17 jun. 2010

Capítulo 27: ¡Sorpresa!

Lo primero que hice fue tumbarme en mi cama. Mi preciosa, enorme, cómoda y adorada cama. "Dioooooos. Esto es lo mejor", pensé, adormilada. "Mucho mejor que una dura colchoneta en el suelo. Bueno, dura no. Digamos que ligeramente incómoda".
Los párpados se me iban cerrando poco a poco con la dulce melodía de "I Wish You Were Here" que tocaba mi hermano al otro lado del pasillo. Tocaba increíblemente bien. "Ojalá tocase yo así la guitarra...Es increíble".
Decidí levantarme de la cama, porque si no lo hacía después me iba a quedar dormida, y tan solo faltaba una hora, quizá algo más, para la hora de comer. Y además, por la noche no dormiría.
Me incorporé con un suspiro. "La vida es un asco. Nunca sabes lo que te deparará el futuro. Es como el Tetris: pensabas que todo encajaba a la perfección, pero de repente viene una pieza con forma de ceta. Esa pieza es difícil de encajar. Dos ya es un logro conseguirlo. Tres ya...absolutamente imposible".
¡Estoy loca!
-Malditas hormonas...-refunfuñé, mientras encendía mi MacBook. Puse la contraseña: PauCar. Paula, mi mejor amiga, y mi nombre. Lo sé, es mazo de obvia, pero ¿qué más da?. Total, no tengo nada de interés en los archivos.
Entré rápidamente al Tuenti que, por cierto, había cambiado el aspecto de la página de inicio.
-¿¡Otra vez!?-dije, indignada.-¡Esto es un asco! ¡El Tuenti es un asco! ¡Mi vida es un asco! ¡Los chi...!-entró mi hermano precipitadamente en la habitación.
-¿¡Dejas de hablar sola de una puñetera vez!? ¡Estás loca, tía!
-Vete a la mierda, Jorge.-le dije.-Mi habitación, mis normas.
-Verdaderamente estás jamada.
Se dio la vuelta, dando un portazo. Me encogí de hombros. Para entonces, el Tuenti estaba cargado ya. Cinco comentarios nuevos, trece peticiones de amistad, dos eventos, veinticinco etiquetas, y un mensaje privado. "¡Dios!".
Comencé por los comentarios. Todos eran de las niñas: (Ana Meléndez)¿Te vienes al cine mañana? Te quierooo ; (Claudia Senra)¿Os lo pasasteis bien sin mi, asquerosilla? ; (Ana Mirella)Tia, ¡tengo tu gloss!Te lo doy mañana; (Catalina Revira)Creo que hoy por la tarde voy a tu casa, ¿hablamos después?; (Elena Treixeda) Car, ¿agotada?. Después te llamo ¿va?.
"Que simpáticas son". Sonreí.
Fui a ver las peticiones. Todas ellas eran de los chicos de la fiesta. Me ponían en plan "carita feliz" o "holaa y carita feliz". Pero hubo una, la de Iván, que me sorprendió. "Car, ¿que te paso ayer? Te vi correr y se me rompió el corazón". Me quedé boquiabierta. ¿No me habría visto con Jaime?
Las fotos eran fantásticas: salíamos en todas de cine, menos la pobre Elena, que en una salía bizca, y con la boca abierta.
Fui a ver el mensaje privado. Era de Paula.
"Hola, Cacas. Veo que te lo estás pasando muy mal sin mí. ¡Qué mala amiga! :( jajaja, pero bueno, yo aquí me lo estoy pasando GENIAL ( ¬¬). Vuelve pronto a visitarme. Te quiero".
Le iba a contestar enseguida, cuando vi que recibía un privado de alguien desconocido.
Me quedé sin aliento.

