19 dic. 2010

Capítulo 38: Más allá de lo que ves

Furiosa, fui al baño dando pataletas. "Menuda hipócrita. Se lía con el chico por el que estaba loca, y ahora que él pasa como de la mierda de ella pretende que YO la ayude. ¡Menuda cara! Que se fastidie, que se esfuerce por llamar y por que la perdone. Yo no pienso dar el primer paso..."
-Cariño, ¿estás bien? -me preguntó mi abuela, extrañada.- Llevas una cara de mala uva...
Suspiré.
-Nada, abuela, es que la gente es muy pesada...
Me dio un beso en la cabeza.
-Anda, tranquila, que sabes que tú le das mil vueltas a cualquiera de tus amigas, cariño. Vete a la ducha, ahora que no hay nadie.
-Vale. Gracias, abuela. -no le hice ni caso, y proseguí mi retahíla de insultos hacia mi "amiga". Cerré la puerta con pestillo, y me quité la ropa. Encendí la radio, Los 40 Principales, y abrí el grifo. El agua comenzó a hacer un ruido tremendo al chocar con fuerza contra el plato de la ducha, por lo que le subí el volumen a mi Tivoli. Me metí con calma en la ducha, y suspiré al notar el agua cálida contra mis hombros, empapándome el pelo y rodeándome de vaho y calor. Adoraba mis momentos de duchas interminables, en las que pensaba todo lo que me había pasado, me daba tiempo para aclarar mis ideas y tranquilizar mis ánimos. Que era, precisamente, lo que más falta me hacía en ese momento.
-Want you to make me feel like I’m the only girl in the world... -canturreé fuera de tono. Esa era otra de las ventajas de la ducha, el sonido estridente del chorro de agua al caer amortiguaba la voz y así podías chillar todo lo que quisieras, no podrían reírse de mis gallos, ya que apenas me oía a mí misma. La canción me hizo acordarme de Jaime, de todos y cada uno de los momentos que pasamos la noche anterior. No recordaba algunos, por ejemplo no recordaba exactamente lo que le había dicho en el portal, pero sí recordé que casi me había echado a llorar. Mis copas de vodka lima estaban demasiado cargadas.
Me enjaboné el pelo con calma, disfrutando del olor de la papaya de mi champú hidratante. "No lo entiendo. ¿Qué le he hecho a ese chico para tenerlo para mí? Es sorprendente. Increíblemente guapo...", se me escapó una sonrisa. "Tan mono...".
De repente me acordé de Gonzalo. No comprendía sus palabras de anoche. Tampoco comprendía que Damon apuntase su número poniendo "Damon 2". Tampoco entendía que Damon le hubiese salvado del retrasado que le había rodeado en aquella esquina. Ni siquiera comprendía el por qué de su ayuda, no tenía motivos, ni ganas, ni era algo que soliese hacer. Me extrañaba mucho que lo hiciera por mí. "¿Por qué?", pensé con el pelo enjabonado. "¿Qué le había motivado a ayudarme? ¿Qué podría sacar a cambio? Porque dudo que lo hubiera hecho gratis...".
De repente, quién sabe si fue la ley de Murphy o lo que fuese, me entró en el ojo champú. "Mierda, lo que me faltaba, colega. Dios...", gemí.
-¡Pica!
Mantuve el ojo cerrado, mientras con el otro buscaba algo de suero. No quedaba. "No me queda otra que aguantar...".
Me aclaré el pelo del champú, me enjaboné rápidamente, me aclaré el cuerpo y cerré el agua. Suspiré de nuevo. Tendría que abrir el ojo para maquillarse, por lo que tendría que hacer un esfurecito. Lo abrí lentamente, despacio, y fui capaz tras unos segundos de vista borrosa de ver que el cuarto de baño estaba lleno de vaho, y que apenas se podía respirar por la boca sin toser. Me acerqué al espejo, y me miré fijamente. Mis ojeras eran notables, mi cara de mal humor también, y tenía el ceño fruncido, ni siquiera me había dado cuenta. Relajé los músculos de la cara, y procedí a secarme el pelo con la toalla. "Quiero ver a Jaime ya de ya. Pero ya.".
Me puse crema, y con la toalla salí del baño rápidamente. Después del calor de la ducha comencé a tiritar del frío.
Entré a mi habitación y cerré la puerta tras de mí. Me puse la ropa interior, y abrí el armario. Gemí de impaciencia. Iba a tardar en escoger la ropa, no había pensado nada.
-Coge algo a boleo, seguro que aciertas. -me dijo mi madre, que había entrado en la habitación. Asentí.
-Vale... -cerré los ojos y cogí algo. Los abrí. Miré a mi madre de mal humor.- No sé para que te hago caso... -dije mientras metía de nuevo mi antiguo neopreno en el armario. Ella rió.
-Pues irías de lo más mona.
-¡Mamá, vete a la porra! -salió de la habitación riéndose a pleno pulmón.
Volví a enfrentarme a mi abarrotado armario. Me decidí por mi camisa a cuadros negra y roja, unos shorts muy cortitos vaqueros, unas medias negras con dibujos de puntos cosidos, mis botines negros de tacón y una cazadora Belstaff. Me asomé a la ventana, y parecía que hacía frío, por lo que cogí también un par de camisetas interiores, y una bufanda enorme de lana negra.
Me vestí lo más rápido que pude, y salí de nuevo hacia el baño para maquillarme. El pelo largo lo tenia aún un poco húmedo, pero no me importó demasiado. Me pinté la raya negra, rímel y polvos de sol. En diez minutos estaba lista. Por desgracia, el resto de mi familia, no. Mis hermanos Jorge y Carlos aún estaban sin vestirse, y mi madre estaba aún en camisón. Por lo que me metí en Tuenti. Tenía como treinta fotos nuevas, y en una de ellas aparecíamos Jaime y yo besándonos. Lo peor era que se nos distinguía perfectamente. No comenté en la foto (la había subido alguien que no conocía, y me había etiquetado Jaime), y había recibido varias peticiones de amistad, entre ellas la chica que había estado llorando en el baño, María Paz. Descubrí que no era ni pelirroja ni con ojos azules: era rubia con los ojos grises. Se había teñido de pelirroja (según los comentarios de su tablón) para la fiesta, por cambiar, y llevaba lentillas azules, pero los tenía grises. Vamos, que era alguien totalmente distinto a quien había visto en el baño. Me empecé a reír. "Hay que ver, piensas que una persona es de una manera, pero luego te das cuenta de que no..."
De repente, mi teléfono sonó a todo volumen. Corrí a cogerlo, y sin mirar pulsé "Responder".
-¿Diga?
-Perdóname algún día...

11 dic. 2010

Capítulo 37:Mañana extraña

Oscuridad nocturna. Un reloj-despertador se ilumina, 5:43 AM. Voces, susurrantes, extrañas.
-¿Qué haces? Vas a despertar a los niños...
-No se despertarán, me encargaré yo mismo de que no hagas mucho ruido...
-¡MMPPHH!
-¡Calla, ya!
Silencio.
Algo metálico cae al suelo.
Sollozos.
-Socorro...

Sentí una mano al lado de mi cara. Di un salto sobresaltada en la cama. Abrí un ojo, para ver quien era. Vi la silueta de mi padre.
-Cariño, ¡arriba! Es domingo, he hecho croissants. -dicho esto, se alejó de mi alrededor.
Me acurruqué aún más en la cama.
-Vale. Guárdame unos para... La merienda.
-Carmen, levántate ya. -dijo, con voz repentinamente autoritaria. Me extrañé, mi padre, el buenazo de mi padre, con voz seria. Debía de estar realmente de mal humor para hablar con ese tono. Comprendí que era mejor levantarme antes de que se enfadara aún más.
-Vaaaale... -dije, resignada. Me incorporé, lo que provocó un mareo repentino y la pérdida del sentido del equilibrio. Miré a mi padre, que estaba apoyado en el marco de la puerta.
-¿Un poco de intimidad, por favor...?
Suspiró.
-Ya me voy, ya. Pero ven a desayunar en seguida. -y se marchó. Emití un ligero quejido, ya que me dolía demasiado debido a la resaca. "No vuelvo a beber tanto ni de coña..." me prometí.
Me levanté, y casi me caigo al suelo. "Mierda". Fui a mi armario despacio, apoyándome en la pared para no caerme. Cogí la bata, me puse las zapatillas y me dirigí a paso de tortuga hacia la cocina. Antes de entrar decidí que era mejor ir primero al baño a despejarme. Al llegar me encontré con Jorge de frente, el cual me miró inquisitivamente.
-Alguien ha bebido más de la cuenta ayer... -canturreó muy bajo. Le miré furiosa.
-Como se te ocurra decirle algo a mamá, le digo lo de Carmen y tú en casa, antes del verano. ¿Te apetece?
Sus ojos brillaron de odio.
-Hablamos el mismo idioma. -masculló. Luego, se acercó a mi oreja y susurró:- Lávate la cara con agua fresca, y bebe algo. Si vas con la cara húmeda se notará menos.
Me sorprendió ese gesto de solidaridad hacia mí. Lo captó al vuelo.
-No lo hago por ti, papá ya está de muy mala hostia hoy.
Le miré afirmativamente.
-Es verdad, tú... ¿Qué le pasará?
-Ni zorra, pero a mamá no le hace ninguna gracia. Están ambos muy raros hoy. Ni de coña me beneficiaría que se cabreasen, les voy a pedir el piso de la Castellana el próximo finde.
-Menudo interesado...
-Efectivamente. Así es como se triunfa en la vida, querida... -se alejó rápidamente.
Me metí en el baño, y en efecto, tenía una cara que daba pena. Me la mojé varias veces, me bebí al menos dos litros de agua, pero mi cara de resaca seguía ahí, martirizándome.
"Ojalá que mamá no se de cuenta...".
Con la respiración contenida, y la cara empapada, entré en la cocina. Mi madre estaba sentada en la mesa, con una taza de café en una mano, y el periódico de ayer delante. A pesar de todo, tenía la mirada distante, como si no estuviera ahí. La observé unos segundos, hasta que se dio cuenta de que existía.
-Oh, buenos días, hija... -dijo, tan solo. Me acerqué a darle un beso, y nada más tocarla, se sobresaltó.
-Dios mío, ¡estás mojada!
Me reí, para ocultar mi nerviosismo.
-Si, es que me acabo de lavar la cara con el jabón, y no me apeteció secarme... -seguía hablando, pero me percaté de que me oía, pero no me escuchaba en absoluto.
-Ah, vale... Muy bien, desayuna, anda. -se levantó despacio, y se marchó. Me quedé sola, y con una cara de desconcierto que no me la quitaba nadie. ¿Qué pasaba hoy? "¡Todo el mundo está raro hoy!".
Me encogí de hombros. "Mamá tendrá las hormona revolucionadas, papá no se ha tomado su café esta mañana, y Jorge... es idiota".
Me preparé el desayuno con calma: mi capuccino de Nespresso, con tostadas de mermelada de fresa. Me lo tomé despacio, saboreando el crujiente pan con la mermelada abundante.
Mi hermano Dani apareció con una sonrisa de allí a Málaga.
-¿Sabes? A mis amigos les pone tu sujetador...
-Vete a la mierda, enano. Me las vas a pagar. -amenacé. Se empezó a reír.
-Veeeenga hermanita, ¿se lo vas a decir a míster rubiales?
Me quedé helada.
-¿Que ladras, tú? No hables si no sabes... -le dije furiosa. Me miró fijamente.
-Las noticias vuelan... El señor ojitos está contigo. Hay fotos en Tuenti de vosotros juntos.
-¿Estás de broma?
-No, hermanita. Eres el tema de conversación de hoy, más incluso que tu sujetador.
"Dios, que vergüenza..." pensé.
-Pues sí, estoy con un chico. ¿Te molesta?
-Para nada, tranquila. -dijo él, riéndose.- Pero sé de alguien a quien no le va a hacer gracia verlo... Y estoy seguro de que ya lo ha visto.
-¿De qué hablas? -pregunté, de mal humor.
-Ya lo verás, aquí el menda se entera de todo... -me levanté a dejar las cosas en el lavavajillas, y le di una colleja.
-¡Ay! -protestó.
-Ajo y agua, enano. -dije, riéndome. Me fui a mi habitación, y encendí el iPhone. Tenía tres mensajes nuevos.
"Jaime del Campo-09:59
Buenos dias, princesa ;)
tengo ganas de verte, enana (:
despues de comer te llamare y quedamos vale? te echo de menos :(
te quiero mucho !"
Sonreí.
"Catita (:-07:21
QUIERO QUE ME EXPLIQUES ESAS FOTOS CON JAIME DEL CAMPO A LA DE YA!
en la comida cariño (;
te amooo(L)"
"Esta Cata, tan cotilla..." pensé. "¿Habrá visto las fotos?"...
"Paula Martinez (en fin, falsa)-10:57
Car, soy yo. q mira q te queria decir q he cortado cn lino, es 1 gilipollas. m llamas cuando leas esto? xfa, lo necesito de veras. tambien queria decirte q lo siento, q fui una imbecil... ya hablamos va? te echo de mens."

La sangre se me heló en las venas. ¡Venía a pedirme perdón cuando lo han dejado! "Que zorra...", pensé furiosa. Tiré el móvil a la cama, me cogí mi radio y me fui furiosa a la ducha.
"Gracias, Paula, me acabas de amargar la mañana"

4 dic. 2010

Capítulo 36: ¡Vaya noche!

