darse cuenta de que Jaime estaba pillado. El cincuenta por ciento de ellas me miró con cara de odio. El veinticinco con envidia, y luego tres o cuatro chicas me sonrieron. Las imité, y me alejé del centro de la pista con Jaime muy cerca de mí.
-Me tendría que ir ya, lo siento... -comencé, con pocas ganas. Me cogió de la mano y me sacó de la discoteca.- Son las tres...
Me besó descontroladamente. Me sorprendió su arrebato de amor tan repentino, pero no estropeé el momento. Le seguí el juego. Nuestros labios se compenetraban a la perfección, olían al regusto de sal tras los chupitos de tequila. Me encantaba cada milímetro de su cara, cada parte de su cuerpo: sus ojos verdes, su nariz algo grande, sus orejas pequeñas, su amplia espalda, sus brazos fuertes, su ropa, su pelo, sus manos, sus piernas, él en conjunto me volvía loca. Me sentí algo ebria, había bebido algo más de la cuenta, y mi cabeza me daba vueltas. Él tampoco estaba muy bien, aunque jamás borracho. Pero estaba lo suficientemente contento como para besarme de ese modo abrasador en medio de la calle. No me importaba, sentía que las calles eran nuestras y que solo dependíamos el uno del otro. ¿Eso era amor? Es un poco difícil enamorarse en tan poco tiempo, pero nada es imposible. Puede que solo sea atracción, sex-appeal, necesidad. Pero lo importante es que no podíamos separarnos el uno del otro.
Sus manos recorrieron mi espalda, hasta llegar a mi culo, en donde se quedaron. No opuse resistencia. Le cogí la cara con una mano y me enganché a el con el otro, mientras me besaba apasionadamente, sin reparo. Lo hacía tan bien...
Algo dentro de mí se revolvió. Sabía que no estaba haciendo lo correcto, sabía que debía ser sensata, pero mi sentido de la responsabilidad se había escondido tras la quinta copa. Solo importaba que me besara el tiempo que hiciese falta, que fuera totalmente dependiente de él toda la noche, que no nos tuviésemos que despedir jamás.
-¿Vienes a mi piso...? Está cerca de aquí... -susurró mientras me besaba el cuello.
Eso me despertó totalmente. No quería hacerlo ahora, no me sentía preparada... No quería.
-Nno debo... -contesté, con un hilo de voz. El momento se estropeó. Él entró en razón, y se separó de mí lentamente. No me soltó la mano, pero me dejó de besar. "Mierda. La he cagado".
-Tienes razón. Lo siento mucho, Carmen. No estoy muy... -se excusó. Le abracé.
-Ni te preocupes.
Nos quedamos un rato abrazados, mientras él me acariciaba el pelo. Me estremecí de placer.
-¿Sabes qué? -dijo tras unos minutos de silencio. Le miré irónica.
-¿No irás a decirme "te quiero", verdad? -pregunté, mientras me reía. Él me miró muy serio.
-¿Es que no lo puedo decir? -contraatacó. Me sonrojé.
-Queda muy peli Disney, ¿no te parece?
-¿Y a quién le importa como quede? ¿Es que no te gustaban las pelis de princesas?
-Mi madre me solía decir que no debía creer en esas películas tan falsas, porque acabaría queriendo ser una. Y como que es un poco complicado en este mundo... -respondí, audaz. Sonrió.
-Tu madre es muy lista. Pero hay algo con lo que no contó...
Me quedé un instante pensando en el corte que me iba a soltar.
-A ver, sorpréndeme. ¿Con qué no contó?
Me miró muy dulcemente, y se acercó a mí.
-Que... -susurró. Sentí su aliento muy cerca de mis labios. Estaba deseando besarle, pero me quedé muy quieta.
Pasaron unos segundos eternos. Se empezó a reír.
-Te lo digo cuando lleguemos a tu casa.
Le pegué con el bolso, y empezamos a reírnos muy alto, tanto que creí que nos iban a denunciar por escándalo público a altas horas de la noche. No nos importaba como nos mirasen, ni lo que dijeran sobre nosotros. Me sentía totalmente feliz, radiante.