Capítulo 26: Hipócrita

"-¿Sabes? Siempre me has gustado-dijo Gonzalo, mirándome.-Solo que pensaba que no te interesaría.
Le miré pensando que había oído mal.
-Es cierto, me gustas. Eres divertida, simpática, audaz, valiente, y la más guapa del mundo. Te quiero para mí, Carmen-me dijo, mientras me cogía la cara y me obligaba a mirarle. Bajé los ojos. Estaba demasiado nerviosa como para quedarme prendida de aquella mirada azul. Noté que hacía una ligera presión en mi cuello.
-Mírame, por favor...-rogó, con una voz extraña. Le miré, y vi que de repente era a Jaime a quien miraba. Me quedé tremendamente asustada.
-Dime que me quieres, por favor...-me pidió, con ojos tiernos. El corazón se me derritió. Pedía a gritos que le abrazara. Era muy mono, pero demasiado sensible. Aparté de nuevo la mirada.
-Oye, bonita, me manchas la cazadora. Deja de babear, y ven aquí.-oí que me ordenaba otra voz. Era Damon.-¿No vienes a besarme? Tienes ganas, admítelo...
Me dieron ganas de pegarle una bofetada, y a la vez una acuiciante necesidad de abrazarle. Los dos sentimientos antagónicos se turnaban en un círculo vivioso: atracción, repulsión, atracción, repulsión.
De repente los tenía a los tres rodeándome.
-Tienes que decidirte, Carmen.-dijo Gonzalo.
-Ven, Carmen. Te necesito para vivir.-pidió Jaime.
-Tía, no tengo todo el día. Escoge de una vez al que quieres.-ordenó Damon, con esa voz tan sexy.
Me sentí mareada. Los tres comenzaron a murmurar:
-Venga...No lo puedes retrasar más. Escoge...
-No puedo...¡No puedo! ¡No puedo! ¡No puedo! ¡No puedo! ¡No puedo!..."

-¡NO PUEDO! JAGONDA... ¡NO PUEDO!-grité. Esto provovó que las chicas se asustaran.
-¡Car! ¿Estás bien? Solo ha sido un sueño. Todo va bien.-me tranquilizó Ana.
-¿Qué hora es?-pregunté, confusa.
-Las diez y media. Un poco temprano, pero en fin.-protestó Marta.
Suspiré. Me di cuenta de que estaba empapada en sudor.
-Estoy bien.-respondí, tras unos segundos de respiración entrecortada.
-¿Qué has soñado, cielo?-me preguntó Elena.
Decidí que mentir era la mejor solución.
-Nada, creo que he cenado mucho.
Se rieron.
-¡Para el chillido que pegaste, probablemente te cenaste toda la comida de la fiesta!-bromeó Patri. Decidí seguirles la broma y dejar que el tema se fuese alejando.
Fuimos a desayunar unas deliciosas tortitas que preparó Cata emocionada, y entre risas y manchas de masa se nos pasó el tiempo volando.
Nos vestimos y el tío Luis nos vino a recoger hacia las doce.
Mientras volvíamos, Cata me preguntó:
-Soñabas con Gonzalo y Damon, ¿verdad?-adivinó. Me puse colorada.
-¿Cómo lo has adivinado?-pregunté, en voz baja.
-Cuando te despertaste, gritaste algo asi como "Ja-Gon-Da". Gon-zalo, y Da-mon. Pero, ¿Ja...?
Me puse mazo nerviosa.
-No lo sé, la verdad. Ni siquiera me acuerdo de lo que soñé.-mentí. Me puse colorada.-De veras.
Sonrió. "Se ha dado cuenta".
-No me extraña, ¡tienes unos sueños más raros que la permanente de Mara Siempoi!-nos reímos.-Sabes que me puedes contar lo que sea, ¿verdad?
Asentí.
-Eres mi prima, te contaría todo-contesté. Me sentí fatal.
Me dio la mano, y me la apretó cariñosamente.
-Lo sé-se limitó a responder ella.
Mientras decía esto ya habíamos llegado a mi casa. Me bajé del coche y agité la mano hacia él hasta que se habían alejado.
Me apresuré en llegar al portal rápidamente. Estaba Julián, el portero, barriendo la entrada y silbando.
-¡Buenos días, bonita! ¿De fiesta?-me saludó alegremente.
-Exacto, Julián. Qué avispado es-respondí, riendo.
Se carcajeó.
-Ay, niña, yo también fui joven..Hace mucho, mucho tiempo lo fui...Qué tiempos aquellos...
Le dejé solo con sus pensamientos mientras pulsaba el botón del cuarto en el ascensor. Me miré al espejo, observando mis ojeras, las cuales demostraban la nochecita que había pasado. "Ser adolescente es duro" pensé con amargura. Mientras lo hacía, se abrieron las puertas del ascensor. Salí y llamé a la puerta. La abrió Jorge.
-Joder, Carmen, ¡qué desconsiderada! Mira que llamar a estas horas...-comentó mi hermano, quejándose.
-Ya era hora de que te levantaras. Es la una menos cuarto. ¿Y mamá?
-Se fue al Corte Inglés a hacer la compra. Pero me dijo que te dijese que le ordenaras tu habitación.
-Vaaaaaale. Ya voy.-suspiré.-Pero después voy a estar en el portátil. Si me necesitas estaré en mi cuarto.
-Te echaré de menos.-respondió, burlón. Le ignoré y entré en mi cuarto.