(SIENTO NO HABER ESCRITO EN ESTE TIEMPO, ESPERO QUE LA ESPERA HAYA MERECIDO LA PENA, AUNQUE LO DUDO. MUCHÍSIMAS GRACIAS A AQUELLOS QUE ME HABÉIS APOYADO CON VUESTROS COMENTARIOS DEFENDIÉNDOME, CON VUESTROS PRIVADOS, POR VUESTRA ILUSIÓN. GRACIAS, DE VERDAD, ¡SOIS LA RAZÓN POR LA QUE SIGA ESCRIBIENDO! :D)
Al entrar vi casi el doble de ambiente que hacía una media hora. Estaba claro que el alcohol comenzaba a hacer efecto en todos los invitados, ya que había un grupito de chicas subidas en una tarima "bailando" (o más bien dando tumbos). Sonaba In My Head, el remix. Fui como pude hacia la barra, ya que localicé a un grupito de chicas rodeando a alguien, y deduje que era él, teniendo en cuenta la reacción producida en ellas a nuestra llegada.
Y, por supuesto, no me equivocaba.
-Ay, de verdad, ¡últimamente te vemos poquísimo! ¿No fuiste a la fiesta de Wiki?-dijo una, si no recuerdo mal se llamaba Lara.
-Es que he estado aprovechando el tiempo con mi...-cuando me acerqué al corrillo, Jaime sonrió y me cogió por la cintura.- novia, Carmen.
-Hola, chicas. Encantada.-sonreí, amable. Aunque en realidad me moría de ganas de irme de allí, me sentía como un ratón de experimentos, observada con ojos críticos mientras que el grupo pensaba e la forma de boicotear nuestra relación (lo sé, lo vi en sus ojos).- ¿Podemos hablar, Jaime?- le dije con la mirada que nos alejáramos de allí lo más pronto posible. Comprendió al instante.
-¡Vámonos! -las chicas suspiraron entristecidas al darse cuenta de que Jaime estaba pillado. El cincuenta por ciento de ellas me miró con cara de odio. El veinticinco con envidia, y luego tres o cuatro chicas me sonrieron. Las imité, y me alejé del centro de la pista con Jaime muy cerca de mí.
-Me tendría que ir ya, lo siento... -comencé, con pocas ganas. Me cogió de la mano y me sacó de la discoteca.- Son las tres...
Me besó descontroladamente. Me sorprendió su arrebato de amor tan repentino, pero no estropeé el momento. Le seguí el juego. Nuestros labios se compenetraban a la perfección, olían al regusto de sal tras los chupitos de tequila. Me encantaba cada milímetro de su cara, cada parte de su cuerpo: sus ojos verdes, su nariz algo grande, sus orejas pequeñas, su amplia espalda, sus brazos fuertes, su ropa, su pelo, sus manos, sus piernas, él en conjunto me volvía loca. Me sentí algo ebria, había bebido algo más de la cuenta, y mi cabeza me daba vueltas. Él tampoco estaba muy bien, aunque jamás borracho. Pero estaba lo suficientemente contento como para besarme de ese modo abrasador en medio de la calle. No me importaba, sentía que las calles eran nuestras y que solo dependíamos el uno del otro. ¿Eso era amor? Es un poco difícil enamorarse en tan poco tiempo, pero nada es imposible. Puede que solo sea atracción, sex-appeal, necesidad. Pero lo importante es que no podíamos separarnos el uno del otro.
Sus manos recorrieron mi espalda, hasta llegar a mi culo, en donde se quedaron. No opuse resistencia. Le cogí la cara con una mano y me enganché a el con el otro, mientras me besaba apasionadamente, sin reparo. Lo hacía tan bien...
Algo dentro de mí se revolvió. Sabía que no estaba haciendo lo correcto, sabía que debía ser sensata, pero mi sentido de la responsabilidad se había escondido tras la quinta copa. Solo importaba que me besara el tiempo que hiciese falta, que fuera totalmente dependiente de él toda la noche, que no nos tuviésemos que despedir jamás.
-¿Vienes a mi piso...? Está cerca de aquí... -susurró mientras me besaba el cuello.
Eso me despertó totalmente. No quería hacerlo ahora, no me sentía preparada... No quería.
-Nno debo... -contesté, con un hilo de voz. El momento se estropeó. Él entró en razón, y se separó de mí lentamente. No me soltó la mano, pero me dejó de besar. "Mierda. La he cagado".
-Tienes razón. Lo siento mucho, Carmen. No estoy muy... -se excusó. Le abracé.
-Ni te preocupes.
Nos quedamos un rato abrazados, mientras él me acariciaba el pelo. Me estremecí de placer.
-¿Sabes qué? -dijo tras unos minutos de silencio. Le miré irónica.
-¿No irás a decirme "te quiero", verdad? -pregunté, mientras me reía. Él me miró muy serio.
-¿Es que no lo puedo decir? -contraatacó. Me sonrojé.
-Queda muy peli Disney, ¿no te parece?
-¿Y a quién le importa como quede? ¿Es que no te gustaban las pelis de princesas?
-Mi madre me solía decir que no debía creer en esas películas tan falsas, porque acabaría queriendo ser una. Y como que es un poco complicado en este mundo... -respondí, audaz. Sonrió.
-Tu madre es muy lista. Pero hay algo con lo que no contó...
Me quedé un instante pensando en el corte que me iba a soltar.
-A ver, sorpréndeme. ¿Con qué no contó?
Me miró muy dulcemente, y se acercó a mí.
-Que... -susurró. Sentí su aliento muy cerca de mis labios. Estaba deseando besarle, pero me quedé muy quieta.
Pasaron unos segundos eternos. Se empezó a reír.
-Te lo digo cuando lleguemos a tu casa.
Le pegué con el bolso, y empezamos a reírnos muy alto, tanto que creí que nos iban a denunciar por escándalo público a altas horas de la noche. No nos importaba como nos mirasen, ni lo que dijeran sobre nosotros. Me sentía totalmente feliz, radiante.
En un momento dado, después del calor de los besos y las risas, comencé a tiritar. Me puso su jersey sobre los hombros, y me negué mil veces, porque se moriría de frío. Me sobornó con que no me hablaría nunca más en la vida. Accedí a llevarlo, obviamente, aunque sabía que aunque no me lo pusiera, me hablaría igual.
Llegamos en quince minutos a mi portal.
-¿Quieres entrar un ratito? Son y veinte y no me apetece ir a casa todavía. Venga... -le pedí con voz suplicante. Sonrió y me revolvió el pelo.
-Tendré que hacer el esfuerzo... Que rollo.
Fingí que me picaba con él.
-¡Ah, bueno, si te cuesta tanto llamo al portero para que me haga compañía! Hala, vete, vete, con tus "amiguitas", que seguro que te lo pasas mejor que conmigo...
Me miró sorprendido.
-¡Que era broma! No te enfades... -puso voz melosa. Seguí con mi monólogo.
-No, no, que te lo pasarás mejor, que están más buenas que yo, y fíjate, ni tendrás que convencerlas para que se queden contigo, son algo fáciles... -me calló con un beso. Le abracé, y comenzó a jugar con mi pelo.
-Entremos...
Cerré la puerta, y nos tumbamos en el sofá del recibidor. Me tumbé yo primero, y él se abalanzó sobre mí. Comenzó a besarme las mejillas, el cuello (provocando un temblor en mi cuerpo), la base de mi cuello, el escote, los brazos. Me sentía fuera de mí. No me forzaba a hacerlo, pero me apetecía. Me sentía con ganas, con ilusión. No nos daría tiempo, por desgracia.
De repente habló mi subconsciente por mí.
-¿Por qué yo?
Se detuvo. Nos quedamos en silencio.
-¿Lo he dicho en voz alta?
Asintió.
-Efectivamente.
Me sonrojé.
-Lo siento... -me había pillado.
-Calla. -me interrumpió. Me cogió de la mano.- ¿Por qué tú que?
Me quedé callada. Insistió.
-¿Qué dudas tienes, Carmen?
-¿Por qué tú a mí? ¿Por qué yo a ti? ¿Por qué estás conmigo? ¿Qué tengo de especial? ¡Nada! ¡Solo soy una más, en mi antigua ciudad no me querían, nadie, nadie! ¡Estaba sola! Y de repente, llego a Madrid, y me encuentro con que tú, Jaime, yo a ti te gusto! ¿¡Por qué!? ¡No me lo merezco! No soy una buena persona, ¡te mereces a alguien mejor que yo! -exploté. Las cosas que me había guardado toda la noche afloraron.- He visto a otras chicas que... ¡Que son mejores! No sé, puede que sea una estupidez esto, que no me merezca nada, que seas yo la que tenga que estar agradecida por estar contigo... ¡Que lo estoy! Pero pienso que no... No tengo nada de especial. Que soy absurdamente normal. Que puedes estar con mil chicas mejores...
-¿Puedo hablar? -me callé.- Mira. te lo voy a dejar muy claro. Puede que seas absurdamente normal, puede que no seas la más guapa para muchos, hasta incluso algunos pueden pensar que eres fea, pero estos últimos deben de ir al oculista urgentemente. -sonreí.- Puede que seas algo despistada, algo... Tonta. Pero eres increíble. Eres guapísima. Eres encantadora, eres inteligente, eres sensible, eres... Tú misma, Carmen. Eres tú. Y estoy harto de las esnobs que hay por aquí. Tú no eres como las demás, es cierto. Eres mejor. Y te quiero, sí. Te quiero. TE-QUIE-RO. ¿Necesitas más pruebas?
Me emocioné. Las lágrimas me llenaron los ojos.
-Te quiero... -susurré. Me abrazó.- No quiero perderte.
-No lo harás. Estaré siempre aquí...
Nos quedamos callados, abrazados en el agradable silencio del portal. Sentía algunos coches circular por las frías calles, algunos perros aullando allá a lo lejos, algún grito de bebé, a alguna pareja haciendo algo ruidoso, a alguna ambulancia sonar. Me dio igual el tiempo, el frío y el calor, la lluvia o la niebla, no me importaron ni mis padres ni nadie, tan solo quería seguir abrazada a él.
Rompió la magia.
-Debes subir, son menos cuarto.
Suspiré. Me acompañó al ascensor. Pulsé el piso 10, y esperé. Él estaba fuera, tan guapo como siempre.
-Adiós.... te quiero mucho. -la puerta se estaba cerrando, cuando él puso la mano en medio.
-¡Espera!
Le miré interrogante.
-Dime. -le dije.
-¿Recuerdas lo que te dije de por qué tu madre se equivocaba en cuanto a creer en las películas Disney? ¿En el amor? -asentí. Sonrió y dijo:- Que las escenas románticas de esas pelis, existen. Que el amor existe. Que tú existes. ¡Hasta mañana!
La puerta se fue cerrando y me dio tiempo a gritar:
-¡Te quiero!
Oí su risa algo alta, y decir:
-¡Yo también!
Mientras subía los pisos sonreí ampliamente. Me encantaba él, estaba loca. "Es mío".
Llegué a casa y con cuidado abrí la puerta con la llave. Entré descalza y caminé despacio hasta el baño. Me miré en el espejo: tenía el pelo revuelto, los ojos brillantes, y una cara de felicidad enorme. Sonreí, y fui hasta la habitación de mis padres. Entré silenciosamente, y le di un beso a mi madre.
-Hasta mañana, mamá. -me respondió con un gruñido. Sonreí, y salí de su cuarto para ir al mío. Me quité el vestido, y me tumbé en la cama con la ropa interior. Miré al techo extasiada. "El mejor día de mi vida".
De repente mi teléfono sonó, un nuevo mensaje. Era de Jaime.
"¿Te has dado cuenta de que te has quedado mi jersey? ;)
Andaaa, ya me lo devolverás mañana, que tengo una sorpresita para ti!
Te quiero.
Jaime."
Chillé de emoción. Le respondí.
"Jajajajaj, era parte de mi plan para que tengas la obligación de volverme a visitar, así no te perderé de vista :D
Te quiero muchisimoooo :)"
Apagué el iPhone y cerré los ojos, pensando en la noche que había tenido. Cargadita, llena de cosas raras y de novedades, de líos y de amor. "Le quiero..."