En un momento dado, después del calor de los besos y las risas, comencé a tiritar. Me puso su jersey sobre los hombros, y me negué mil veces, porque se moriría de frío. Me sobornó con que no me hablaría nunca más en la vida. Accedí a llevarlo, obviamente, aunque sabía que aunque no me lo pusiera, me hablaría igual.
Llegamos en quince minutos a mi portal.
-¿Quieres entrar un ratito? Son y veinte y no me apetece ir a casa todavía. Venga... -le pedí con voz suplicante. Sonrió y me revolvió el pelo.
-Tendré que hacer el esfuerzo... Que rollo.
Fingí que me picaba con él.
-¡Ah, bueno, si te cuesta tanto llamo al portero para que me haga compañía! Hala, vete, vete, con tus "amiguitas", que seguro que te lo pasas mejor que conmigo...
Me miró sorprendido.
-¡Que era broma! No te enfades... -puso voz melosa. Seguí con mi monólogo.
-No, no, que te lo pasarás mejor, que están más buenas que yo, y fíjate, ni tendrás que convencerlas para que se queden contigo, son algo fáciles... -me calló con un beso. Le abracé, y comenzó a jugar con mi pelo.
-Entremos...
Cerré la puerta, y nos tumbamos en el sofá del recibidor. Me tumbé yo primero, y él se abalanzó sobre mí. Comenzó a besarme las mejillas, el cuello (provocando un temblor en mi cuerpo), la base de mi cuello, el escote, los brazos. Me sentía fuera de mí. No me forzaba a hacerlo, pero me apetecía. Me sentía con ganas, con ilusión. No nos daría tiempo, por desgracia.
De repente habló mi subconsciente por mí.
-¿Por qué yo?
Se detuvo. Nos quedamos en silencio.
-¿Lo he dicho en voz alta?
Asintió.
-Efectivamente.
Me sonrojé.
-Lo siento... -me había pillado.
-Calla. -me interrumpió. Me cogió de la mano.- ¿Por qué tú que?
Me quedé callada. Insistió.
-¿Qué dudas tienes, Carmen?
-¿Por qué tú a mí? ¿Por qué yo a ti? ¿Por qué estás conmigo? ¿Qué tengo de especial? ¡Nada! ¡Solo soy una más, en mi antigua ciudad no me querían, nadie, nadie! ¡Estaba sola! Y de repente, llego a Madrid, y me encuentro con que tú, Jaime, yo a ti te gusto! ¿¡Por qué!? ¡No me lo merezco! No soy una buena persona, ¡te mereces a alguien mejor que yo! -exploté. Las cosas que me había guardado toda la noche afloraron.- He visto a otras chicas que... ¡Que son mejores! No sé, puede que sea una estupidez esto, que no me merezca nada, que seas yo la que tenga que estar agradecida por estar contigo... ¡Que lo estoy! Pero pienso que no... No tengo nada de especial. Que soy absurdamente normal. Que puedes estar con mil chicas mejores...
-¿Puedo hablar? -me callé.- Mira. te lo voy a dejar muy claro. Puede que seas absurdamente normal, puede que no seas la más guapa para muchos, hasta incluso algunos pueden pensar que eres fea, pero estos últimos deben de ir al oculista urgentemente. -sonreí.- Puede que seas algo despistada, algo... Tonta. Pero eres increíble. Eres guapísima. Eres encantadora, eres inteligente, eres sensible, eres... Tú misma, Carmen. Eres tú. Y estoy harto de las esnobs que hay por aquí. Tú no eres como las demás, es cierto. Eres mejor. Y te quiero, sí. Te quiero. TE-QUIE-RO. ¿Necesitas más pruebas?
Me emocioné. Las lágrimas me llenaron los ojos.
-Te quiero... -susurré. Me abrazó.- No quiero perderte.
-No lo harás. Estaré siempre aquí...
Nos quedamos callados, abrazados en el agradable silencio del portal. Sentía algunos coches circular por las frías calles, algunos perros aullando allá a lo lejos, algún grito de bebé, a alguna pareja haciendo algo ruidoso, a alguna ambulancia sonar. Me dio igual el tiempo, el frío y el calor, la lluvia o la niebla, no me importaron ni mis padres ni nadie, tan solo quería seguir abrazada a él.
Rompió la magia.
-Debes subir, son menos cuarto.
Suspiré. Me acompañó al ascensor. Pulsé el piso 10, y esperé. Él estaba fuera, tan guapo como siempre.