Capítulo 25: Dudas existenciales

La noche se me hizo eterna. No podía parar de pensar. Maldito Damon. Jaime era especial, divertido...¿Gonzalo qué era?. Tenía la mente echa un lío. ¿Cómo se puede estar con tres tíos en la cabeza en una sola noche, o para ser más exacta, en dos horas? Era estadísticamente imposible. Claro que la imposibilidad a mí me va mucho.
Después de la fiesta ayudamos las cinco (Patri, Ana, Elena, Cata y yo, porque Claudia se tuvo que ir antes), a ayudar a Marta a tirar todas las botellas y bandejas de papel en los contenedores de enfrente de su casa. No miré a Cata en toda la noche. Sabía que estaba celosa, lo tenía claro. El caso es, ¿por qué?. Ella siempre ha sido la guapa, la perfecta, la atlética, la alocada, el centro de atención de los chicos y la envidia de las chica. En las reuniones familiares era ella la que recibía los halagos por sus actuaciones de piano. Yo siempre me había mantenido en un segundo plano. ¿De qué tenía envidia?. Aunque podía ser por Damon (que es lo más seguro) aquella envidia amarga parecía venir de antes. ¡Era ella la que se llevaba el triunfo siempre!
Hablamos sin parar durante la noche, entre bolsas de palomitas y lacas de uñas. No les conté lo de Jaime, para no echar más leña al fuego. Cata ya me "odiaba" lo bastante. Espero que mañana se le pase.
Me preguntaron por Damon, por supuesto. Cata se había ocupado de que nadie se quedara sin enterarse.
-¿Cómo te fue con el pivón?-me preguntó Elena.-¡Qué envidia!
-No fue para tanto-contesté, quitándole importancia al asunto. Todas se rieron de mi ocurrencia.
-¡No fue nada, dice la gallega!-dijo Patri, levantando una ceja.-Quién me diera besar esos labios, abrazarme entre sus músculos, acariciar su suave pelo...-iba a seguir desvariando cuando Ana le tiró un almohadón.
-¿Besa bien?
-¿Cómo huele?
-¿Tiene el pelo tan suave como se dice?
Mientras las chicas me hacían estas preguntas, me hice un poco la aloca. Empezaron a hablar entre ellas. Cata se me acercó y susurró:
-No les he contado que te engañó. Dame las gracias por lo menos.
-¿Gracias?-contesté por lo bajini, sin comprender.-Pero ¿qué importaría?-me miró con incredulidad.
-Es mejor que no lo sepan, por tu popularidad. Te hundirían-me miró con compasión-Yo sé de este mundo mucho más que tu, Car. Sé como es de cruel. Hazme caso y todo te irá de perlas.
Me volvieron a preguntar, y les contesté. Intenté olvidar aquella conversación, pero la tengo a fuego en la mente. Hablamos de todo, y a las seis o así nos dormimos. Yo más bien, me quedé mirando al techo. "¿Me fastidiarían la vida? Son mis amigas...¿no?" Me quedé alucinando con lo que me dijo Cata. "¿Y si me miente? No sería raro." Por otra parte, ¿para qué? Estaba echa un lío. Tres chicos, cada uno totalmente distintoo de los otros. Jaime: dulce, comprensivo, divertido. Mi "príncipe de brillante armadura". Mágico. Sonreí. ¿De dónde habrá sacado la flor...?
Gonzalo: simpático, amable, encantador. Gallego. Tan mono...
Damon: un auténtico capullo. Engreído, egocéntrico, repelente. Pero su beso fue demasiado para mi cuerpo. Me hizo sentir...
Ahogué un suspiro de desesperación. "Jaime, Gonzalo, Damon. ¿Por qué no os vais a la porra? Dejadme vivir en paz."