21 sept. 2010

Capítulo 35: Celos

Miré impresionada al baboso, tirado en el suelo, gimiendo de dolor después de que Damon se le tirase encima. Éste se había levantado del suelo y se estaba limpiando el polvo de su cazadora negra. Le cogí de la mano y, tras darle un pisotón en la espalda al baboso y una bofetada al orangután me alejé con él hasta el otro lado del local.
-Muchísimas gracias, Damon. De verdad, te lo agradezco.
Él hizo un gesto de indiferencia con la barbilla.
-Lo habría echo por cualquiera.
-Pero lo has echo por mí-puntualicé, aguda.- Por lo que, repito, gracias. Te debo una.
Me miró irónicamente.
-Me debes dos, guapa. Una por lo de ahora, y otra por la bofetada de esta tarde.
Mis ojos se oscurecieron.
-Y tú me debes dos por jugar conmigo anoche. Así que estamos en paz.-dije, de mal humor. Se rió entre dientes.
-Cierto, ya no te debo nada. Así que adiós, y ten cuidado con los borrachos.-cuando se iba a marchar, se dio la vuelta de pronto y me dijo:- Pero no niegues que te gustó...
Cuando iba a responder Damon había desaparecido entre el gentío. Suspiré. Estaba en lo cierto, me había gustado mucho... pero porque pensaba que estaba besando a Gonzalo. ¿O me gustó después de saberlo...? ¿Me siguen gustando esos besos? "Ni idea. Pero tengo a Jaime, no necesito nada más..." pensé feliz. Me dirigí hacia la terraza de nuevo y vi que Jaime se me acercaba rápidamente.
-¡¡CARMEN!! ¡Me acababan de decir que Tomás te estaba molestando! ¡Que te estaba... SOBANDO! ¡¿Estás bien?!-preguntó, nervioso. Me entró tal alivio, que lo primero que hice fue besarle. Él, sorprendido al principio por mi iniciativa, abrió mucho los ojos, pero luego los cerró y me apretó a él. Le acaricié la espalda, y después de una seguida racha de escalofríos de placer, me separé. Se quedó con ganas de más (lo vi en su mirada decepcionada), y le agité el pelo castaño con la mano.
-Damon me ayudó. Vio que estaban intentando abusar de mi y le dio una lección. Me salvó, por decirlo así.
-¿Damon? ¿Damon Fiornucci? ¿Él te ayudó? Ahora estoy mucho más sorprendido... No suele hacer nada que no le beneficie de algún modo, es un mal tío.-lo dijo con tanto odio en la voz, que pensé que era mejor que no se enterase de que él era el causante de mis lágrimas la noche anterior.
-Pues lo hizo, y le di las gracias. Dijo algo en plan de que lo haría por cualquiera, y se fue.
-Pues te mintió. No lo haría por cualquiera, probablemente le caigas bien, o quiera...-dejó la frase en el aire y frunció el ceño. Sonreí dulcemente y le cogí la cara con las manos.
-No seas tonto. Al único al que quiero abrazar de todo el mundo es al chico que tengo delante. Y a nadie más. Solamente a él.
-Pues me han dicho que es un celoso, aunque muy guapo-dijo, riéndose. Sonreí aún más ampliamente.
-Pues dile que no tiene por qué estarlo, estoy loca por él. Y... es terriblemente guapo.
Me sonrió, con su sonrisa ladeada que me volvía loca, y me besó lentamente. No fue un beso como los otros: enloquecedor, de esos que te ponen el corazón a mil por hora, apasionados. El beso que estaba dándome en ese instante era íntimo, tímido y muy, muy dulce. No por ello era peor, en realidad me gustaba mucho más que cualquier beso que me hubieran dado antes. Era adictivo, y con cada segundo que pasaban sus labios sobre los míos estaba más y más enganchada al olor de su aliento, al tacto de sus manos suaves acariciándome, al sabor de su boca. Más enganchada a él, a Jaime del Campo Rivera, mi novio, el chico que lo había dado todo por mí.
Alguien carraspeó incómodo, y nos separamos rápidamente. Era una pareja de chicas bien vestidas con cigarrillos en la mano.
-Perdonad la interrupción, pero... ¿nos dejáis pasar?-dijo la más alta. La otra se rió como una tonta. Jaime les miró cabreado y yo me puse colorada, y miré hacia abajo.
-Perdonadme, Sofía, Tamara. No pretendíamos... no pretendía "molestaros". ¿Os he presentado a mi novia?
La bajita se crispó.
-Me importan poco tus novias, son todas unas gilip...
-Tami, tranquilízate.-dijo la alta (deduje que era Sofía) y me miró con odio.- ¿Tú eres...?
-Carmen, Car para los amigos. Pero podéis llamarme Carmen.-dije, de mal humor. Jaime se empezó a reír y Sofía me miró indiferente.
-Por supuesto, no pretendía ser tu amiga de modo alguno. Hasta la vista, "Car"-dijo, irónica. Se volvió a Jaime y le dijo:- Y tú... Que te jodan.
Se fueron las dos muy dignas, y yo me eche a reír.
-¿Quiénes eran esas? ¡Menudas idiotas!-dije, divertida. Me sonrió divertidísimo.
-Mi ex, Tamara, y su mejor amiga. Ella me puso los cuernos, y la dejé. Desde entonces me odian las dos.
Solté una carcajada incrédula.
-¡¿ELLA te odia?! ¡Qué morro!
-Es lo que hay... Pero espero que eso no me pase contigo...- comentó, serio. Me abracé a él.
-No te pasará. Te quiero, ¿recuerdas? Solamente a tí.
Oí su grave risa mientras me abrazaba y me ponía los labios en el pelo. Me dio un beso, y me cogió la mano.
-¿Volvemos a la pista?-dijo. Asentí, feliz.
Llegamos, y nos pusimos en el centro de la pista. Qué tengo que hacer. Una de mis canciones predilectas, porque con ellas podías seducir, y, lo que es más divertido... "perrear".
Nos pusimos a ello, y bajamos hasta el suelo. Allí abajo, me dio un pico, y procedimos a subir, muy despacio. Bailé hasta hartarme mil canciones. En fin, las pongo porque me acuerdo tan solo en las que me besé con mi novio. En aquellos momentos entre estribillo y baile pegados me encontraba con un Jaime salvaje, sexy, atrevido. Un Jaime que, como cualquiera de sus facetas, me volvía loca.
En un momento dado tuve que ir a la barra a por algo. Me preguntó si quería que me acompañase, pero me negué. Necesitaba un par de segundos para airearme, y sobre todo para creerme que todo lo que estaba pasando aquella noche era real.
Me acerqué al camarero y le pedí Licor 43. "Estoy bebiendo demasiado..." pensé, mientras el camarero se daba la vuelta para prepararme la copa. "La última y ya", me decidí.
Se me acercó con la copa en la mano y me la tendió. Murmuré un simple "gracias" y salí a la terraza a pensar en mis cosas.
-¿De nuevo tú por aquí? ¡Voy a empezar a pensar que me persigues!-oí a Gonzalo decir. Resoplé.
-¿Perdona, Fiornucci? He salido a tomar el aire, eres TÚ el que me persigue a mí... ¡Déjame tranquila!
-Lo siento, no me muerdas, fiera.-dijo, cauteloso. Para liberar tensiones me reí.
-Bueeeno... ¿Y qué tal tu noche?
-¿Me preguntas a mí?-dijo, serio.- La mía bastante mala...
Alcé las cejas, sorprendida.
-¿Ah, sí? ¿Por qué?-pregunté mientras le daba un buen sorbo a mi copa.
Me miró a los ojos.
-Porque la chica que quiero tiene novio.
Me quedé muy pillada, y casi escupo el licor. "¿Qué acaba de decir...? ¿Va por mí? ¡Dios mío!"
Como vio que no añadía nada, me sonrió.
-Tranquila, no voy a fastidiaros la relación ni nada...-dijo, calmado. Suspiré de alivio, aunque el corazón me seguía latiendo a mil por hora.- ¿Te puedo dar mi número?- asentí, y le tendí el iPhone. Mientras apuntaba su número siguió hablando.
-Pues, cuando quieras llamarme, ya sabes...-de repente la mirada se le ensombreció.- Vaya.
-¿Qué pasa?-pregunté. Me tendió el iPhone.
-Ya tienes grabado mi número... Pero pone Damon 2.
"¡MIERDA! ¡Maldito Damon!"
-Sería Damon, ayer en la fiesta...-intenté desviar el tema. Me miró como si le estuviera tomando por idiota.
-Querida... Carmen... Sé de sobra que ayer estuviste con mi hermano... ¿Crees de verdad que no me lo restregó?
Me quedé helada. "¡PUTO DAMON!"
-Ahh... ¿te lo dijo?-pregunté en voz baja. Asintió.
-Me dijo que te había gustado. Creí que... no sé, que a lo mejor tenía posibilidades, ya que mi gemelo lo había echo, quizá yo...-hizo una pausa, pensativo.- Pero te vi hoy con Jaime, y casi me muero de la envidia. Dime, ¿él lo sabe?
Negué con la cabeza.
-Pero se lo pienso contar, no hace falta que digas nada.-dije, de mal humor. Me miró incrédulo.
-¿De verdad crees que soy tan capullo como para ir a contárselo?
Me encogí de hombros.
-No te conozco.
-Y no sabes cuantísimo lamento eso...-dijo, despacio. Giré la cabeza.
-Quiero a Jaime. Lo siento. Lo de ayer fue un auténtico error. Nunca me hubiera liado con Damon, me entró y estaba "contenta"...
-No me tienes por qué dar explicaciones.
Me di cuenta de que tenía razón.
-Sí, no te tengo que explicar nada.
Se rió.
-Eres graciosa.
-Gracias.
-¿No estás muy cómoda con esta conversación?
-No mucho, la verdad.-dije, mientras apuraba mi copa. Se encogió de hombros.
-Pues, si quieres, márchate.-replicó solamente.
-Lo debo hacer, me estará esperando mi nn...-dudé en la última palabra. Sonrió dolido.
-Tu novio.
-Sí...-de repente me sentí fatal. Se levantó conmigo, y me tendió la mano.
-¿Amigos por lo menos?
Se la cogí y nos dimos un apretón.
-Claro...-dije, insegura.
-Nos vemos, "amiga"-se despidió, feliz. Me fui un poco incómoda. Miré el reloj: las tres menos cuarto. "Buscaré a Jaime y nos iremos" pensé. Me adentré en la discoteca sin percatarme de que unos ojos azules muy brillantes me seguían con la mirada hasta que desaparecí entre el tumulto de gente.

17 sept. 2010

Capítulo 34: ¡Menuda movida!

-Lo conseguí...-susurré, sonriendo ampliamente.
-Sí, querida. Conseguiste ponerme terriblemente celoso.-dijo una voz, a mi lado. Miré sorprendida al chico que tenía delante, todo vestido de negro y con un deje molesto en la mirada. Le observé, incrédula.
-¿Qué...? Tú...-susurré, sorpendida al ver quién era el que me había dicho aquello.
Era...

-Tú...-susurré, muy, muy confusa. ¿Qué demonios pasaba?
-Si, yo.-dijo el chico, muy serio.- ¿Por qué besas a ese tío? Es un chico sin más, hay personas que quieren besarte con muchas más ganas.
Me enfadé.
-¡A ver, entrometido! Yo beso a quien me da la gana, porque para eso es mi vida... ¿no crees? No contestes. Y me da igual cuántos chicos quieran liarse conmigo, lo único que me importa, EL ÚNICO QUE ME IMPORTA, está en la barra, trayéndome una copa.
-¿Estás segura de que él es el único que te importa? Porque, si yo fuera mi hermano, me habrías echado a patadas. Pero, ¿por qué a mí no? Venga, no soy tonto. Sé que conoces a mi hermano.
-Porque tu hermano Damon me cae mucho peor que tú.-contesté, gruñona.- Porque él es un maleducado, y tú no.
Gonzalo sonrió, halagado.
-¿Es un cumplido? Me lo tomaré como tal.-se sentó en el sillón a mi lado y me cogió una mano.- De veras, Carmen, me has atraído desde el principio...
-¿De verdad? Pues, si te he gustado desde el primer día, en el Club de Campo, ¡menudo empeño que pusiste para conocerme!
Se quedó callado de repente.
-He tenido que atender diferentes asuntos... muy "espinosos". Por lo que no he tenido mucho tiempo para la vida social.
-Bah, menuda excusa, chato.
-Es cierto. ¿Te digo la verdad? Mi madre acaba de fallecer- dijo con un tono amargo.- Y no me pude despedir de ella...
Me quedé muda. "¡Mierda, la he cagado bien!"
-Oh... Lo siento, Gonzalo. En serio. Sé como te siemtes...-dije, intentando animarle, cosa que causó el efecto contrario.
-No lo sabes.-dijo, muy dolido. Le puse la mano encima de la suya, haciendo una extraña torre de tres manos.
-Ánimo, ¿vale? Estoy aquí para lo que quieras.
Me miró tristemente.
-Justo, para lo que quiera... No te veo muy dispuesta.-insinuó. Negué con la cabeza.
-Tengo novio, Gonzalo... Lo siento.-justo dije esto y apareció Jaime con dos copas en la mano para nosotros y una mirada fulminante para Gonzalo.
-Hola, Fiornucci. ¿Conoces a mi novia Carmen? Es genial, ¿a que sí?-dijo, mientras me tendia la copa y me rodeaba con el brazo, en gesto posesivo.
Se quedó muy pillado.
-Es perfecta. Hacéis una pareja increíble.-dijo, con un tono mucho menos convencido en la segunda parte. Sonreí incómoda, y Jaime le tendió la mano.
-Gracias, Gon. ¿Cuanto tiempo, eh?- dijo finalmente, más animado. Se embarcaron en una conversación un poco más natural y sin rencores, y mientras tenían su charla aburrida sobre fútbol, murmuré:
-Voy al baño... ¿Va?
Me levanté incómoda con los tacones matándome, y entré en el edificio. A esa hora (la una menos diez) estaba muy lleno, much más que cuando llegué. Pero la mecánica era la misma: muchos círculos de gente hablando o balanceándose al ritmo de la música. Era divertido ver a los notas que bailaban de pena, y a los míticos gallitos perreando fatal delante de las chicas para fardar de culo. Era tronchante.
Riéndome sola, entré en el baño y vi a una chica encogida llorando delante del espejo. No le podía ver la cara, pero sí oír sus sollozos. Me dio una venada de compasión y me acerqué a ver qué era lo que le pasaba.
-Ey, hola. Mira, ¿estás bien?-pregunté incómoda. La chica pegó un salto, y miró desconfiada hacia mí. Era guapa: pelirroja con el pelo rizado muy largo, ojos azules muy claros, y altísima. Llevaba un vestido verde jade que le sentaba perfecto, y le hacía parecer un poco más morena (ya que era tan blanca como la leche). Tenía la cara a manchurrones de rímel que tapaban sus bonitas pecas, y una cara de tristeza inmensa.
-Hola.-dijo, compungida. Me acerqué a ella despacio.
-Oye, ¿te pasa algo?-pregunté compasiva. Asintió lloriqueando.
-Mi novio me ha dejado. Tomás dice que soy muy niña para él.-al acabar la frase se echó a llorar desconsoladamente. La abracé.
-Ese tío es gilipollas, ya verás, encontrarás a alguien de verdad, tranquila, no llores, estoy aquí para consolarte...-dije de golpe, como si fuese un guión que me hubiese aprendido para esa misma noche. dejó de llorar y me miró. Le sonreí.- Me llamo Carmen, ¿y tú?
Se sorbió los mocos e hizo una mueca parecida a una sonrisa.
-Paz. Gracias, de verdad. Eres genial.- dicho esto esbozó una sonrisa mucho más bonita que la anterior, que iluminó su cara bonita.
-De nada, tía. Mira, aquí tienes mi número. Si un día quieres algo, ya sabes, ¿va?-le apunté en la mano con un boli que tenía en mi bolso mi teléfono. Volvió a sonreír.
-Gracias, Carmen. ¡Eres muy simpática!-rió, y me reí con ella.
-Bueno, tengo que volver. ¡Hasta otra!-dije, contenta de haber echo "la buena acción del día". Me di la vuelta, y oí como decía:
-¡Nos vemos!
Volví a la pista de baile, intentando sortear todos los círculos de gente y los borrachos. De repente un gorila (no exagero, era enorme) se me puso delante y otro tío por detrás. Me acorralaron en una esquina, y el chico de detrás se me acercó al oído y me susurró:
-¿Tienes tiempo, monada?-olí asqueada su aliento a whisky. Me alejé rápidamente de aquel baboso.
-No. Para tí no. Si me disculpas...-iba a girarme airosa y orgullosa de mi audaz respuesta cuando noté que el gorila me cogía del brazo y me obligaba a girarme. El baboso me miró fijamente, y su mirada después se desvió hasta mi escote.
-¡Pero qué tenemos aquí!- dijo, riéndose como un idiota.- Creo que tiene una bomba en las tetas, habrá que cachearla...- y su mano iba acercándose cada vez más a mi pecho. Chillé e intenté desasirme, pero el gorila era demasiado fuerte.
De repente vi como una figura caía sobre él y le tiraba al suelo.
Miré impresionada al chico que había dejado KO al baboso.
-¡¿Damon?!

