21 sept. 2010

Capítulo 35: Celos

Miré impresionada al baboso, tirado en el suelo, gimiendo de dolor después de que Damon se le tirase encima. Éste se había levantado del suelo y se estaba limpiando el polvo de su cazadora negra. Le cogí de la mano y, tras darle un pisotón en la espalda al baboso y una bofetada al orangután me alejé con él hasta el otro lado del local.
-Muchísimas gracias, Damon. De verdad, te lo agradezco.
Él hizo un gesto de indiferencia con la barbilla.
-Lo habría echo por cualquiera.
-Pero lo has echo por mí-puntualicé, aguda.- Por lo que, repito, gracias. Te debo una.
Me miró irónicamente.
-Me debes dos, guapa. Una por lo de ahora, y otra por la bofetada de esta tarde.
Mis ojos se oscurecieron.
-Y tú me debes dos por jugar conmigo anoche. Así que estamos en paz.-dije, de mal humor. Se rió entre dientes.
-Cierto, ya no te debo nada. Así que adiós, y ten cuidado con los borrachos.-cuando se iba a marchar, se dio la vuelta de pronto y me dijo:- Pero no niegues que te gustó...
Cuando iba a responder Damon había desaparecido entre el gentío. Suspiré. Estaba en lo cierto, me había gustado mucho... pero porque pensaba que estaba besando a Gonzalo. ¿O me gustó después de saberlo...? ¿Me siguen gustando esos besos? "Ni idea. Pero tengo a Jaime, no necesito nada más..." pensé feliz. Me dirigí hacia la terraza de nuevo y vi que Jaime se me acercaba rápidamente.
-¡¡CARMEN!! ¡Me acababan de decir que Tomás te estaba molestando! ¡Que te estaba... SOBANDO! ¡¿Estás bien?!-preguntó, nervioso. Me entró tal alivio, que lo primero que hice fue besarle. Él, sorprendido al principio por mi iniciativa, abrió mucho los ojos, pero luego los cerró y me apretó a él. Le acaricié la espalda, y después de una seguida racha de escalofríos de placer, me separé. Se quedó con ganas de más (lo vi en su mirada decepcionada), y le agité el pelo castaño con la mano.
-Damon me ayudó. Vio que estaban intentando abusar de mi y le dio una lección. Me salvó, por decirlo así.
-¿Damon? ¿Damon Fiornucci? ¿Él te ayudó? Ahora estoy mucho más sorprendido... No suele hacer nada que no le beneficie de algún modo, es un mal tío.-lo dijo con tanto odio en la voz, que pensé que era mejor que no se enterase de que él era el causante de mis lágrimas la noche anterior.
-Pues lo hizo, y le di las gracias. Dijo algo en plan de que lo haría por cualquiera, y se fue.
-Pues te mintió. No lo haría por cualquiera, probablemente le caigas bien, o quiera...-dejó la frase en el aire y frunció el ceño. Sonreí dulcemente y le cogí la cara con las manos.
-No seas tonto. Al único al que quiero abrazar de todo el mundo es al chico que tengo delante. Y a nadie más. Solamente a él.
-Pues me han dicho que es un celoso, aunque muy guapo-dijo, riéndose. Sonreí aún más ampliamente.
-Pues dile que no tiene por qué estarlo, estoy loca por él. Y... es terriblemente guapo.
Me sonrió, con su sonrisa ladeada que me volvía loca, y me besó lentamente. No fue un beso como los otros: enloquecedor, de esos que te ponen el corazón a mil por hora, apasionados. El beso que estaba dándome en ese instante era íntimo, tímido y muy, muy dulce. No por ello era peor, en realidad me gustaba mucho más que cualquier beso que me hubieran dado antes. Era adictivo, y con cada segundo que pasaban sus labios sobre los míos estaba más y más enganchada al olor de su aliento, al tacto de sus manos suaves acariciándome, al sabor de su boca. Más enganchada a él, a Jaime del Campo Rivera, mi novio, el chico que lo había dado todo por mí.
Alguien carraspeó incómodo, y nos separamos rápidamente. Era una pareja de chicas bien vestidas con cigarrillos en la mano.
-Perdonad la interrupción, pero... ¿nos dejáis pasar?-dijo la más alta. La otra se rió como una tonta. Jaime les miró cabreado y yo me puse colorada, y miré hacia abajo.
-Perdonadme, Sofía, Tamara. No pretendíamos... no pretendía "molestaros". ¿Os he presentado a mi novia?
La bajita se crispó.
-Me importan poco tus novias, son todas unas gilip...
-Tami, tranquilízate.-dijo la alta (deduje que era Sofía) y me miró con odio.- ¿Tú eres...?
-Carmen, Car para los amigos. Pero podéis llamarme Carmen.-dije, de mal humor. Jaime se empezó a reír y Sofía me miró indiferente.
-Por supuesto, no pretendía ser tu amiga de modo alguno. Hasta la vista, "Car"-dijo, irónica. Se volvió a Jaime y le dijo:- Y tú... Que te jodan.
Se fueron las dos muy dignas, y yo me eche a reír.
-¿Quiénes eran esas? ¡Menudas idiotas!-dije, divertida. Me sonrió divertidísimo.