16 jun. 2010

Capítulo 24: Apoyo moral

Miré con desconfianza al chico que tenía delante. Pelo oscuro, piel bronceada, ojos verdes jade. Alto, atlético, y me miraba fijamente.
-¿Qué te hace pensar que necesito un Kleenex?-pregunté, medio pensando en voz alta. Me miró con curiosidad, con un brillo en la mirada.
-Veamos: estás aquí sola, sucia y ojerosa, con los ojos hinchados, un vestido desperdiciado y el rímel corrido. Además tienes una cara de tristreza impresionante. ¿qué te hace pensar que no necesitas un Kleenex?-me imitó. Me reí sin ganas (nunca lo reconoceré, pero me hizo mucha gracia). Le miré inquisitivamente.
-Eso lo puedo entender, pero ¿qué haces aquí fuera en vez de disfrutar de la fiesta?
-También es fácil, por compasión. Te vi aquí sola, llorosa, y decidí venir a salvarte.
Ignoré la última parte. ¿¡Compasión!? Le miré con incredulidad.
-¿¡Compasión!? Pues para eso no estés conmigo, que tengo mejores cosas que hablar con un borde como tú-respondí dolida. Me iba a marchar, pero se me puso delante. Suspiré con impaciencia.
-Si no te importa, me quiero marchar de aquí. Gracias, ha sido un placer conocerte-comenté destilando ironía. Me miró seriamente. Me cogió la cara y me obligó a que le mirara.
-¿No atendiste a la última parte, querida? He venido a salvarte, ¡soy tu caballero de la brillante armadura!-hizo un gesto dramático, tan gracioso que me tuve que morder la lengua para no reírme. Quería ser dura con él.
-Tú tampoco a la mía, ¿no, "querido"?. Ha-sido-un-placer-conocerte. Se suele decir cuando en realidad ha sido un completo aburrimiento. Así que, HA SIDO UN PLACER CONOCERTE. Ciao.
De repente, cuando me estaba dando la vuelta, me cogió del brazo y me atrajo hacia él. Me quedé sin palabras.
-Lo mismo digo-me susurró. Acercó la mano a mi oreja y sacó (no sé de donde) un hibisco rojo precioso, el más bonito que haya visto jamás. Me lo dió, sonrió y dijo:
-Para que no se te empañe la cara de tristeza- mientras lo decía, se giró y se dirigió a la puerta. Estaba abrumada. Me acordé de que no sabía su nombre
-¡EH! ¿Cómo te llamas?
Soltó una carcajada y gritó:
-¡Jaime! ¿Tú?
-¡Carmen!-grité, riendo. Él me coreó.
-¡Ya nos veremos, Carmen!
"Ya nos veremos" pensé con dulzura mientras olía el hermoso hibisco. "Eso espero, Jaime. Eso espero".

Capítulo 23: Revelaciones

Llegué hasta una habitación enorme, llena de abrigos y bolsos (deduje que era el vestidor). Allí estaba Cata, temblando, de espaldas a la puerta.
-Cata, ¿a qué ha venido eso?-le pregunté. Me miró y vi que tenía rímel corrido, y la mandíbula en tensión.
Se dio la vuelta rápidamente y me dijo:
-No era bsussjsblos-murmuró. Lo último no lo entendí. La miré extrañada.
-¿Qué? Tía, habla más alto, que no...
-¡NO ERA GONZALO! -me gritó. Me quedé de piedra, mientras ella se puso morada después de gritar.
-¿Cómo...qué?-pregunté, confusa.-¿Qué quieres decir?
-Dios Carmencita, ¿eres idiota?-me preguntó, y su voz destilaba irritación.-El tío con el que has estado NO ERA GONZALO.
Me quedé con la boca abierta.
-¿Como coño no va a ser Gonzalo? ¡LE ACABO DE BESAR, ERA ÉL!
-Lo siento, Car. No es Gonzalo. Es su hermano, Damon. Como son iguales, cuesta distinguirlos, pero estoy segura de que era Damon.-la odié. ¡Venga ya! Eso no se lo creía nadie. Parecía el mítico guión de telenovela argentina que ponían en Antena punto Nova.
-Ya, fijo. Lo que estás es celosa, porque estás enamorada de Gonzalo.-se quedó blanca, y comenzó a temblar. "Ahí la he jodido" pensé con siniestro placer.-¿Crees que no se te notó? ¡Solo te faltó tirarte encima de él en el club, por favor! Tía, no te tenía por tan celosa.
Me miró con pena.
-Lo siento, Car, pero es cierto. No-es-Gonzalo. Es su hermano. Te ha engañado. Te estoy diciendo la verdad. A ver, ¿por qué demonios te iba a engañar? Por mucho que me doliese, eres mi prima. ¡Tu felicidad por delante! No lo jodería todo por un chico. Y si fuese mentira lo que estoy diciendo, que no lo es...,-remarcó.- Te acabarías enterando, y se descubriría mi mentira. Créeme, por favor. Te ha engañado. Era Damon.
Se me paró el corazón. Los ojos se me inundaron de lágrimas.
-Pues dile que es un hijo de perra-murmuré, y me fui corriendo. Cata me miró horrorizada por lo dura que había sido.
-¡Car! Ven, lo siento.
La ignoré, y corrí, corrí, corrí hasta desfallecer. Me rompí un tacón, y me caí en medio del pasillo. Un grupo de chicos se me quedaron mirando, pero les ignoré. Me fui a esconder al rincón más apartado de la finca, pensando en el ridículo que acababa de hacer. ¡Joder, será hijo de perra! Damon, ese maldito chico que me ha humillado, que me hizo sentir viva...Todo se desmoronó en cinco minutos. Solo tenía ganas de llorar.
Me senté en un banco de piedra, al lado de la pared. Enfrente había una fuente, y me lavé en ella la cara y las piernas. Me volví a sentar, desconsolada. Oía desde allí "Poker Face", y a gente reír, pasárselo bien."Odio a Damon. Es mentiroso, descarado, insolente atrapachicas, ¡gilipollas! Pero besa tan bien, me hizo creer en que me quería...". Sollozé. "La vida es una mierda".
De repente vi unos ojos verdes enfrente de los míos. Unos ojos compasivos, y una mano amable que me ofrecía un paquete de Kleenex.