-Adiós.... te quiero mucho. -la puerta se estaba cerrando, cuando él puso la mano en medio.
-¡Espera!
Le miré interrogante.
-Dime. -le dije.
-¿Recuerdas lo que te dije de por qué tu madre se equivocaba en cuanto a creer en las películas Disney? ¿En el amor? -asentí. Sonrió y dijo:- Que las escenas románticas de esas pelis, existen. Que el amor existe. Que tú existes. ¡Hasta mañana!
La puerta se fue cerrando y me dio tiempo a gritar:
-¡Te quiero!
Oí su risa algo alta, y decir:
-¡Yo también!
Mientras subía los pisos sonreí ampliamente. Me encantaba él, estaba loca. "Es mío".
Llegué a casa y con cuidado abrí la puerta con la llave. Entré descalza y caminé despacio hasta el baño. Me miré en el espejo: tenía el pelo revuelto, los ojos brillantes, y una cara de felicidad enorme. Sonreí, y fui hasta la habitación de mis padres. Entré silenciosamente, y le di un beso a mi madre.
-Hasta mañana, mamá. -me respondió con un gruñido. Sonreí, y salí de su cuarto para ir al mío. Me quité el vestido, y me tumbé en la cama con la ropa interior. Miré al techo extasiada. "El mejor día de mi vida".
De repente mi teléfono sonó, un nuevo mensaje. Era de Jaime.
"¿Te has dado cuenta de que te has quedado mi jersey? ;)
Andaaa, ya me lo devolverás mañana, que tengo una sorpresita para ti!
Te quiero.
Jaime."
Chillé de emoción. Le respondí.
"Jajajajaj, era parte de mi plan para que tengas la obligación de volverme a visitar, así no te perderé de vista :D
Te quiero muchisimoooo :)"
Apagué el iPhone y cerré los ojos, pensando en la noche que había tenido. Cargadita, llena de cosas raras y de novedades, de líos y de amor. "Le quiero..."

21 sept. 2010

Capítulo 35: Celos

Miré impresionada al baboso, tirado en el suelo, gimiendo de dolor después de que Damon se le tirase encima. Éste se había levantado del suelo y se estaba limpiando el polvo de su cazadora negra. Le cogí de la mano y, tras darle un pisotón en la espalda al baboso y una bofetada al orangután me alejé con él hasta el otro lado del local.
-Muchísimas gracias, Damon. De verdad, te lo agradezco.
Él hizo un gesto de indiferencia con la barbilla.
-Lo habría echo por cualquiera.
-Pero lo has echo por mí-puntualicé, aguda.- Por lo que, repito, gracias. Te debo una.
Me miró irónicamente.
-Me debes dos, guapa. Una por lo de ahora, y otra por la bofetada de esta tarde.
Mis ojos se oscurecieron.
-Y tú me debes dos por jugar conmigo anoche. Así que estamos en paz.-dije, de mal humor. Se rió entre dientes.
-Cierto, ya no te debo nada. Así que adiós, y ten cuidado con los borrachos.-cuando se iba a marchar, se dio la vuelta de pronto y me dijo:- Pero no niegues que te gustó...
Cuando iba a responder Damon había desaparecido entre el gentío. Suspiré. Estaba en lo cierto, me había gustado mucho... pero porque pensaba que estaba besando a Gonzalo. ¿O me gustó después de saberlo...? ¿Me siguen gustando esos besos? "Ni idea. Pero tengo a Jaime, no necesito nada más..." pensé feliz. Me dirigí hacia la terraza de nuevo y vi que Jaime se me acercaba rápidamente.
-¡¡CARMEN!! ¡Me acababan de decir que Tomás te estaba molestando! ¡Que te estaba... SOBANDO! ¡¿Estás bien?!-preguntó, nervioso. Me entró tal alivio, que lo primero que hice fue besarle. Él, sorprendido al principio por mi iniciativa, abrió mucho los ojos, pero luego los cerró y me apretó a él. Le acaricié la espalda, y después de una seguida racha de escalofríos de placer, me separé. Se quedó con ganas de más (lo vi en su mirada decepcionada), y le agité el pelo castaño con la mano.
-Damon me ayudó. Vio que estaban intentando abusar de mi y le dio una lección. Me salvó, por decirlo así.