14 sept. 2010

Capítulo 33: Éxtasis

Caminamos en silencio por las abarrotadas calles de Madrid, él con su mano en mis hombros y yo con la mía en su cintura. Me sentía muy, muy feliz. ¿Cómo podía cambiar tanto la situación en unas horas? Aquella misma mañana estaba prácticamente ideando planes suicidas porque lo estaba pasando fatal. Ahora mismo, a las diez de la noche del sábado, estaba paseando por mi nueva ciudad al lado del chico más maravilloso del mundo.
¡Era perfecto! Dulce, amable, detallista, amigable, sincero, divertido, sabía escuchar, era culto, justo, apasionado a la vez que cauteloso, valiente, pensativo, soñador, emprendedor, activo, seguro de sí mismo, misterioso, guapo. Absolutamente perfecto. "¿Estoy segura de que no estoy soñando??", pensé, sonriendo. Me miró sorprendido.
-¿He dicho algo gracioso?-preguntó, divertido. Me reí de lo absurdo de la situación.
-No, nada, es simplemente que...-me ruboricé, y él me apretó contra él.
-¿Estás nerviosa por la fiesta o qué?-dijo, mientras me apartaba un mechón de pelo de delante de mis ojos.
"No es eso, idiota. Es que me gustas mucho, y me encanta estar contigo. Me has echo la chica más feliz de España".
-Un poco...-decidí finalmente responder. No me quería precipitar tan pronto.
Sonrió dulcemente.
-Tranquila, si estás conmigo, nada malo pasará. Verás qué bien nos lo pasaremos.
Asentí, contenta. "Ojalá que nos lo pasemos bien a mi manera...".
El resto del viaje fuimos hablando de cosas sin importancia, pero muy entretenida. En casi todo estaba de acuerdo con él, pero para hacerlo más entretenido siempre me ponía en su contra, para hacerle rabiar.
-¡Tengo razón! ¡Y lo sabes!-protestó, picado. Le abracé.
-Que ya lo sé, tonto... Solo lo digo para picarte.-de repente,me miró muy serio.
-Pues lo haces muy bien...-comentó, mirándome fijamente. Me sonrojé.
Nada más que se callase estábamos en la puerta del local, abarrotada de jóvenes de entre dieciséis y dieciocho años, deduje. Todos iban muy bien vestidos: las chicas con sus taconazos y los chicos con sus polos bien planchados. No era una de las fiestas a las que estaba acostumbrada, pero me encantaba.
Delante de nosotros teníamos al puerta, con un montón de hojas en la mano. Nos miró muy serio.
-¿Nombre?-preguntó arisco. No me extrañó que estuviese de mal humor, hacer de puerta para una fiesta de adolescentes no debía de ser muy divertido.
-Jaime del Campo Rivera. Invitado por Nacho Guerrero.-dijo, con voz autoritaria.
Comprobó en su lista los nombres que le había dado y asintió, pensativo. De repente me miró.
-¿Y tú?-dijo de mal humor. Me quedé helada.
-Es la señorita Alvear, viene conmigo.-Jaime respondió por mi.- Es mi acompañante.
-De acuerdo. Pasad.-dijo, mientras abría la verja. Pasamos de la mano.
-O sea, que ahora soy tu "acompañante"...-pregunté, divertida. Me miró riendo.
-¿Algún problema, "señorita" Alvear?
Me reí muy fuerte.
-Ninguno. Es más, me gusta que me llame así, "señorito" del Campo.
Se rió conmigo, y llegamos a la pista de baile. Estaba lleno de grupitos que reían con copas en la mano. Nada más llegar un chico se acercó a Jaime.
-¡Jaime, tío! ¡Qué guay que hayas venido!-dijo mientras le daba la mano. Me miró interesado.- ¿Y quién es la "afortunada"?
-Carmen. ¿Qué pasa, estás celoso de que no vaya contigo?-repondí, muy suelta. Me miró pasmado, y Jaime me siguió la broma.
-¡Oh, si! Golpe bajo, tío-dijo, riéndose. Su amigo me sonrió.
-Mentiría si dijese que no, Carmen. Soy Fernando, un amigo de siempre de Jaime... Y he de decirte que eres muy guapa.
-Se lo dicen a menudo...-dijo Jaime, mirándome dulcemente.-Sobre todo yo.
Le di una palmada cariñosa en el hombro, mientras Fernando me acercaba una copa.
-Toma, Carmen. Es Vodka Absolute con lima, ¿te gusta, no?
-¡Gracias, Fer!-dije, contenta. Le di un buen sorbo. Estaba un poco cargada, pero estaba muy buena.
-Os dejo, chicos. Tengo que saludar a más gente, y a conseguirme una acompañante.-dijo, mientras se alejaba. Jaime y yo nos reímos de la palabra que antes nos había echo tanta gracia.
Se nos acercaron al menos quince chicos a saludarnos, y como otro grupito de chicas a saludar y de paso, a descubrir quién era la misteriosa chica de Jaime.
-Bueno, Carmen... ¿Estáis saliendo?-me preguntó una chica, llamada Teresa. Me sonrojé.
-Si, somos pareja. ¿O no?-preguntó Jaime, mirándome embelesado. Me quedé de piedra. ¿Pareja... él y yo?
-Cierto.-le abracé. Apoyé mi cabeza en su hombro, y me susurró:
-Esperaba que dijeses eso...
El corazón me iba a estallar. Estaba tan nerviosa, que lo mejor que hice fue alejarle de aquel grupito que nos había convertido en el centro de los comentarios, y le arrastré hasta la pista de baile. Sonaba All Night Long. Bailamos como si no tuviéramos a nadie a nuestro alrededor, como si fuésemos los únicos que importaban. Él y yo, tan solo podía pensar en ello. Lo único que importaba era mi corazón latiendo a mil por hora, sus brazos en mis caderas, mis manos en su nuca. Nuestros cuerpos a centímetros, nuestras miradas se cruzaban. Sus labios a milímetros de los míos.
-¿Sabes qué?-preguntó mientras Pitbull cantaba su parte.
-¿Qué?-pregunté, nerviosa. Él lo detectó, y sonrió.
-Te quiero. Desde el momento en el que te vi, llorosa y destrozada.
Sudaba de los nervios, y del movido baile, pero sobre todo estaba nerviosa. No me lo podía creer.
-Te voy a pedir una cosa...
-¿El qué?-respondí, con un deje emocionado en mi voz.
-Te voy a pedir algo que he estado esperando durante estas últimas horas. Y sé que tú también lo quieres. Así que, déjame hacerlo, y me convertirías en el chico más feliz del mundo. Quiero besarte. Y lo voy a hacer.
Dicho esto, lo hizo. Me besó como nunca me había besado nadie, como si yo fuera el agua tras un día en el desierto, como si fuese lo que estaba esperando. Yo por mi parte, le besé con ganas, con lágrimas de alegría en mis ojos, incrédula. Sus labios sabían como el mar, su boca olía a caramelo, su piel era suave como el terciopelo, su pelome hacía cosquillas en las palmas de las manos.
Me agarró por la espalda y me pegó completamente a él. Paseó sus manos por mi espalda, y se detuvo en mis riñones. Le acaricié el pelo suavemente, mientras seguía el baile impuesto por sus labios en los míos, que me tenían hechizada. Era glorioso, lo mejor del mundo. Lo mejor que mis labios habían probado nunca. Tenía las pulsaciones disparadas, y mi por mi estómago pasaban mil sensaciones: amor, alegría, anhelo, deseo, pasión, dulzura y una felicidad tan enorme que daba miedo. Estaba abrazada al mejor tío de Madrid, qué de Madrid, de España. O del mundo entero.
De repente, se separó de mí, con el pelo revuelto y el deseo en la mirada.
-¿Por qué no vamos a la terraza y hablamos tranquilamente? Allí hay más intimidad...- dijo, sonrojado. "Es tan dulce..."
-Por mí, hasta el final del mundo.-dije, absolutamente feliz. Sonrió victorioso y me abrazó. Le correspondí, y me llevó hasta uno de los sillones de la terraza. La noche estaba fresca, a pesar de que estábamos a finales de Septiembre. Era normal que hiciera algo de frío, pero no tanto como en esa noche.
Jaime me vio tiritar, y me miró con dulzura.
-¿Tienes frío?-preguntó, atento. Negué con la cabeza.
-Solo estoy... eléctrica. Muy eléctrica.
Se rió suavemente.
-Voy a por un par de copas. ¿Lo mismo de antes...?
-Bacardi con limón, por favor.-contesté, mirando hacia abajo. De repente ví que se había agachado y que tenía sus ojos verdes delante de los míos.
-Ahora vuelvo.-me besó en la mejilla, y se fue hacia la barra. Me quedé sola, tomando aire. "¡ES INCREÍBLE! ¡AAAAAAAAAH!" pensé, eufórica.
-Lo conseguí...-susurré, sonriendo ampliamente.
-Sí, querida. Conseguiste ponerme terriblemente celoso.-dijo una voz, a mi lado. Miré sorprendida al chico que tenía delante, todo vestido de negro y con un deje molesto en la mirada. Le observé, incrédula.
-¿Qué...? Tú...-susurré, sorpendida al ver quién era el que me había dicho aquello.
Era...

Capítulo 32: Ataque de histeria

"Me encontré a mi misma en un callejón de una calle de las peores que hay en Madrid. No sé exactamente cuál es, pero estaba claro que no estaba en Majadahonda, o en cualquier barrio decente, por decirlo de algun modo menos violento. Tumbada en el suelo, con rasguños en la cara, vestido y piernas. Tremendamente cansada, como si hubiera venido de una maratón. Rodeada de cristales rotos, deduje que había tirado una caja de botellas vacías. Con lágrimas en los ojos, y muy, muy asustada, a pesar de que no sabía el por qué.
"¿Qué demonios hago aquí? ¿Dónde estoy? ¿Y Jaime?" pensé, aterrorizada. Hacía menos de un minuto estaba con él del brazo, y de repente... Nada. No recordaba qué había pasado, y por qué estaba allí.
Miré mi reloj, nerviosa. Las cinco menos diez. "Mierda. Mamá se va a enfadar muchísimo. ¿Qué le voy a decir...?"
-Pues algo que le podrías decir, en mi opinión, es la verdad. ¿Qué te parece?-oí una voz contestar a mi pregunta. No me fijé en como sabia lo que estaba pensando, si no en quién era esa persona.
-¿Quién eres? ¡Joder, quién eres!-dije, muy asustada. Se rió de mí.
-¿Quién soy? ¿QUIÉN SOY?-preguntó, rabioso. Se oyó una respiración entrecortada durante un largo minuto. Después, silencio.
-¿Me respondes?-pregunté de nuevo, esta vez con un tono más amable.
-Soy... Tu pesadilla.-contestó, con rabia en la voz.- Y no te despiertas de esta... Ni lo harás, guapa. ¡Eres toda mía!
Sentí una presión muy fuerte en las sienes. Chillé de dolor, y me retorcía. La voz se reía. Me estaba matando, y quien quiera que fuese disfrutaba.
-¡AHHHHHH!-grité.
-Tranquila, acabará muy pronto...-dijo la voz.
-Pronto...!"

-¡JODER!- dije, mientras pegaba un bote en la cama. Oí unos pasos acercándose a mi habitación.
-¿Qué has dicho, Carmen?-dijo mi madre, muy seria. La miré con cara de inocencia.
-Nada, mami. Hablaba sola.
Me miró aún más seria.
-Bueno, pues dile a Carmen que no se dicen tacos, ¿vale, Carmen? Como estás hablando con ella...
Sonreí.
-Anda, mami, que sí. Perdona, es que estaba durmiendo. ¿Qué hora es, por cierto?
-Pues a eso venía, cielo. Son las nueve menos cuarto, tienes una hora.
Me quedé boquiabierta.
-¡¿Queeeeeeeeeeeeeee?! ¡¿Una hora?! ¿Por qué no me has despertado antes? ¡Tengo que prepararme!
-¡Pues deja de chillar y hazlo! ¡Venga, el tiempo vuela!-me animó mi madre, dando palmadas. Salté de la cama y fui directamente al baño. Ocupado. Mierda.
-¡EEEEEEEEEO! ¡Quien seas, sal de la ducha YA!-llamé a la puerta varias veces.
-¡Yo también soy higiénico, Carmen! ¡A veces necesito ducharme!-respondió Dani, desde dentro. Suspiré y lamenté lo que iba a decir.
-Si me dejas ducharme ahora, te daré uno de mis sujetadores para que se lo enseñes a tus amigos.-le chantajeé. Mis hermanos pequeños (y supongo que todos los hermanos pequeños del mundo), lo que más ilusión les hacía en el mundo era tener un sujetador de chica para enseñárselo a sus amigos y fardar que se lo había robado a una niña. Se oyó que la ducha paraba, que salía rápidamente y por fin su cabecita se asomó por la puerta.
-Quiero el negro.
-¡De eso nada! El gris de deporte y pista.
-El de flores.
-De acuerdo.-suspiré. Ese me quedaba pequeño, así que no me importaba.
-Me gusta hacer tratos contigo, hermanita.-respondió mi hermano, con una sonrisa.
-Vale, vale. Aparta, ¿quieres? Graciaaaaaas...-dije mientras me metía rápidamente en el baño. Me desnudé y me lavé el pelo con el champú que mejor olía de los que tenía, el de melocotón. Me lo aclaré rápidamente, me lavé el cuerpo y salí del baño tán rápido como entré, llevándome a mi habitación el maquillaje, la crema hidratante y la colonia.
Cerré la puerta con llave, y me puse la ropa interior: un sujetador push-up (lo poco que tenía lo quería realzar) y unas braguitas. Hecho esto, tiré la toalla a la silla y abrí mi vestidor. Me metí dentro y cerré la puerta. Me dirigí a la cómoda en donde estaba mi reproductor de iPhone, y lo puse en modo aleatorio. Ridin' Solo, Jason Derulo. Adoraba esa canción.
Abrí la primera puerta y cogí tres vestidos, dos faldas y cuatro tops para probar. Finalmente, después de muchas pruebas, escogí el vestido azul de flores rosas, beiges y verdes de Abercrombie y una cazadora vaquera por si tenía frío después. Para los pies, unos taconazos beiges de flecos, mis favoritos, y gracias a Dios tenía la pedicura pasable.
A partir de ahí me pinté a velocidad de avión: raya marrón por arriba y por abajo, sombra rosa palo, polvos bronceadores y listo. Me miré en el espejo. "Ideal".
Pero, ¡horror!, me fijé en mi pelo. Encrespadísimo. Cogí la plancha y literalmente corriendo fui al baño. Cuando la acababa de enchufar oí mi móvil con la melodía de Hey, There, Delilah sonar. Corrí de nuevo a mi habitación a por él.
-¿Sí? ¡Si no es importante, dilo y colgaré, que no tengo tiempo para tonterías!
-Bueno, si quieres cuélgame...-respondió alguien por el otro lado. Me quedé helada.
-¡Jaime! Lo siento... muchísimo. ¡De veras! Es que...
-No pasa nada, mujer.-rió, divertido.- Bueno, te llamaba para decirte que estoy abajo. ¿Bajas o no es lo suficientemente importante?
Me ruboricé.
-Si, voy. ¡Un minuto! ¿Va?-colgué antes de que le diese tiempo a replicar. Volví al baño, me repasé las puntas y la desenchufé. Fui a mi cuarto, cogí mi pequeño bolso en el que metí mi iPhone y las llaves y fui corriendo al salón.
-¡Me voy! Me esperan abajo.-dije rápidamente. Mi padre levantó la vista.
-¿Es que vas a salir otra vez?
-Sí, Carlos, la he dejado yo.-contestó mi madre por mí. Me miró y dijo:
-Estás muy guapa, cielo. Pásalo bien, ten cuidado, y recuerda la hora acordada, ¿de acuerdo?
-Si, si. ¡Gracias, mamá! ¡Adiós!-corrí al recibidor, cerré la puerta tras de mí y bajé como pude las escaleras tratando a la vez de no perder ni el equilibrio ni la velocidad.
Salí de la escalera, y seguí corriendo hasta la puerta de entrada. La abrí rápidamente y iba a continuar corriendo hasta que choqué con alguien.
-¡Vaya! ¡Veo que ya estás aquí!-se rió Jaime, muy alto. Me ruboricé- Ay, qué torpe eres, Carmen...-me miró con más interés, lo que hizo que me pusiese más colorada aún. Sonrió.- Además de absolutamente roja, estás increíblemente guapa.
-Gracias...-le miré. Iba perfecto: camisa azul clara, pantalones chinos beiges y mocasines marrones, más un jersey azul oscuro sobre los hombros. Al ver éste me di cuenta de que me había olvidado mi cazadora en casa.-¡Mierda! Me he dejado la chaqueta...
-Toma la mía-dijo rápidamente, poniéndomela sobre los hombros. Olía a desodorante masculino... Muy bien.
Me tendió la mano.
-¿Nos vamos?
Sonreí, se la cogí y los dos fuimos juntos hacia la que iba a ser de las mejores noches de mi vida.