11 jun. 2010

Capítulo 22: Quiero

Me tapé la cara inmediatamente. No quería que me viese llorar.
-¿Q-qué haces aquí?-pregunté, con voz temblorosa. "Mierda".
-Lo mismo que tú-contestó, calmado.-Estoy en una fiesta, harto de que atosigue la gente. Vine al jardín a acordarme de la gente que no está hoy conmigo. ¿No es lo que estás haciendo tú?
Me quedé helada. ¿Cómo demonios lo sabía...?
-Pero en fin. No me esperaba verte aquí...-me dijo, mirándome. Me sonrojé. Era él, estaba a mi lado, al fin. Todas mis ansias por verlo se convirtieron en ansias de que me besara. Era tan perfecto...Llevaba una camisa azul, unos pantalones beige (le quedaban perfectos, como todo en él), y unos bonitos mocasines marrones. Sus ojos zafiro estaban fijos en los míos. Desvié la mirada nerviosa.
-Ni yo a ti, ha sido una sorpresa-intenté ocultar mi nerviosismo y mi mentira sonriendo pícaramente, algo impropio de mi personalidad.-¿De qué conoces a Marta?
-Es amiga mía desde hace un tiempo-dijo distraídamente, mirando mis labios. Sentí que el corazón me estallaba.-¿Y tú?
-Viene conmigo al colegio-dije, con voz temblorosa. "Mierda. Mierda, mierda, mierda. Soy absolutamente predecible."
Me cogió un mechón de pelo y comenzó a jugar con él. Le miré a los ojos.
-¿Qué haces?-pregunté, entre susurros. Se rió entre dientes.
-Decirte sin palabras que quiero besarte.-me dijo, sonriendo. Me quedé de piedra. ¿Acababa de decir lo que creía que acababa de decir?
Se fue acercando poco a poco a mí, hasta que nuestras labios quedaron a pocos milímetros. "Esto no es posible...Es mentira. Me he desmayado, esto es un sueño. No, no es posible. ¡Dios, está tan cerca! Madre mía, ¿me va a...?"
-Yo también quiero besarte-susurré. No es posible que yo haya dicho eso.
-Perfecto.-dijo, con una sonrisa.-Así no tengo que robártelo.
Me cogió la cara, y la acercó bruscamente a sus labios. Ahogué un grito. En lo primero en lo que me fijé fue en su olor. Olía a menta. Era...no puedo explicarlo. Besaba genial. Pero había una especie de emoción fuerte entre aquellos besos. Un odio, una rabia, que me hacía temblar. Pero a la vez era un pobre niño asustado, con miedo a que le dejara solo. Pero ésto último creo que me lo imaginé, porque no le pegaba para nada. Cada vez nos íbamos acercando más. Le acaricié su sedoso pelo rubio, y él me cogió por la nuca. Fue increíble. Notaba que algunos grupos de chicas nos miraban con envidia, pero me dio igual. Yo estaba en el séptimo cielo, o en el octavo, si cabe. Sus labios eran suaves, y acariciaban los míos con furia. Era tan perfecto, tan...No hay palabras para describirlo. Era...Dios, parece que no tengo vocabulario, pero tendríais que haber estado allí.
Como era de esperar, el beso terminó. Me acurruqué en sus brazos, temblando. Aquel fue el mejor día de mi vida. Perfecto. Insuperable.
Permanecimos como diez minutos abrazados, y él se levantó. Mis brazos le buscaron, pero se tenía que ir. Sonrió.
-Cuando se lo cuente a mi hermanito...-rió con placer, en voz baja. No comprendí el significado de sus palabras. De repente, me miró con dulzura.-Déjame tu móvil, princesa-susurró. Se lo dí y me escribió su móvil. Le puso el nombre y todo. Me lo devolvió a los dos minutos.-Te he guardado mi número, y el otro móvil. Si no cojo, llámame al segundo. ¿Me das el tuyo, cielo?
Se lo escribí en su móvil. Se lo devolví, y me sonrió. Se acercó a mi oreja y me susurró:
-Volveré. Pase lo que pase, no olvides lo que has sentido esta noche.-tras decir estas misteriosas palabras, se dio la vuelta y se marchó. Me quedé sola en el jardín. Corrí a contárselo a Cata.
-¡¡Cata!! ¿¡A que no sabes con quién he estado!?
Me miró con rabia.
-¿Lo sabes tú?-me dijo, mientras se marchaba, sacudiendo la cabeza. Me volví hacia la puerta. ¿Qué había querido decir? ¿Estaba celosa?. Me dirigí hacia donde se había marchado y la seguí.