-Mi ex, Tamara, y su mejor amiga. Ella me puso los cuernos, y la dejé. Desde entonces me odian las dos.
Solté una carcajada incrédula.
-¡¿ELLA te odia?! ¡Qué morro!
-Es lo que hay... Pero espero que eso no me pase contigo...- comentó, serio. Me abracé a él.
-No te pasará. Te quiero, ¿recuerdas? Solamente a tí.
Oí su grave risa mientras me abrazaba y me ponía los labios en el pelo. Me dio un beso, y me cogió la mano.
-¿Volvemos a la pista?-dijo. Asentí, feliz.
Llegamos, y nos pusimos en el centro de la pista. Qué tengo que hacer. Una de mis canciones predilectas, porque con ellas podías seducir, y, lo que es más divertido... "perrear".
Nos pusimos a ello, y bajamos hasta el suelo. Allí abajo, me dio un pico, y procedimos a subir, muy despacio. Bailé hasta hartarme mil canciones. En fin, las pongo porque me acuerdo tan solo en las que me besé con mi novio. En aquellos momentos entre estribillo y baile pegados me encontraba con un Jaime salvaje, sexy, atrevido. Un Jaime que, como cualquiera de sus facetas, me volvía loca.
En un momento dado tuve que ir a la barra a por algo. Me preguntó si quería que me acompañase, pero me negué. Necesitaba un par de segundos para airearme, y sobre todo para creerme que todo lo que estaba pasando aquella noche era real.
Me acerqué al camarero y le pedí Licor 43. "Estoy bebiendo demasiado..." pensé, mientras el camarero se daba la vuelta para prepararme la copa. "La última y ya", me decidí.
Se me acercó con la copa en la mano y me la tendió. Murmuré un simple "gracias" y salí a la terraza a pensar en mis cosas.
-¿De nuevo tú por aquí? ¡Voy a empezar a pensar que me persigues!-oí a Gonzalo decir. Resoplé.
-¿Perdona, Fiornucci? He salido a tomar el aire, eres TÚ el que me persigue a mí... ¡Déjame tranquila!
-Lo siento, no me muerdas, fiera.-dijo, cauteloso. Para liberar tensiones me reí.
-Bueeeno... ¿Y qué tal tu noche?
-¿Me preguntas a mí?-dijo, serio.- La mía bastante mala...
Alcé las cejas, sorprendida.
-¿Ah, sí? ¿Por qué?-pregunté mientras le daba un buen sorbo a mi copa.
Me miró a los ojos.
-Porque la chica que quiero tiene novio.
Me quedé muy pillada, y casi escupo el licor. "¿Qué acaba de decir...? ¿Va por mí? ¡Dios mío!"
Como vio que no añadía nada, me sonrió.
-Tranquila, no voy a fastidiaros la relación ni nada...-dijo, calmado. Suspiré de alivio, aunque el corazón me seguía latiendo a mil por hora.- ¿Te puedo dar mi número?- asentí, y le tendí el iPhone. Mientras apuntaba su número siguió hablando.
-Pues, cuando quieras llamarme, ya sabes...-de repente la mirada se le ensombreció.- Vaya.
-¿Qué pasa?-pregunté. Me tendió el iPhone.
-Ya tienes grabado mi número... Pero pone Damon 2.
"¡MIERDA! ¡Maldito Damon!"
-Sería Damon, ayer en la fiesta...-intenté desviar el tema. Me miró como si le estuviera tomando por idiota.
-Querida... Carmen... Sé de sobra que ayer estuviste con mi hermano... ¿Crees de verdad que no me lo restregó?
Me quedé helada. "¡PUTO DAMON!"
-Ahh... ¿te lo dijo?-pregunté en voz baja. Asintió.
-Me dijo que te había gustado. Creí que... no sé, que a lo mejor tenía posibilidades, ya que mi gemelo lo había echo, quizá yo...-hizo una pausa, pensativo.- Pero te vi hoy con Jaime, y casi me muero de la envidia. Dime, ¿él lo sabe?
Negué con la cabeza.
-Pero se lo pienso contar, no hace falta que digas nada.-dije, de mal humor. Me miró incrédulo.
-¿De verdad crees que soy tan capullo como para ir a contárselo?
Me encogí de hombros.
-No te conozco.
-Y no sabes cuantísimo lamento eso...-dijo, despacio. Giré la cabeza.
-Quiero a Jaime. Lo siento. Lo de ayer fue un auténtico error. Nunca me hubiera liado con Damon, me entró y estaba "contenta"...
-No me tienes por qué dar explicaciones.
Me di cuenta de que tenía razón.
-Sí, no te tengo que explicar nada.
Se rió.
-Eres graciosa.
-Gracias.
-¿No estás muy cómoda con esta conversación?
-No mucho, la verdad.-dije, mientras apuraba mi copa. Se encogió de hombros.
-Pues, si quieres, márchate.-replicó solamente.
-Lo debo hacer, me estará esperando mi nn...-dudé en la última palabra. Sonrió dolido.
-Tu novio.
-Sí...-de repente me sentí fatal. Se levantó conmigo, y me tendió la mano.
-¿Amigos por lo menos?
Se la cogí y nos dimos un apretón.
-Claro...-dije, insegura.
-Nos vemos, "amiga"-se despidió, feliz. Me fui un poco incómoda. Miré el reloj: las tres menos cuarto. "Buscaré a Jaime y nos iremos" pensé. Me adentré en la discoteca sin percatarme de que unos ojos azules muy brillantes me seguían con la mirada hasta que desaparecí entre el tumulto de gente.