-¿Damon? ¿Damon Fiornucci? ¿Él te ayudó? Ahora estoy mucho más sorprendido... No suele hacer nada que no le beneficie de algún modo, es un mal tío.-lo dijo con tanto odio en la voz, que pensé que era mejor que no se enterase de que él era el causante de mis lágrimas la noche anterior.
-Pues lo hizo, y le di las gracias. Dijo algo en plan de que lo haría por cualquiera, y se fue.
-Pues te mintió. No lo haría por cualquiera, probablemente le caigas bien, o quiera...-dejó la frase en el aire y frunció el ceño. Sonreí dulcemente y le cogí la cara con las manos.
-No seas tonto. Al único al que quiero abrazar de todo el mundo es al chico que tengo delante. Y a nadie más. Solamente a él.
-Pues me han dicho que es un celoso, aunque muy guapo-dijo, riéndose. Sonreí aún más ampliamente.
-Pues dile que no tiene por qué estarlo, estoy loca por él. Y... es terriblemente guapo.
Me sonrió, con su sonrisa ladeada que me volvía loca, y me besó lentamente. No fue un beso como los otros: enloquecedor, de esos que te ponen el corazón a mil por hora, apasionados. El beso que estaba dándome en ese instante era íntimo, tímido y muy, muy dulce. No por ello era peor, en realidad me gustaba mucho más que cualquier beso que me hubieran dado antes. Era adictivo, y con cada segundo que pasaban sus labios sobre los míos estaba más y más enganchada al olor de su aliento, al tacto de sus manos suaves acariciándome, al sabor de su boca. Más enganchada a él, a Jaime del Campo Rivera, mi novio, el chico que lo había dado todo por mí.
Alguien carraspeó incómodo, y nos separamos rápidamente. Era una pareja de chicas bien vestidas con cigarrillos en la mano.
-Perdonad la interrupción, pero... ¿nos dejáis pasar?-dijo la más alta. La otra se rió como una tonta. Jaime les miró cabreado y yo me puse colorada, y miré hacia abajo.
-Perdonadme, Sofía, Tamara. No pretendíamos... no pretendía "molestaros". ¿Os he presentado a mi novia?
La bajita se crispó.
-Me importan poco tus novias, son todas unas gilip...
-Tami, tranquilízate.-dijo la alta (deduje que era Sofía) y me miró con odio.- ¿Tú eres...?
-Carmen, Car para los amigos. Pero podéis llamarme Carmen.-dije, de mal humor. Jaime se empezó a reír y Sofía me miró indiferente.
-Por supuesto, no pretendía ser tu amiga de modo alguno. Hasta la vista, "Car"-dijo, irónica. Se volvió a Jaime y le dijo:- Y tú... Que te jodan.
Se fueron las dos muy dignas, y yo me eche a reír.
-¿Quiénes eran esas? ¡Menudas idiotas!-dije, divertida. Me sonrió divertidísimo.
-Mi ex, Tamara, y su mejor amiga. Ella me puso los cuernos, y la dejé. Desde entonces me odian las dos.
Solté una carcajada incrédula.
-¡¿ELLA te odia?! ¡Qué morro!
-Es lo que hay... Pero espero que eso no me pase contigo...- comentó, serio. Me abracé a él.
-No te pasará. Te quiero, ¿recuerdas? Solamente a tí.
Oí su grave risa mientras me abrazaba y me ponía los labios en el pelo. Me dio un beso, y me cogió la mano.
-¿Volvemos a la pista?-dijo. Asentí, feliz.
Llegamos, y nos pusimos en el centro de la pista. Qué tengo que hacer. Una de mis canciones predilectas, porque con ellas podías seducir, y, lo que es más divertido... "perrear".
Nos pusimos a ello, y bajamos hasta el suelo. Allí abajo, me dio un pico, y procedimos a subir, muy despacio. Bailé hasta hartarme mil canciones. En fin, las pongo porque me acuerdo tan solo en las que me besé con mi novio. En aquellos momentos entre estribillo y baile pegados me encontraba con un Jaime salvaje, sexy, atrevido. Un Jaime que, como cualquiera de sus facetas, me volvía loca.