Capítulo 21: Cuenta atrás

Entramos en la casa de Marta, y nos guió hasta la cocina. La enorme encimera estaba llena de platos de jamón serrano, botellas de Champagne bueno y cacahuetes de bote. Era una mezcla algo extraña, y me quedé mirando a los cacahuetes extrañada. ¿Qué pintan cacahuetes aquí, entre jamón serrano y foie? "Son gente rara", pensé. "A pesar de ser muy "cool", les encantan los cacahuetes como a la gente normal". Me sentí intimidada al pensar en la gente que iba a estar allí. ¿Qué demonios voy a hacer, cómo me voy a comportar...? Y lo más importante, ¿qué sucederá cuando vea a Gonzalo? ¿Sonreiré, me desmayaré, gritaré, me iré a esconderme en el baño...? Estoy paranoica.
Marta ya estaba totalmente recuperada, feliz y emocionada. Le ayudamos a colocar todo en el salón. Aun así no había mucho que hacer. La entrada estaba maravillosa. Unas escaleras de mármol preciosas estaban al fondo. La estancia estaba iluminada con bolas de luz en las escaleras y en el suelo. Había cuencos con bombones por doquier. El salón, igual de increíble. El suelo estaba recubierto por una gran alfombra, y confeti tirado por las mesas, los sofás y el suelo. Había copas heladas en una mesa auxiliar al fondo de la estancia. Desde el sofá se veía al frente una gran puerta corredera de cristal, que daba a la terraza y a la piscina, y ésta tenía también las mismas bolas de luz que estaban en el recibidor, iluminando el inmenso jardín. Era impresionante. Recordé lo que era una fiesta en mi antiguo hogar: poca gente, en un garaje con patatas fritas y pizza a domicilio. Si vieran esto me encasillarían de pija. Tal vez tengan razón. O quizás solo sean celos. Realmente me daba igual. Ésta era la vida que quería.
Poco a poco, cuando acabamos de organizarlo todo y dar los últimos retoques empezó a llegar la gente. Llegaron primero, como habíamos acordado, las de siempre. Estaban todas increíbles; Claudia llevaba un vestido verde precioso, que resaltaba sus ojazos, y unos botines de cordones de cuero; Elena llevaba un vestido beige muy corto con zapatos grises; Ana con una falda alta de flores y una básica, y sandalias planas; y Patri iba con un pantalón bombacho de rayas, muy indie, una camiseta con mensaje en letras negras, y bailarinas. Parece que no, pero iba genial. Su mezcla alocada de estilos hacía que la gente se girara a su paso, pensando "¡qué estilazo!". Hacía mezclas inesperadas, extrañas y diferentes, pero que quedaban increíblemente bien. Aunque, bien pensado, a alguien que no fuera ella le quedarían fatal.
Empezó a llegar la gente cuando llevábamos diez minutos todas juntas, y Marta cogió su iPod, lo enchufó a la base, y lo puso en modo aleatorio a todo volumen. "Disturbia", de Rihanna. Me sonrió encantada.
-¡Ahora sí que empieza la fiesta!-gritó, encantada. Los invitados la corearon con gritos y aplausos.
La fiesta comenzó genial, todo el mundo bailaba al ritmo de la música, o más bien se balanceaban al ritmo de la música. Quien no estaba bailando estaba en un rincón cotilleando en un grupillo.
Cata me presentó a muchísima gente, a algunas ya las conocía del colegio, pero había chicos y chicas de Los Sauces, el Británico, el Alemán y, por supuesto, los guapísimos del Retamar. Me presentó a todos los buenorros de la fiesta, y bailé con todo el mundo. Estaba eufórica, nunca me había sentido así. Bailaba como una loca y los chicos me hicieron un corro conmigo en el medio. Iván, uno de los más guapos, entró en el círculo y nos pusimos a bailar. Me lo pasé tan bien que ni me acordé de Gonzalo. Nos hicimos miles de fotos, y me encantó que todo el mundo me acogiera con tanta normalidad. Era como si hubiera vivido allí desde siempre. Todo el mundo me hacía preguntas; era el centro de atención de la fiesta, después de Marta, claro. Respondí a todas las preguntas entre risas y anécdotas divertidas de allí.
En un momento en el que me conseguí deshacer de la gente que me atosigaba (acaba cansando un poco), salí al jardín. Me senté en uno de los sofás del jardín. Había varias parejas acarameladas, pero no me importaba. "Me lo estoy pasando de miedo. Cuando se lo cuente a Paula, se va a morir de la envidia".
Cogí mi móvil, y le mandé un mensaje. "stoy en la fiesta + increíble del mundo. tíos buenos, chicas súpr simpáticas, y yo soy el centro d atención. 1000 fotos. Se morirán d envidia cuando las vean! xd aunq t echo d menos...mañana t cuento. xoxo: C.".
Suspiré. Habría sido ocho mil veces mejor si ella estuviese a mi lado. Me sentí algo sola, recordando los momentos juntas. Se me lleneron los ojos de lágrimas. "No es lo mismo sin ella..."
Ahogué un grito cuando noté que había alguien detrás de mí, observándome. Era un muchacho rubio, con los ojos azules preciosos. Me quedé sin aliento, el corazón se me detuvo.
-Gonzalo...-susurré.