6 sept. 2010

Capítulo 31: ¡Si!

Cuando vi desde el cristal del portal que se había marchado perdí momentáneamente las fuerzas. Estaba emocionada, extasiada, contenta, y profundamente confusa. ¿Cómo conseguía que un chico así se fijara en mí? ¿Por qué extraña razón parecía que le gustaba tanto?
Me senté en el suelo a pensar, apoyando la cabeza en la pared. ¿Por qué me escogía a mí? Porque era una chica sin más: ni fea ni guapa, ni muy sosa ni híper activa, ni muy alta ni muy baja, ni muy lista ni idiota. ¿Qué tenía yo que no tuviesen las demás? Nada, es más, ¡había chicas mil veces más interesantes que yo!
Suspiré. "Hay que aceptar los hechos. Me cuesta, pero me ponen increíblemente feliz. ¡Por favor, esto es maravilloso!"
Me dio igual que Paula me traicionara, que Damon me utilizara, que a Gonzalo no le importase apenas y que probablemente me caería una bronca increíble por irme por ahí sin avisar. Solamente tenía en la cabeza a Jaime: su pelo castaño, sus ojos jade siempre amables, sus facciones dulces, su simpatía, su comprensión, su sentido del humor, su manera de escuchar, cómo fruncía el ceño, el tacto suave de sus manos... sus labios contra mi piel al despedirse de mí...
Me estremecí. Mientras lo hacía sentí que me corazón me iba a explotar. Estaba en éxtasis. Eléctrica.
Pasaron como quince minutos cuando decidí que era hora de subir a casa y ganarme la bronca de mi madre.
Me acerqué a la puerta para subir al ascensor y de repente salió la persona a la que menos quería ver en el mundo.
Alto, pelo rubio en una cresta que decía: "desafío a la gravedad porque soy así de malo". Musculoso, con mirada arrogante y el ceño fruncido.
-Hola, preciosa. ¡Qué sorpresa verte aquí!
Puse mi mejor cara de pocos amigos.
-Te lo diré de la manera más amable que pueda. ¿Qué coño haces aquí, si se puede saber?
Se oyeron carcajadas dentro del ascensor.
-¡Vaya, qué genio tiene la niña! ¿Quién es, Damon, una ex-novia resentida?
Miré con odio a Damon.
-¿Respondes o qué?
Me miró fijamente y esbozó una sonrisa irónica.
-¿Por qué crees que debería contestar, guapa? No te tengo por qué dar explicaciones, ¿o acaso eres mi madre? Creo que no.
Me sacó de mis casillas.
-Me concierne. Estás en MI edificio, dentro de MI ascensor, molestándome A MI. Creo que me importa. Así que o contestas o te apartas de mi camino.
Se carcajeó a mi costa.
-¡Joder, vaya humos! Vale, vale, no me pegues, te contesto, preciosa. Estoy en el edificio de MI AMIGO, en SU ascensor, y no te estoy molestando, estoy teniendo una conversación civilizada contigo.-sacó de su bolsillo una cajetilla de tabaco, cogió un pitillo y se lo puso en la boca. Luego me miró.- ¿Tienes fuego, preciosa?
-No. No soy gilipollas, no fumo.-perdonadme los tacos, es que estaba fuera de mí.- Así que largo.
-Eres una amargada, hija mía. ¡Vive la vida! ¿O es que ya has olvidado lo de anoche? Yo creo que no.
Ya está. Había tocado mi límite. Furiosa, le di un bofetón tan fuerte que, con el eco, el sonido estuvo repitiéndose durante unos breves segundos. También tiré su pitillo al suelo. Damon se quedó sorprendidísimo, y el imbécil de su amigo se quedó con cara de "yo aquí no pinto nada".
Hubo un silencio incómodo durante unos segundos.
-Has hecho mal, guapita de cara.-habló de repente Damon, muy serio.-¿Sabes lo que has hecho?
-Creo que sí-respondí, furiosa.-Dejarte en ridículo. ¿Ya no tienes respuestas irónicas para tocarme la moral? Pues vaya.
Su amigo se rió.
-¡Oh, Damon! Yo a eso lo llamo un " ¡ZAS! ¡En toda la boca!".-se siguió riendo hasta que Damon le miró furioso.
-Esto no ha acabado. Ya veremos lo que sucede cuando no esté de tan buen humor.-dijo mientras pasaba a mi lado, llevando del jersey a su amigo "la hiena".
Sonreí.
-Adiós, "cielo". Vuelve pronto. ¡Siento lo de tu cara! Ahora estarás todavía peor.-me reí lo más alto que pude. La hiena me secundó, pero mientras salían oí un quejido. Probablemente le había pegado una colleja.
Me subí al ascensor riendo. "Estúpido. Le he dejado fatal".
Al llegar al ático me puse delante de mi puerta. Alerta, procurando no hacer mucho ruido, metí la llave en la cerradura y suavemente la abrí.
Abrí la puerta y lentamente abrí la puerta y entré de puntillas en la casa, por si estaban durmiendo la siesta. Pero oí ruidos en la cocina e imaginé que mi madre estaría limpiando los platos.
Me acerqué hasta allí y asomé la cabeza por la puerta.
-¡Hola, mami!-dije, feliz. Ella se giró sorprendida.
-¡Hola, Carmen! Hija mía, me has asustado, tonta. ¿Dónde has estado? Tu hermano me dijo que te habías ido y que no volverías hasta las seis o así.
Sonreí.
-Nada, mamá, me fui al VIPS de Velázquez con una amiga a comer, teníamos muchas cosas de que hablar.
-Y veo que se han solucionado. Vienes radiante. Me alegro mucho.
-¡Y yo!-respondí, sonriendo de oreja a oreja. De repente me acordé de la proposición de Jaime.- ¡Ah, se me olvidaba! Unos amigos hacen una fiesta en Serrano 41, muy exclusiva, y un amigo me ha invitado. ¿Puedo ir? ¡Porfa, porfa, porfa, porfaaaaa! ¡Haré lo que sea, venga, porfi!-me acerqué a ella y le di un abrazo.- ¡Sería la chica más feliz del mundo!
Mi madre protestó.
-¡Ay, no me achuches! De acuerdo, de acuerdo, podrás ir. ¿Pero a qué hora acaba?
-No lo sé, pero mi amigo me traerá a la hora que sea. Creo que acaba a las cinco...
-¡Tú estás loca! ¿A las cinco?-se rió de incredulidad.- ¡A las dos en casa!
-¡Mamaaaaa! ¡A las dos no, es muy pronto! ¿A las cuatro?
-Tres.
-¿Tres y media?
-De acuerdo.-suspiró.- Pero que no se entere tu padre, ¿vale? ¡Me matará!
-¡Gracias, gracias, gracias, gracias! ¡Eres la mejor!-le di un beso y corrí a mi habitación. Cerré la puerta tras de mí y me tumbé en la cama.
"Mi madre es la caña".
Decidí llamar a Jaime, que un SMS quedaba muy frío. Le di un toque y a los tres pitidos colgué. No quería gastar saldo, que me llamara él, que para eso era el chico.
A los dos segundos recibí la llamada.
-¡Hola! ¿Qué tal?-dije, contenta.
-Bien, pero estaría mejor si te dejaran ir.
-¡Me dejan! Y encima un horario brutal, ¡a las tres y media!
-¡Si! ¡Bien! Va a ser genial, te presentaré a todo el mundo.
-Lo sé, es la caña. Una cosa, ¿hay que ir arreglado?
-Es mejor que vayas guapa. Bueno, ya me entiendes, porque guapa vas siempre.
Me sonrojé.
-Lo capto: vestidito, tacones y bien pintada. ¡Gracias por invitarme, Jaime! Eres el mejor.
-Para eso estamos. ¿Te recojo a eso de las diez?
-Fenomenal. ¡Nos vemos!
-Me costará estar seis horas sin ti. Pensaré en esta noche toda la tarde.
Me puse todavía más roja. Menos mal que no me podía ver.
-Ya, y yo. ¡Adiós, un beso!
-Otro. Te echaré de menos.
-Y yo.-colgué.
"Este chico es maravilloso, ¡creo que le gusto!" sonreí de oreja a oreja. "Esta noche, Carmen. Esta noche le pescarás".
Con estas geniales ideas en mi cabeza me quedé dormida con el iPhone en una mano y la sonrisa todavía en mis labios.