En un momento dado tuve que ir a la barra a por algo. Me preguntó si quería que me acompañase, pero me negué. Necesitaba un par de segundos para airearme, y sobre todo para creerme que todo lo que estaba pasando aquella noche era real.
Me acerqué al camarero y le pedí Licor 43. "Estoy bebiendo demasiado..." pensé, mientras el camarero se daba la vuelta para prepararme la copa. "La última y ya", me decidí.
Se me acercó con la copa en la mano y me la tendió. Murmuré un simple "gracias" y salí a la terraza a pensar en mis cosas.
-¿De nuevo tú por aquí? ¡Voy a empezar a pensar que me persigues!-oí a Gonzalo decir. Resoplé.
-¿Perdona, Fiornucci? He salido a tomar el aire, eres TÚ el que me persigue a mí... ¡Déjame tranquila!
-Lo siento, no me muerdas, fiera.-dijo, cauteloso. Para liberar tensiones me reí.
-Bueeeno... ¿Y qué tal tu noche?
-¿Me preguntas a mí?-dijo, serio.- La mía bastante mala...
Alcé las cejas, sorprendida.
-¿Ah, sí? ¿Por qué?-pregunté mientras le daba un buen sorbo a mi copa.
Me miró a los ojos.
-Porque la chica que quiero tiene novio.
Me quedé muy pillada, y casi escupo el licor. "¿Qué acaba de decir...? ¿Va por mí? ¡Dios mío!"
Como vio que no añadía nada, me sonrió.
-Tranquila, no voy a fastidiaros la relación ni nada...-dijo, calmado. Suspiré de alivio, aunque el corazón me seguía latiendo a mil por hora.- ¿Te puedo dar mi número?- asentí, y le tendí el iPhone. Mientras apuntaba su número siguió hablando.
-Pues, cuando quieras llamarme, ya sabes...-de repente la mirada se le ensombreció.- Vaya.
-¿Qué pasa?-pregunté. Me tendió el iPhone.
-Ya tienes grabado mi número... Pero pone Damon 2.
"¡MIERDA! ¡Maldito Damon!"
-Sería Damon, ayer en la fiesta...-intenté desviar el tema. Me miró como si le estuviera tomando por idiota.
-Querida... Carmen... Sé de sobra que ayer estuviste con mi hermano... ¿Crees de verdad que no me lo restregó?
Me quedé helada. "¡PUTO DAMON!"
-Ahh... ¿te lo dijo?-pregunté en voz baja. Asintió.
-Me dijo que te había gustado. Creí que... no sé, que a lo mejor tenía posibilidades, ya que mi gemelo lo había echo, quizá yo...-hizo una pausa, pensativo.- Pero te vi hoy con Jaime, y casi me muero de la envidia. Dime, ¿él lo sabe?
Negué con la cabeza.
-Pero se lo pienso contar, no hace falta que digas nada.-dije, de mal humor. Me miró incrédulo.
-¿De verdad crees que soy tan capullo como para ir a contárselo?
Me encogí de hombros.
-No te conozco.
-Y no sabes cuantísimo lamento eso...-dijo, despacio. Giré la cabeza.
-Quiero a Jaime. Lo siento. Lo de ayer fue un auténtico error. Nunca me hubiera liado con Damon, me entró y estaba "contenta"...
-No me tienes por qué dar explicaciones.
Me di cuenta de que tenía razón.
-Sí, no te tengo que explicar nada.
Se rió.
-Eres graciosa.
-Gracias.
-¿No estás muy cómoda con esta conversación?
-No mucho, la verdad.-dije, mientras apuraba mi copa. Se encogió de hombros.
-Pues, si quieres, márchate.-replicó solamente.
-Lo debo hacer, me estará esperando mi nn...-dudé en la última palabra. Sonrió dolido.
-Tu novio.
-Sí...-de repente me sentí fatal. Se levantó conmigo, y me tendió la mano.
-¿Amigos por lo menos?
Se la cogí y nos dimos un apretón.
-Claro...-dije, insegura.
-Nos vemos, "amiga"-se despidió, feliz. Me fui un poco incómoda. Miré el reloj: las tres menos cuarto. "Buscaré a Jaime y nos iremos" pensé. Me adentré en la discoteca sin percatarme de que unos ojos azules muy brillantes me seguían con la mirada hasta que desaparecí entre el tumulto de gente.