10 jun. 2010

Capítulo 20: Agazapado

Me quedé helada. No oía nada, tan sólo los latidos acelerados de mi corazón. Marta en el suelo, sólo eso era lo que podía ver. Estaba anonadada.
Cata se puso a gritar, pero yo no la oía. Me sentía como si todo ésto lo estuviese viendo desde la butaca de un cine. Una película horrenda y macabra. Solamente era consciente del escalofrío que recorrió mi espalda. "Aquí hay algo...extraño. Algo que no es normal. Algo irreal, imposible y absolutamente mortal".
De repente noté u golpe en el brazo. Me giré sobresaltada.
-¡Joder, Carmen! Marta está en el suelo, ¿y te quedas ahí parada? ¡¡VAMOS!!- me gritó, con los ojos llenos de lágrimas. Volví a la realidad. Ahogué un grito al ver de nuevo a nuestra amiga tirada en el suelo.
-¡Venga!- me repitió Cata, mientras corría hacia la chica. Yo la seguí. Me acerqué a ella. Estaba aparentemente tranquila, a pesar de estar muy pálida. Por supuesto, pálida para su tono de piel natural. Respiraba con dificultad y me pareció que se daba cuenta de que estábamos allí. Le di la mano, nerviosa.
-Marta, ¡Marta! Tía, ¡RESPONDE!-grité, nerviosa. Me apretó ligeramente la mano. Miré a mi prima con ojos llorosos.
-¡Llama a la ambulancia! Tenemos que hacerlo antes de...
De repente abrió los ojos poco a poco y me susurró:
-A-zú-car...-dijo, con un hilo de voz. Miré a mi prima desconcertada.
-¿¡Qué quiere decir!? ¡Cata, di!.-me miró nerviosamente.
-Tiene hipoglucemia.-dijo solamente. Se quedó callada unos segundos, hasta que grité:
-¿¡Qué quieres decir!? Joé, ¡no tenemos mucho tiempo!
-¡Vale, vale! Perdona- la sobresalté. Contestó rápidamente.- Tiene una deficiencia de glucosa en sangre, y a veces le dan bajadas de azúcar. Con algo azucarado bastará. ¿Tienes alguna chocolatina o algo así?
-Espera, creo que tengo algo.-rebusqué en mi cartera de mano y encontré una Pikota, de esas que están tan ricas. Estaba recubierta de azúcar.-Tengo esto.
-¡¡Dáselo!!-me gritó. Se lo metí en la boca, y comenzó a masticarlo lentamente, como si se tratase de un manjar. Después de habérselo tomado cerró unos minutos los ojos. Se me hicieron los más largos de mi vida. No paraba de dar pataditas a una piedra que había por allí cerca, de lo inquieta que estaba.
Cuando estaba tan nerviosa que casi lanzo la piedra contra un árbol, suspiró. La miramos, preocupadas. Había abierto los ojos, y parecía que tenía mejor color. Sonrió, para nuestra sorpresa.
-Ya estoy bien.-dijo, mientras nos acercaba las manos para que la ayudásemos a levantarse. Las piernas le temblaron ligeramente, pero se notaba que estaba mejor.
-¿Ya está?-pregunté, sorprendida.-¿Así de fácil?
Ella me sonrió con ternura.
-Sí, solo necesitaba azúcar. Me dan bajones sin importancia de vez en cuando. No tenía la insulina cerca y...-hizo un signo de aburrimiento.-Bueno, qué, ¿nos vamos adentro?-preguntó mientras se acercaba a la casa. Miré a Cata alucinando.
-Madre mía, qué susto tía. Gracias, Carmen, sin ti a saber lo que habría pasado.-me dijo, mientras me daba un abrazo temblando. Yo también estaba asustada, así que respondí de buena gana su abrazo.
Nos dirigimos a la casa de Marta de la mano. Cuando ella ya estaba entrando, yo le solté. Seguía con esa manía persecutoria tan ridícula. Me reí de mi misma. ¡Allí no había nadie! Entré en la casa riéndome, sin percatarme de que unos ojos grises brillaron en la oscuridad.