2 sept. 2010

Capítulo 30: Felicidad

Entramos a la vez en el restaurante del VIPS, donde una jovencita china con problemas de acné nos guió hasta nuestra mesa. Estaba al fondo, en la zona de fumadores. No es que fumase, simplemente es que siendo sábado a la hora de comer no resultaba extraño pensar que el restaurante estuviese abarrotado.
-¿Saben ya lo que quieren o les doy unos minutos?-nos dijo la camarera, algo distraída.
-Yo quiero un VIPS club... ¿Y tú?-me preguntó Jaime. Negué con la cabeza.- Traiga dos VIPS club, y dos Coca-Colas. Gracias.-la camarera asintió mientras apuntaba concentrada en su libretita y se marchó con prisas. Le miré indignada.
-¡Te dije que no quería nada!-protesté. Hizo un gesto con la mano.
-Me da igual. Algo tendrás que comer, y no creo que lo que te he pedido no te guste. ¿O ese es el problema?
-¡Para nada! Solamente es que no tengo hambre.
-Me-ti-ra. Por favor, no tengo dos años.-comentó divertido. De repente se puso serio.- ¿Y bien? ¿Quieres contarme de una vez lo que te ha pasado o te tengo que pedir otro sándwich?
Suspiré.
-Es sobre varias cosas... Pero sobre todo sobre una. Sobre mi mejor amiga.
-¡Ah! Tiene mala pinta. Primero te pregunto: ¿tiene solución?
Titubeé. No, ya lo había hecho, mucha solución no tenía.
-No.
Agitó el bote de sal, nervioso, entre sus manos.
-Buf. A ver, dime. Tan malo no puede ser, ¿no?
-Depende de como lo mires.
-¿Tú como lo miras?
Los ojos me brillaron de rabia.
-Desde un punto de vista en el que lo que ella hizo es traicionarme.
-Comprendo.-asintió.- ¿Se ha liado con tu novio?
Una punzada.
-Más o menos.
-¿Lo viste?
-¡No! Ni siquiera viven aquí.
-¿Ah, no? ¿Dónde viven, pues?
-En mi antigua ciudad, Pontevedra. Está en...
-Galicia, lo sé.-en ese momento un chico negro nos trajo las bebidas. Murmuré un "gracias", y revolví la bebida con la pajita. Él me miró atentamente.- ¿Y cómo demonios te enteraste, si tú estás en Madrid? ¿Viste fotos en Tuenti? ¿O te lo contó una amiga?
-Lo irónico es,-sonreí, pero no de alegría- que me lo contó ella misma.-bebí un poco de mi Coca-Cola.
-Bueno, eso es un punto a su favor.-le miré incrédula, con la pajita todavía en la boca.- No me malinterpretes,-dijo rápidamente al ver mi expresión.- pero si no fuera tu amiga te lo habría ocultado.
-Si fuera mi amiga,-otra punzada- no lo habría hecho.
-Tengo una duda. Antes te pregunté que si se había liado con tu novio. Me respondiste que no exactamente. ¿Qué quieres decir?
-A mí ese chico me gustaba muchísimo. Ella lo sabía y se suponía que le estaba hablando todo el tiempo de mi para poder estar con él. Y para ella parece ser que "hablar de mí" significa lo mismo que "pegarse a él". Y además...-me sentí incómoda de repente.- Dios, ¿por qué demonios te estoy contando todo esto? ¡Si no sé nada de ti, te conocí ayer mismo! ¡Eres un completo desconocido para mí!
-Puede,-respondió tras un breve silencio.- Pero por ahora soy el único que te escucha, y en el que puedes confiar... Porque sinceramente, no creo que todas tus amigas te entiendan como yo.
Levanté una ceja.
-¿Y tú que sabes? ¿De qué las conoces?
-Las conozco a todas desde que éramos pequeños. A tu prima Cata menos, porque no siempre estuvo en nuestra pandilla, pero antes solíamos veranear todos juntos en Sancti Petri. Sé como son, muy simpáticas, muy amables, pero eso de escuchar no se les da muy bien, la verdad. Me caen genial, pero ese justamente no es su punto fuerte.-dijo en voz cada vez más baja, como hablando para sí.
Me quedé callada unos instantes, pensando. Tenía razón, con Jaime sabía que podía hablar. Me estaba dando su atención al cien por cien. "Aun así no puedo evitar sentirme algo incómoda".
Mientras que los dos estábamos sumidos en nuestros pensamientos, los sándwiches llegaron. Miré el plato con ganas. En el fondo sí que me apetecía comérmelo.
Jaime lo notó.
-Sabía que estabas hambrienta.-rió. Mientras se echaba ketchup volvimos a la conversación.- O sea, que te llamó ahora, y te lo dijo, ¿no?
Asentí mientras cogía con avidez el primer cuarto.
-Efectivamente. Le pregunté novedades y me dijo que se había liado con un chico. Le pregunté por ello y me lo contó. Me sentó fatal, como si me hubieran echado un jarro de agua helada encima. No quise hablar más con ella, así que le colgué tras un par de frases cortantes por mi parte. Después vi que me estabas dando el toque... Y hasta ahora. Por cierto, ¿no tienes nada mejor que hacer que estar conmigo?
-Para nada, estaba más que aburrido. Bueno, aburrido no-me miró de una forma extraña.- Estaba esperando a que me contestases al mensaje. En realidad estaba sumido en mis pensamientos.-comentó con tranquilidad, cogiendo su tercer trozo de sándwich. Me quedé helada.- Por cierto... ¿Qué demonios te pasaba anoche? Parecía como si se te acabase de morir el perro o algo así-dijo, con tono divertido. Se me cambió la cara.
-Hum... Nada.
Me miró a los ojos.
-Veo que no te apetece demasiado contármelo. Lo comprendo, al fin y al cabo nos acabamos de conocer, ¿no?-nos reímos al unísono.
El resto de la comida me lo pasé de miedo. Estaba con un chico fantástico, olvidándome de todos mis problemas. Era fantástico.
Después pedimos un brownie para compartir (ya que estábamos llenos, pero había mono de un brownie), y por muchas pegas que le puse me invitó a la comida.
-A la próxima vez pagaré yo-me quejé. Sonrió dulcemente.
-¿Habrá segunda vez?-me reí.
-Ya veremos...-dije mientras salía corriendo con el hibisco en la mano. Me siguió, riéndose muy alto.
Corrimos todo el trayecto hacia mi casa, yo delante escapando de él, riéndonos
-¡Corres como una niña!-grité.
-¡Y tú como un machote!-replicó. Me reí todavía más y él me secundó.
Finalmente llegamos a mi casa, y le esperé unos segundos. Al poco tiempo apareció.
-Hija, ¡cómo corres!
-Lo sé-respondí.
Nos quedamos callados unos instantes recuperando el aliento. Hablé yo:
-Bueno, me tengo que subir. Si no, mi madre me matará y no me dejará salir esta noche.
-¡Es cierto! Escucha, un amigo hace una fiesta en una discoteca, Serrano 41. La ha reservado y podemos llevar a una persona por invitado. He pensado que te podrías venir tú, y así ampliar tu círculo de amistades. ¿Te vienes? Es de diez a una. Te acompañaría a casa. ¡Vente!
-¡Demasiada información junta!-me reí.- Le preguntaré a mi madre y esta tarde te mando un mensaje, ¿vale?
-Perfecto. Pues entonces, hasta esta noche, espero.-se acercó a mí y me dio un beso suave en la mejilla, que me hizo estremecer.- No estés triste... feliz estás mucho más guapa.
Me puse colorada. Le acaricié el pelo cariñosamente mientras me daba la vuelta y abría el portal. Me giré de nuevo.
-¡Gracias!-dije, y cerré la puerta detrás de mí.

Capítulo 29: Alivio

Nada más acabar esa conversación me di cuenta de que era solo su voz la que me hacia sentir algo mejor. Ahora que no la oía no estaba tan en calma.
Me daba la extraña sensación de que a alguien le impotaba algo, a pesar de que yo sabía que esto no era cierto. Si a Paula le importase no se hubiera liado con Lino, por muy "contentilla" que estuviese. Porque si simplemente estuviese "contentilla" sería capaz de pensar con algo de lucidez y no permitirse el lujo de traicionarme. Si yo le importase algo a Damon no me habría tomado el pelo como lo hizo, haciéndome creer que estaba en los brazos del chico al que quería, sin importarme que notase que estaba tiritando de alegría al estar con él. Si a Gonzalo le importara lo más mínimo, habría venido a la fiesta de Marta a verme. Si a mi hermano le importase vendría a preguntarme el motivo de mis sollozos. En fin, por lo menos Jaime se interesaba algo por mi. "Creo que a él le importo algo. Si no le importase, no perdería el tiempo con una adolescente quejica y deprimida."
Me levanté de la cama con ganas de suicidarme. La vida, en esencia, es igual a problemas. Adán y Eva vivían en el Paraíso hasta que Eva se metió en problemas. Sin problemas la gente viviría tan campante y sin aprender nada útil nunca. Para eso están los problemas, para aprender que no todo en la vida va como la seda, que hay que tener una cierta fortaleza y poder de superación para no hundirse en la tristeza y en la desesperación. Resultaba irónico que yo, la adolescente amargada, pensase esas cosas cuando era la primera en lloriquear ante la más mínima adversidad.
Fui hacia el baño para intentar arreglar la "desfeita" que había hecho en mi pelo. A los dos minutos vi que era imposible de arreglar quitando la opción de darme una ducha, pero al ver que me quedaban exactamente siete minutos para que fuera la hora de encontrarme con Jaime desistí y me hice un moño con una gran pinza que tenía. Como mi cara no tenía mucho avío tampoco simplemente me la lavé bien con agua. Observé mi cara de fracasada en el espejo. "Doy pena y asco. Vaya, si lo tengo todo."
Al salir le grité a mi hermano:
-Jorge, voy a salir. Si viene mamá dile que me he ido a comer con una amiga. Volveré sobre las seis.
Él se limitó a asentir. Me encogí de hombros, cogí una gabardina (no sé ni yo para qué demonios la quería si no estaba lloviendo), y bajé andando los ocho pisos del edificio. Era una costumbre que tenía desde que era pequeña, siempre bajaba las escaleras andando. Ahora bien, casi nunca o nunca las subía. Era mucho más agotador.
Al llegar al portal seguía estando Julián, el portero, limpiando los cristales de la puerta principal.
-Conque se marcha de nuevo, señorita-comentó con tono extrañado.-Espeto que su madre lo apruebe.
-Pues claro que lo hace-mentí. Si le decía que no era capaz de llamar a un guardaespaldas para que no me dejase salir del edificio.-Si no lo hiciera no saldría, Julián.
-Tiene razón-rió.-Páselo bien.
Caminé apresuradamente por la bulliciosa calle López de Hoyos con el iPhone puesto. Sonaba Take it Off, de Ke$ha. Esa canción me gustaba bastante. Me hacía olvidarme de mis problemas, y en ese momento era realmente difícil hacerlo.
-There's a place I know, if you're looking for a show...-canturreé. De verdad me apasionaba esa canción. La letra y la melodía molaban un montón. La solía cantar con Paula...
"Pero ahora ella no está" pensé con dureza. "No pienso olvidar lo que me hizo".
Cuando me fi cuenta estaba en la entrada del VIPS de Velázquez, donde había quedado con Jaime. Me senté en el suelo intentando no pensar en nada. Miré el reloj, las dos menos veinte. "Ya debería estar aquí".
-Siento la tardanza.-dijo una voz detrás de mi. Me giré algo sobresaltada. Era él, Jaime. Sus ojos verdes brillaron de preocupación. Tenía una mano a la espalda.-He traído algo para ti.
Descubrí que en la mano que antes estaba escondida y ahora la tendía hacia mi tenía un hibisco rojo, incluso más bonito y grande que el anterior.
-Gracias...-murmuré, con los ojos llenos de lagrimas. En ese momento que tenía a alguien con quien desahogarme estallé.
Fue considerado. No dijo nada y permitió que llenara su abrigo de lágrimas. No le importaron mis sollozos, ni su posición algo incómoda, ya que estaba en cuclillas.
Pasaron diez minutos hasta que él reaccionó.
-Entremos, te vas a poner enferma.-asentí mientras él me ayudaba a levantarme. Entramos los dos juntos en el VIPS de la mano, mientras que yo intentaba que la energía que me transmitía su mano cálida dejase a un lado el dolor.

31 ago. 2010

Capítulo 28: Mix emocional

(Ya expliqué el motivo de mi retraso en los comentarios del anterior capítulo. Ya que mucha gente protesta porque no escribo, haré un esfuerzo y la escribiré. No prometo que sea bueno.)
Me quedé sorprendidísima del privado que tenía.

-Jaime Del Campo Rivera (05:13)
"Hola Carmen, te encontré de casualidad. No podía dormir a causa de tus ojos. Los recuerdo y me entran escalofríos.
Quería decirte que me has gustado. No sé qué tipo de persona (o mejor dicho, animal) te hizo llorar, pero eso no se lo puedo perdonar. Nunca olvidaré que alguien empañó esa bonita cara.
Me gustaría que nos viésemos más a menudo. Me he tomado la libertad de pedirle a Tatiana tu teléfono, espero que no te enfades con ella. Te haré una perdida en cuanto me contestes a este privado, y ojalá que tu respuesta sea positiva.
Gracias por aparecer en mi vida, princesita desamparada.
Besos,
Jaime."
Me quedé quince minutos leyendo y releyendo este mensaje. ¡No me lo podía creer! En un instante pasé de la tristeza más devastadora a la alegría más absoluta.
-¡AAAAAAAAAAH!- chillé. Me dio igual que mi hermano me gritase, que la vecina de enfrente mirase fijamente a mi ventana desaprobadoramente. No me importó ni el tiempo, ni el espacio, ni el frío, ni el calor, ni el ruido de los coches en la calle, ni las gotas de lluvia que comenzaban a caer. Tampoco me importó que la víbora de Tatiana tuviese mi teléfono. No me importó nada más que aquel increíble privado.
Me apresuré a contestar a su privado.

-Carmen Alvear Gastéiz (13:07)
"Jaime! Me alegro un montón de recibir tu mensaje, ahora mismo estaba pensando en ti-¿era yo quien escribía ese texto? No parecía la Carmen gallega, tímida y dulce.- No me importa nada que tengas mi número. Es más, pensaba pedírtelo antes de que te fueras corriendo ¬¬ jajajaja
Por mí perfecto, hazme la perdida y cuando quieras me mandas un sms o me llamas y quedaremos cuando quieras!
Un beso,
C."
Le di al botoncito de enviar y de paso le envié una petición de amistad. "SOY LA CHICA MÁS FELIZ DEL UNIVERSO" pensé, extasiada. "Voy a llamar a Paula, ¡no se lo va a creer!"
Cogí rápidamente el inalámbrico y marqué su teléfono.
-Ey, ¡Car!
-¡PAULA! ¡MAZO FUERTE!
-¿Qué pasa tía?- preguntó con un tono preocupado.- ¿Estás drogada?
Me reí como una loca.
-No... simplemente ¡enamorada!
Silencio.
-¿¡QUEEEEEEE!? ¡CUÉNTAMELO TODITO! ¿Qué hiciste ayer en la fiesta?
Al hablarme de la fiesta me acordé de Damon. Sentí una punzada en el corazón.
-Qué no paso, tía, qué no pasó.
-¡Cuenta!
Empecé desde el principio, el bajón de azúcar de Marta, la mentira de Damon, la pelea con Cata, y por último el encuentro y el mensaje de Jaime.
-Buf, una noche completita, ¿no?
-Mazo tía. Las cosas malas no me importan, estoy concentrada en Jaime. ¿Y tú qué? ¡Cuéntame, habrá alguna novedad!
Silencio incómodo.
-Si... una-dijo despacio.
-Vamos tía, que no te voy a comer. ¡Dime! ¿Qué ha pasado?
Otro silencio incómodo.
-No soy boquerona.-dijo simplemente.
Chillé de alegría.
-¿¡Queeeeee!? ¿¡En seriooooo!? ¡Buah, tía! ¿Y quién es el afortunado?
Silencio incómodo de nuevo.
-Verás... Es alguien que conoces. Que te gustó.
Me quedé sin aliento.
-Es...
Más silencio. Pero ese silencio habló por sí solo.
-No... No puedes... ¿Es...?-pregunté. En realidad ya sabía quien era, pero no quería decírmelo.
-Es Lino. Me he liado con él.
Mi felicidad se rompió en mil pedazos. Yo le había presentado a Lino en verano para que consiguiese que me liara con él. Ella "hizo todo lo que pudo", o eso es lo que dice. No me lié con él. Parecía que para ella "hacer todo lo que se pudo" es ligarte al amor platónico de tu mejor amiga.
-Estás de coña. No, no, a mí no, Paula.-hablaba más bien conmigo misma. La idea me causó tanta impresión que me martilleaban los oídos.
-Lo siento, Car. Estaba borracho, y yo un poco feliz de más- respondió nerviosa.- Me entró y cuando me di cuenta estaba abrazada a él. Lo siento. De veras que lo siento. ¿Sigues ahí?-preguntó preocupada.
-No. No sigo aquí. Para ti no.- contesté llorando.
-Car... ¡Lo si...!
Colgué antes de que pudiera explicarlo. Me derrumbé sobre mi cama. Joder, el chico me daba igual, ya que tenía a Jaime. Lo que me dolía tanto era la traición. Mi mejor amiga con mi ex-amor platónico. Era una falsa.
Con los ojos húmedos volví la mirada al ordenador y cambié mi estado.
"Ya no sé en quién confiar".
Era la frase más cierta del mundo, aunque nunca se me había pasado por la mente. Hasta entonces ella había sido fiel. Pero ya no.
-LA ODIO.
De repente noté como mi iPhone vibraba. Era un número que no tenía grabado. Debía de ser Jaime.
"Le voy a coger", pensé. "Así no me lo guardo todo dentro".
Le di al botón verde.
-Creí poner en el privado que era una perdida, no una llamada telefónica-me dijo la voz de Jaime. Se me escapó un sollozo.
-¿Podemos quedar? Por favor...-rogué.
Malditos silencios.
-¿En veinte minutos en el VIPS de Velázquez?-preguntó. ¿Cómo sabía que me quedaba tan cerca justo ese VIPS?
-Gracias.-contesté, lloriqueando.
-Nos vemos allí. No sufras-me pidió.
Colgué aliviada. Su voz era como un calmante para mi cuerpo.