7 jun. 2010

Capítulo 19: Preparativos

Llegamos a casa a eso de las nueve. Para ser sincera no sé exactamente a la hora a la que llegamos. Soy de esas que miran la hora en el móvil, lo guardan y no saben la hora que es. Eso es indicio de pérdida de memoria a corto plazo, como tenía ese pez tan simpático de Buscando a Nemo. ¿Cómo demonios se llamaba...? Dios, ya desvarío. En definitiva, no suelo mirar la hora. Me gusta ser más...no sé, espíritu libre. ¿Es o no es un rollo tenerlo todo planeado, llegar puntual a todos los planes, nunca tener una mísera sorpresa?. A mí me gusta darlas. Quizás sea por eso que siempre llegue tarde a donde quiera que vaya.
Al entrar a mi casa mi madre salió con el bonito delantal de Harrods puesto, aquel que compramos en Octubre, cuando nos fuimos de compras a Londres un fin de semana. Fui la envidia de mis amigas, y de mis "supuestas amigas".
-Niñas, os teneis que arreglar rapidito. Que tu padre y yo tenemos una cena hoy, y la gente empieza a llegar a las diez y media.
Nos miramos aterrorizadas.
-¿Y cuánto tiempo nos deja eso?
-Pues...-hizo cálculos mentales.-Cuarenta y cinco minutos. Pero la bolsa con las cosas para quedarte en casa de Marta te la he preparado. Y tú, Cata, ya la tienes en su casa. Os dará tiempo de sobra.
-¡Estamos de broma!-protestamos ambas a la vez. Mi madre hizo un gesto con la mano.
-¡Menos protestar y más arreglarse!
Fuimos prácticamente corriendo hacia mi habitación. Cogí el neceser con las pinturas mientras que Cata ponía la música en la base del iPhone. Rehab, versión de Glee. Ideal para meternos caña.
Cata me maquilló primero, ya que yo era la que más me costaba maquillar al prójimo. Lo hacía genial, y me confesó que le habían enseñado en el puesto de MAC en El Corte Inglés.
-Hacen maravillas en cinco minutos. Además, enseñan mazo de bien.-nos reímos.
Me puso una sombra clara como base, color dorado para el párpado, raya marrón, colorete color coral y el pintalabios nuevo Rouge Coco que se había agenciado. Quedé estupenda, sin mucha carga en el resto de la cara para que se vieran bien mis ojos azules. Era lo mejor de mí, lo quería lucir muy mucho.
Cata iba con pote (es morenita, y se lo puede permitir), con raya azul claro, labios rosas y un toque de colorete. La verdad es que íbamos muy bien, y no parecíamos unas guarronas. Elegantes, discretas y muy monas.
Después procedimos a vestirnos. El traje, para mi desgracia, tenía un agujero. Aun encima era en el escote, en la zona del pecho. Vamos, que no podía llevar eso. Me puse histérica. Mi prima me tranquilizó, y me dio un conjunto de repuesto ideal: un jersey gris con hombreras de lentejuelas plateadas cortito, unas medias negras y unos peep toe negros de ante. Cata iba con una falda verde militar de Stradivarius, unas cuñas marrones, una camiseta color tierra y múltiples brazaletes dorados en los brazos.
Me planché el pelo, dejando las puntas algo abiertas hacia arriba, mi peinado predilecto. Ella se hizo un recogido casual-chic con muchas pinzas y dejando mechones ultra lisos sin coger.
A las diez menos veinte ya estábamos listas para salir, y mi padre nos llevó hasta la casa de Marta. Esperamos impacientes mientras ponía la canción de Jason Derulo en mi iPhone.
-Whacha saaaay...-canturreamos a la vez. Nos reímos de lo gracioso de la situación.
Al llegar entramos al jardín y nos quedamos de piedra.
Marta estaba guapísima, con un vestido azul verdoso, medias de rejilla y una blazer negra, y unos Jimmy Choo a rayas blancas y negras. Iba muy poco maquillada, tan sólo con raya negra, colorete y gloss.
Estaba espectacular, quitando el hecho de que estaba tumbada en el suelo, muy pálida, e inconsciente.