17 jun. 2010

Capítulo 27: ¡Sorpresa!

Lo primero que hice fue tumbarme en mi cama. Mi preciosa, enorme, cómoda y adorada cama. "Dioooooos. Esto es lo mejor", pensé, adormilada. "Mucho mejor que una dura colchoneta en el suelo. Bueno, dura no. Digamos que ligeramente incómoda".
Los párpados se me iban cerrando poco a poco con la dulce melodía de "I Wish You Were Here" que tocaba mi hermano al otro lado del pasillo. Tocaba increíblemente bien. "Ojalá tocase yo así la guitarra...Es increíble".
Decidí levantarme de la cama, porque si no lo hacía después me iba a quedar dormida, y tan solo faltaba una hora, quizá algo más, para la hora de comer. Y además, por la noche no dormiría.
Me incorporé con un suspiro. "La vida es un asco. Nunca sabes lo que te deparará el futuro. Es como el Tetris: pensabas que todo encajaba a la perfección, pero de repente viene una pieza con forma de ceta. Esa pieza es difícil de encajar. Dos ya es un logro conseguirlo. Tres ya...absolutamente imposible".
¡Estoy loca!
-Malditas hormonas...-refunfuñé, mientras encendía mi MacBook. Puse la contraseña: PauCar. Paula, mi mejor amiga, y mi nombre. Lo sé, es mazo de obvia, pero ¿qué más da?. Total, no tengo nada de interés en los archivos.
Entré rápidamente al Tuenti que, por cierto, había cambiado el aspecto de la página de inicio.
-¿¡Otra vez!?-dije, indignada.-¡Esto es un asco! ¡El Tuenti es un asco! ¡Mi vida es un asco! ¡Los chi...!-entró mi hermano precipitadamente en la habitación.
-¿¡Dejas de hablar sola de una puñetera vez!? ¡Estás loca, tía!
-Vete a la mierda, Jorge.-le dije.-Mi habitación, mis normas.
-Verdaderamente estás jamada.
Se dio la vuelta, dando un portazo. Me encogí de hombros. Para entonces, el Tuenti estaba cargado ya. Cinco comentarios nuevos, trece peticiones de amistad, dos eventos, veinticinco etiquetas, y un mensaje privado. "¡Dios!".
Comencé por los comentarios. Todos eran de las niñas: (Ana Meléndez)¿Te vienes al cine mañana? Te quierooo ; (Claudia Senra)¿Os lo pasasteis bien sin mi, asquerosilla? ; (Ana Mirella)Tia, ¡tengo tu gloss!Te lo doy mañana; (Catalina Revira)Creo que hoy por la tarde voy a tu casa, ¿hablamos después?; (Elena Treixeda) Car, ¿agotada?. Después te llamo ¿va?.
"Que simpáticas son". Sonreí.
Fui a ver las peticiones. Todas ellas eran de los chicos de la fiesta. Me ponían en plan "carita feliz" o "holaa y carita feliz". Pero hubo una, la de Iván, que me sorprendió. "Car, ¿que te paso ayer? Te vi correr y se me rompió el corazón". Me quedé boquiabierta. ¿No me habría visto con Jaime?
Las fotos eran fantásticas: salíamos en todas de cine, menos la pobre Elena, que en una salía bizca, y con la boca abierta.
Fui a ver el mensaje privado. Era de Paula.
"Hola, Cacas. Veo que te lo estás pasando muy mal sin mí. ¡Qué mala amiga! :( jajaja, pero bueno, yo aquí me lo estoy pasando GENIAL ( ¬¬). Vuelve pronto a visitarme. Te quiero".
Le iba a contestar enseguida, cuando vi que recibía un privado de alguien desconocido.
Me quedé sin aliento.

Capítulo 26: Hipócrita

"-¿Sabes? Siempre me has gustado-dijo Gonzalo, mirándome.-Solo que pensaba que no te interesaría.
Le miré pensando que había oído mal.
-Es cierto, me gustas. Eres divertida, simpática, audaz, valiente, y la más guapa del mundo. Te quiero para mí, Carmen-me dijo, mientras me cogía la cara y me obligaba a mirarle. Bajé los ojos. Estaba demasiado nerviosa como para quedarme prendida de aquella mirada azul. Noté que hacía una ligera presión en mi cuello.
-Mírame, por favor...-rogó, con una voz extraña. Le miré, y vi que de repente era a Jaime a quien miraba. Me quedé tremendamente asustada.
-Dime que me quieres, por favor...-me pidió, con ojos tiernos. El corazón se me derritió. Pedía a gritos que le abrazara. Era muy mono, pero demasiado sensible. Aparté de nuevo la mirada.
-Oye, bonita, me manchas la cazadora. Deja de babear, y ven aquí.-oí que me ordenaba otra voz. Era Damon.-¿No vienes a besarme? Tienes ganas, admítelo...
Me dieron ganas de pegarle una bofetada, y a la vez una acuiciante necesidad de abrazarle. Los dos sentimientos antagónicos se turnaban en un círculo vivioso: atracción, repulsión, atracción, repulsión.
De repente los tenía a los tres rodeándome.
-Tienes que decidirte, Carmen.-dijo Gonzalo.
-Ven, Carmen. Te necesito para vivir.-pidió Jaime.
-Tía, no tengo todo el día. Escoge de una vez al que quieres.-ordenó Damon, con esa voz tan sexy.
Me sentí mareada. Los tres comenzaron a murmurar:
-Venga...No lo puedes retrasar más. Escoge...
-No puedo...¡No puedo! ¡No puedo! ¡No puedo! ¡No puedo! ¡No puedo!..."

-¡NO PUEDO! JAGONDA... ¡NO PUEDO!-grité. Esto provovó que las chicas se asustaran.
-¡Car! ¿Estás bien? Solo ha sido un sueño. Todo va bien.-me tranquilizó Ana.
-¿Qué hora es?-pregunté, confusa.
-Las diez y media. Un poco temprano, pero en fin.-protestó Marta.
Suspiré. Me di cuenta de que estaba empapada en sudor.
-Estoy bien.-respondí, tras unos segundos de respiración entrecortada.
-¿Qué has soñado, cielo?-me preguntó Elena.
Decidí que mentir era la mejor solución.
-Nada, creo que he cenado mucho.
Se rieron.
-¡Para el chillido que pegaste, probablemente te cenaste toda la comida de la fiesta!-bromeó Patri. Decidí seguirles la broma y dejar que el tema se fuese alejando.
Fuimos a desayunar unas deliciosas tortitas que preparó Cata emocionada, y entre risas y manchas de masa se nos pasó el tiempo volando.
Nos vestimos y el tío Luis nos vino a recoger hacia las doce.
Mientras volvíamos, Cata me preguntó:
-Soñabas con Gonzalo y Damon, ¿verdad?-adivinó. Me puse colorada.
-¿Cómo lo has adivinado?-pregunté, en voz baja.
-Cuando te despertaste, gritaste algo asi como "Ja-Gon-Da". Gon-zalo, y Da-mon. Pero, ¿Ja...?
Me puse mazo nerviosa.
-No lo sé, la verdad. Ni siquiera me acuerdo de lo que soñé.-mentí. Me puse colorada.-De veras.
Sonrió. "Se ha dado cuenta".
-No me extraña, ¡tienes unos sueños más raros que la permanente de Mara Siempoi!-nos reímos.-Sabes que me puedes contar lo que sea, ¿verdad?
Asentí.
-Eres mi prima, te contaría todo-contesté. Me sentí fatal.
Me dio la mano, y me la apretó cariñosamente.
-Lo sé-se limitó a responder ella.
Mientras decía esto ya habíamos llegado a mi casa. Me bajé del coche y agité la mano hacia él hasta que se habían alejado.
Me apresuré en llegar al portal rápidamente. Estaba Julián, el portero, barriendo la entrada y silbando.
-¡Buenos días, bonita! ¿De fiesta?-me saludó alegremente.
-Exacto, Julián. Qué avispado es-respondí, riendo.
Se carcajeó.
-Ay, niña, yo también fui joven..Hace mucho, mucho tiempo lo fui...Qué tiempos aquellos...
Le dejé solo con sus pensamientos mientras pulsaba el botón del cuarto en el ascensor. Me miré al espejo, observando mis ojeras, las cuales demostraban la nochecita que había pasado. "Ser adolescente es duro" pensé con amargura. Mientras lo hacía, se abrieron las puertas del ascensor. Salí y llamé a la puerta. La abrió Jorge.
-Joder, Carmen, ¡qué desconsiderada! Mira que llamar a estas horas...-comentó mi hermano, quejándose.
-Ya era hora de que te levantaras. Es la una menos cuarto. ¿Y mamá?
-Se fue al Corte Inglés a hacer la compra. Pero me dijo que te dijese que le ordenaras tu habitación.
-Vaaaaaale. Ya voy.-suspiré.-Pero después voy a estar en el portátil. Si me necesitas estaré en mi cuarto.
-Te echaré de menos.-respondió, burlón. Le ignoré y entré en mi cuarto.

Capítulo 25: Dudas existenciales

La noche se me hizo eterna. No podía parar de pensar. Maldito Damon. Jaime era especial, divertido...¿Gonzalo qué era?. Tenía la mente echa un lío. ¿Cómo se puede estar con tres tíos en la cabeza en una sola noche, o para ser más exacta, en dos horas? Era estadísticamente imposible. Claro que la imposibilidad a mí me va mucho.
Después de la fiesta ayudamos las cinco (Patri, Ana, Elena, Cata y yo, porque Claudia se tuvo que ir antes), a ayudar a Marta a tirar todas las botellas y bandejas de papel en los contenedores de enfrente de su casa. No miré a Cata en toda la noche. Sabía que estaba celosa, lo tenía claro. El caso es, ¿por qué?. Ella siempre ha sido la guapa, la perfecta, la atlética, la alocada, el centro de atención de los chicos y la envidia de las chica. En las reuniones familiares era ella la que recibía los halagos por sus actuaciones de piano. Yo siempre me había mantenido en un segundo plano. ¿De qué tenía envidia?. Aunque podía ser por Damon (que es lo más seguro) aquella envidia amarga parecía venir de antes. ¡Era ella la que se llevaba el triunfo siempre!
Hablamos sin parar durante la noche, entre bolsas de palomitas y lacas de uñas. No les conté lo de Jaime, para no echar más leña al fuego. Cata ya me "odiaba" lo bastante. Espero que mañana se le pase.
Me preguntaron por Damon, por supuesto. Cata se había ocupado de que nadie se quedara sin enterarse.
-¿Cómo te fue con el pivón?-me preguntó Elena.-¡Qué envidia!
-No fue para tanto-contesté, quitándole importancia al asunto. Todas se rieron de mi ocurrencia.
-¡No fue nada, dice la gallega!-dijo Patri, levantando una ceja.-Quién me diera besar esos labios, abrazarme entre sus músculos, acariciar su suave pelo...-iba a seguir desvariando cuando Ana le tiró un almohadón.
-¿Besa bien?
-¿Cómo huele?
-¿Tiene el pelo tan suave como se dice?
Mientras las chicas me hacían estas preguntas, me hice un poco la aloca. Empezaron a hablar entre ellas. Cata se me acercó y susurró:
-No les he contado que te engañó. Dame las gracias por lo menos.
-¿Gracias?-contesté por lo bajini, sin comprender.-Pero ¿qué importaría?-me miró con incredulidad.
-Es mejor que no lo sepan, por tu popularidad. Te hundirían-me miró con compasión-Yo sé de este mundo mucho más que tu, Car. Sé como es de cruel. Hazme caso y todo te irá de perlas.
Me volvieron a preguntar, y les contesté. Intenté olvidar aquella conversación, pero la tengo a fuego en la mente. Hablamos de todo, y a las seis o así nos dormimos. Yo más bien, me quedé mirando al techo. "¿Me fastidiarían la vida? Son mis amigas...¿no?" Me quedé alucinando con lo que me dijo Cata. "¿Y si me miente? No sería raro." Por otra parte, ¿para qué? Estaba echa un lío. Tres chicos, cada uno totalmente distintoo de los otros. Jaime: dulce, comprensivo, divertido. Mi "príncipe de brillante armadura". Mágico. Sonreí. ¿De dónde habrá sacado la flor...?
Gonzalo: simpático, amable, encantador. Gallego. Tan mono...
Damon: un auténtico capullo. Engreído, egocéntrico, repelente. Pero su beso fue demasiado para mi cuerpo. Me hizo sentir...
Ahogué un suspiro de desesperación. "Jaime, Gonzalo, Damon. ¿Por qué no os vais a la porra? Dejadme vivir en paz."

16 jun. 2010

Capítulo 24: Apoyo moral

Miré con desconfianza al chico que tenía delante. Pelo oscuro, piel bronceada, ojos verdes jade. Alto, atlético, y me miraba fijamente.
-¿Qué te hace pensar que necesito un Kleenex?-pregunté, medio pensando en voz alta. Me miró con curiosidad, con un brillo en la mirada.
-Veamos: estás aquí sola, sucia y ojerosa, con los ojos hinchados, un vestido desperdiciado y el rímel corrido. Además tienes una cara de tristreza impresionante. ¿qué te hace pensar que no necesitas un Kleenex?-me imitó. Me reí sin ganas (nunca lo reconoceré, pero me hizo mucha gracia). Le miré inquisitivamente.
-Eso lo puedo entender, pero ¿qué haces aquí fuera en vez de disfrutar de la fiesta?
-También es fácil, por compasión. Te vi aquí sola, llorosa, y decidí venir a salvarte.
Ignoré la última parte. ¿¡Compasión!? Le miré con incredulidad.
-¿¡Compasión!? Pues para eso no estés conmigo, que tengo mejores cosas que hablar con un borde como tú-respondí dolida. Me iba a marchar, pero se me puso delante. Suspiré con impaciencia.
-Si no te importa, me quiero marchar de aquí. Gracias, ha sido un placer conocerte-comenté destilando ironía. Me miró seriamente. Me cogió la cara y me obligó a que le mirara.
-¿No atendiste a la última parte, querida? He venido a salvarte, ¡soy tu caballero de la brillante armadura!-hizo un gesto dramático, tan gracioso que me tuve que morder la lengua para no reírme. Quería ser dura con él.
-Tú tampoco a la mía, ¿no, "querido"?. Ha-sido-un-placer-conocerte. Se suele decir cuando en realidad ha sido un completo aburrimiento. Así que, HA SIDO UN PLACER CONOCERTE. Ciao.
De repente, cuando me estaba dando la vuelta, me cogió del brazo y me atrajo hacia él. Me quedé sin palabras.
-Lo mismo digo-me susurró. Acercó la mano a mi oreja y sacó (no sé de donde) un hibisco rojo precioso, el más bonito que haya visto jamás. Me lo dió, sonrió y dijo:
-Para que no se te empañe la cara de tristeza- mientras lo decía, se giró y se dirigió a la puerta. Estaba abrumada. Me acordé de que no sabía su nombre
-¡EH! ¿Cómo te llamas?
Soltó una carcajada y gritó:
-¡Jaime! ¿Tú?
-¡Carmen!-grité, riendo. Él me coreó.
-¡Ya nos veremos, Carmen!
"Ya nos veremos" pensé con dulzura mientras olía el hermoso hibisco. "Eso espero, Jaime. Eso espero".

Capítulo 23: Revelaciones

Llegué hasta una habitación enorme, llena de abrigos y bolsos (deduje que era el vestidor). Allí estaba Cata, temblando, de espaldas a la puerta.
-Cata, ¿a qué ha venido eso?-le pregunté. Me miró y vi que tenía rímel corrido, y la mandíbula en tensión.
Se dio la vuelta rápidamente y me dijo:
-No era bsussjsblos-murmuró. Lo último no lo entendí. La miré extrañada.
-¿Qué? Tía, habla más alto, que no...
-¡NO ERA GONZALO! -me gritó. Me quedé de piedra, mientras ella se puso morada después de gritar.
-¿Cómo...qué?-pregunté, confusa.-¿Qué quieres decir?
-Dios Carmencita, ¿eres idiota?-me preguntó, y su voz destilaba irritación.-El tío con el que has estado NO ERA GONZALO.
Me quedé con la boca abierta.
-¿Como coño no va a ser Gonzalo? ¡LE ACABO DE BESAR, ERA ÉL!
-Lo siento, Car. No es Gonzalo. Es su hermano, Damon. Como son iguales, cuesta distinguirlos, pero estoy segura de que era Damon.-la odié. ¡Venga ya! Eso no se lo creía nadie. Parecía el mítico guión de telenovela argentina que ponían en Antena punto Nova.
-Ya, fijo. Lo que estás es celosa, porque estás enamorada de Gonzalo.-se quedó blanca, y comenzó a temblar. "Ahí la he jodido" pensé con siniestro placer.-¿Crees que no se te notó? ¡Solo te faltó tirarte encima de él en el club, por favor! Tía, no te tenía por tan celosa.
Me miró con pena.
-Lo siento, Car, pero es cierto. No-es-Gonzalo. Es su hermano. Te ha engañado. Te estoy diciendo la verdad. A ver, ¿por qué demonios te iba a engañar? Por mucho que me doliese, eres mi prima. ¡Tu felicidad por delante! No lo jodería todo por un chico. Y si fuese mentira lo que estoy diciendo, que no lo es...,-remarcó.- Te acabarías enterando, y se descubriría mi mentira. Créeme, por favor. Te ha engañado. Era Damon.
Se me paró el corazón. Los ojos se me inundaron de lágrimas.
-Pues dile que es un hijo de perra-murmuré, y me fui corriendo. Cata me miró horrorizada por lo dura que había sido.
-¡Car! Ven, lo siento.
La ignoré, y corrí, corrí, corrí hasta desfallecer. Me rompí un tacón, y me caí en medio del pasillo. Un grupo de chicos se me quedaron mirando, pero les ignoré. Me fui a esconder al rincón más apartado de la finca, pensando en el ridículo que acababa de hacer. ¡Joder, será hijo de perra! Damon, ese maldito chico que me ha humillado, que me hizo sentir viva...Todo se desmoronó en cinco minutos. Solo tenía ganas de llorar.
Me senté en un banco de piedra, al lado de la pared. Enfrente había una fuente, y me lavé en ella la cara y las piernas. Me volví a sentar, desconsolada. Oía desde allí "Poker Face", y a gente reír, pasárselo bien."Odio a Damon. Es mentiroso, descarado, insolente atrapachicas, ¡gilipollas! Pero besa tan bien, me hizo creer en que me quería...". Sollozé. "La vida es una mierda".
De repente vi unos ojos verdes enfrente de los míos. Unos ojos compasivos, y una mano amable que me ofrecía un paquete de Kleenex.

11 jun. 2010

Capítulo 22: Quiero

Me tapé la cara inmediatamente. No quería que me viese llorar.
-¿Q-qué haces aquí?-pregunté, con voz temblorosa. "Mierda".
-Lo mismo que tú-contestó, calmado.-Estoy en una fiesta, harto de que atosigue la gente. Vine al jardín a acordarme de la gente que no está hoy conmigo. ¿No es lo que estás haciendo tú?
Me quedé helada. ¿Cómo demonios lo sabía...?
-Pero en fin. No me esperaba verte aquí...-me dijo, mirándome. Me sonrojé. Era él, estaba a mi lado, al fin. Todas mis ansias por verlo se convirtieron en ansias de que me besara. Era tan perfecto...Llevaba una camisa azul, unos pantalones beige (le quedaban perfectos, como todo en él), y unos bonitos mocasines marrones. Sus ojos zafiro estaban fijos en los míos. Desvié la mirada nerviosa.
-Ni yo a ti, ha sido una sorpresa-intenté ocultar mi nerviosismo y mi mentira sonriendo pícaramente, algo impropio de mi personalidad.-¿De qué conoces a Marta?
-Es amiga mía desde hace un tiempo-dijo distraídamente, mirando mis labios. Sentí que el corazón me estallaba.-¿Y tú?
-Viene conmigo al colegio-dije, con voz temblorosa. "Mierda. Mierda, mierda, mierda. Soy absolutamente predecible."
Me cogió un mechón de pelo y comenzó a jugar con él. Le miré a los ojos.
-¿Qué haces?-pregunté, entre susurros. Se rió entre dientes.
-Decirte sin palabras que quiero besarte.-me dijo, sonriendo. Me quedé de piedra. ¿Acababa de decir lo que creía que acababa de decir?
Se fue acercando poco a poco a mí, hasta que nuestras labios quedaron a pocos milímetros. "Esto no es posible...Es mentira. Me he desmayado, esto es un sueño. No, no es posible. ¡Dios, está tan cerca! Madre mía, ¿me va a...?"
-Yo también quiero besarte-susurré. No es posible que yo haya dicho eso.
-Perfecto.-dijo, con una sonrisa.-Así no tengo que robártelo.
Me cogió la cara, y la acercó bruscamente a sus labios. Ahogué un grito. En lo primero en lo que me fijé fue en su olor. Olía a menta. Era...no puedo explicarlo. Besaba genial. Pero había una especie de emoción fuerte entre aquellos besos. Un odio, una rabia, que me hacía temblar. Pero a la vez era un pobre niño asustado, con miedo a que le dejara solo. Pero ésto último creo que me lo imaginé, porque no le pegaba para nada. Cada vez nos íbamos acercando más. Le acaricié su sedoso pelo rubio, y él me cogió por la nuca. Fue increíble. Notaba que algunos grupos de chicas nos miraban con envidia, pero me dio igual. Yo estaba en el séptimo cielo, o en el octavo, si cabe. Sus labios eran suaves, y acariciaban los míos con furia. Era tan perfecto, tan...No hay palabras para describirlo. Era...Dios, parece que no tengo vocabulario, pero tendríais que haber estado allí.
Como era de esperar, el beso terminó. Me acurruqué en sus brazos, temblando. Aquel fue el mejor día de mi vida. Perfecto. Insuperable.
Permanecimos como diez minutos abrazados, y él se levantó. Mis brazos le buscaron, pero se tenía que ir. Sonrió.
-Cuando se lo cuente a mi hermanito...-rió con placer, en voz baja. No comprendí el significado de sus palabras. De repente, me miró con dulzura.-Déjame tu móvil, princesa-susurró. Se lo dí y me escribió su móvil. Le puso el nombre y todo. Me lo devolvió a los dos minutos.-Te he guardado mi número, y el otro móvil. Si no cojo, llámame al segundo. ¿Me das el tuyo, cielo?
Se lo escribí en su móvil. Se lo devolví, y me sonrió. Se acercó a mi oreja y me susurró:
-Volveré. Pase lo que pase, no olvides lo que has sentido esta noche.-tras decir estas misteriosas palabras, se dio la vuelta y se marchó. Me quedé sola en el jardín. Corrí a contárselo a Cata.
-¡¡Cata!! ¿¡A que no sabes con quién he estado!?
Me miró con rabia.
-¿Lo sabes tú?-me dijo, mientras se marchaba, sacudiendo la cabeza. Me volví hacia la puerta. ¿Qué había querido decir? ¿Estaba celosa?. Me dirigí hacia donde se había marchado y la seguí.

Capítulo 21: Cuenta atrás

Entramos en la casa de Marta, y nos guió hasta la cocina. La enorme encimera estaba llena de platos de jamón serrano, botellas de Champagne bueno y cacahuetes de bote. Era una mezcla algo extraña, y me quedé mirando a los cacahuetes extrañada. ¿Qué pintan cacahuetes aquí, entre jamón serrano y foie? "Son gente rara", pensé. "A pesar de ser muy "cool", les encantan los cacahuetes como a la gente normal". Me sentí intimidada al pensar en la gente que iba a estar allí. ¿Qué demonios voy a hacer, cómo me voy a comportar...? Y lo más importante, ¿qué sucederá cuando vea a Gonzalo? ¿Sonreiré, me desmayaré, gritaré, me iré a esconderme en el baño...? Estoy paranoica.
Marta ya estaba totalmente recuperada, feliz y emocionada. Le ayudamos a colocar todo en el salón. Aun así no había mucho que hacer. La entrada estaba maravillosa. Unas escaleras de mármol preciosas estaban al fondo. La estancia estaba iluminada con bolas de luz en las escaleras y en el suelo. Había cuencos con bombones por doquier. El salón, igual de increíble. El suelo estaba recubierto por una gran alfombra, y confeti tirado por las mesas, los sofás y el suelo. Había copas heladas en una mesa auxiliar al fondo de la estancia. Desde el sofá se veía al frente una gran puerta corredera de cristal, que daba a la terraza y a la piscina, y ésta tenía también las mismas bolas de luz que estaban en el recibidor, iluminando el inmenso jardín. Era impresionante. Recordé lo que era una fiesta en mi antiguo hogar: poca gente, en un garaje con patatas fritas y pizza a domicilio. Si vieran esto me encasillarían de pija. Tal vez tengan razón. O quizás solo sean celos. Realmente me daba igual. Ésta era la vida que quería.
Poco a poco, cuando acabamos de organizarlo todo y dar los últimos retoques empezó a llegar la gente. Llegaron primero, como habíamos acordado, las de siempre. Estaban todas increíbles; Claudia llevaba un vestido verde precioso, que resaltaba sus ojazos, y unos botines de cordones de cuero; Elena llevaba un vestido beige muy corto con zapatos grises; Ana con una falda alta de flores y una básica, y sandalias planas; y Patri iba con un pantalón bombacho de rayas, muy indie, una camiseta con mensaje en letras negras, y bailarinas. Parece que no, pero iba genial. Su mezcla alocada de estilos hacía que la gente se girara a su paso, pensando "¡qué estilazo!". Hacía mezclas inesperadas, extrañas y diferentes, pero que quedaban increíblemente bien. Aunque, bien pensado, a alguien que no fuera ella le quedarían fatal.
Empezó a llegar la gente cuando llevábamos diez minutos todas juntas, y Marta cogió su iPod, lo enchufó a la base, y lo puso en modo aleatorio a todo volumen. "Disturbia", de Rihanna. Me sonrió encantada.
-¡Ahora sí que empieza la fiesta!-gritó, encantada. Los invitados la corearon con gritos y aplausos.
La fiesta comenzó genial, todo el mundo bailaba al ritmo de la música, o más bien se balanceaban al ritmo de la música. Quien no estaba bailando estaba en un rincón cotilleando en un grupillo.
Cata me presentó a muchísima gente, a algunas ya las conocía del colegio, pero había chicos y chicas de Los Sauces, el Británico, el Alemán y, por supuesto, los guapísimos del Retamar. Me presentó a todos los buenorros de la fiesta, y bailé con todo el mundo. Estaba eufórica, nunca me había sentido así. Bailaba como una loca y los chicos me hicieron un corro conmigo en el medio. Iván, uno de los más guapos, entró en el círculo y nos pusimos a bailar. Me lo pasé tan bien que ni me acordé de Gonzalo. Nos hicimos miles de fotos, y me encantó que todo el mundo me acogiera con tanta normalidad. Era como si hubiera vivido allí desde siempre. Todo el mundo me hacía preguntas; era el centro de atención de la fiesta, después de Marta, claro. Respondí a todas las preguntas entre risas y anécdotas divertidas de allí.
En un momento en el que me conseguí deshacer de la gente que me atosigaba (acaba cansando un poco), salí al jardín. Me senté en uno de los sofás del jardín. Había varias parejas acarameladas, pero no me importaba. "Me lo estoy pasando de miedo. Cuando se lo cuente a Paula, se va a morir de la envidia".
Cogí mi móvil, y le mandé un mensaje. "stoy en la fiesta + increíble del mundo. tíos buenos, chicas súpr simpáticas, y yo soy el centro d atención. 1000 fotos. Se morirán d envidia cuando las vean! xd aunq t echo d menos...mañana t cuento. xoxo: C.".
Suspiré. Habría sido ocho mil veces mejor si ella estuviese a mi lado. Me sentí algo sola, recordando los momentos juntas. Se me lleneron los ojos de lágrimas. "No es lo mismo sin ella..."
Ahogué un grito cuando noté que había alguien detrás de mí, observándome. Era un muchacho rubio, con los ojos azules preciosos. Me quedé sin aliento, el corazón se me detuvo.
-Gonzalo...-susurré.