17 sept. 2010

Capítulo 34: ¡Menuda movida!

-Lo conseguí...-susurré, sonriendo ampliamente.
-Sí, querida. Conseguiste ponerme terriblemente celoso.-dijo una voz, a mi lado. Miré sorprendida al chico que tenía delante, todo vestido de negro y con un deje molesto en la mirada. Le observé, incrédula.
-¿Qué...? Tú...-susurré, sorpendida al ver quién era el que me había dicho aquello.
Era...

-Tú...-susurré, muy, muy confusa. ¿Qué demonios pasaba?
-Si, yo.-dijo el chico, muy serio.- ¿Por qué besas a ese tío? Es un chico sin más, hay personas que quieren besarte con muchas más ganas.
Me enfadé.
-¡A ver, entrometido! Yo beso a quien me da la gana, porque para eso es mi vida... ¿no crees? No contestes. Y me da igual cuántos chicos quieran liarse conmigo, lo único que me importa, EL ÚNICO QUE ME IMPORTA, está en la barra, trayéndome una copa.
-¿Estás segura de que él es el único que te importa? Porque, si yo fuera mi hermano, me habrías echado a patadas. Pero, ¿por qué a mí no? Venga, no soy tonto. Sé que conoces a mi hermano.
-Porque tu hermano Damon me cae mucho peor que tú.-contesté, gruñona.- Porque él es un maleducado, y tú no.
Gonzalo sonrió, halagado.
-¿Es un cumplido? Me lo tomaré como tal.-se sentó en el sillón a mi lado y me cogió una mano.- De veras, Carmen, me has atraído desde el principio...
-¿De verdad? Pues, si te he gustado desde el primer día, en el Club de Campo, ¡menudo empeño que pusiste para conocerme!
Se quedó callado de repente.
-He tenido que atender diferentes asuntos... muy "espinosos". Por lo que no he tenido mucho tiempo para la vida social.
-Bah, menuda excusa, chato.
-Es cierto. ¿Te digo la verdad? Mi madre acaba de fallecer- dijo con un tono amargo.- Y no me pude despedir de ella...
Me quedé muda. "¡Mierda, la he cagado bien!"
-Oh... Lo siento, Gonzalo. En serio. Sé como te siemtes...-dije, intentando animarle, cosa que causó el efecto contrario.
-No lo sabes.-dijo, muy dolido. Le puse la mano encima de la suya, haciendo una extraña torre de tres manos.
-Ánimo, ¿vale? Estoy aquí para lo que quieras.
Me miró tristemente.
-Justo, para lo que quiera... No te veo muy dispuesta.-insinuó. Negué con la cabeza.
-Tengo novio, Gonzalo... Lo siento.-justo dije esto y apareció Jaime con dos copas en la mano para nosotros y una mirada fulminante para Gonzalo.
-Hola, Fiornucci. ¿Conoces a mi novia Carmen? Es genial, ¿a que sí?-dijo, mientras me tendia la copa y me rodeaba con el brazo, en gesto posesivo.
Se quedó muy pillado.
-Es perfecta. Hacéis una pareja increíble.-dijo, con un tono mucho menos convencido en la segunda parte. Sonreí incómoda, y Jaime le tendió la mano.
-Gracias, Gon. ¿Cuanto tiempo, eh?- dijo finalmente, más animado. Se embarcaron en una conversación un poco más natural y sin rencores, y mientras tenían su charla aburrida sobre fútbol, murmuré:
-Voy al baño... ¿Va?
Me levanté incómoda con los tacones matándome, y entré en el edificio. A esa hora (la una menos diez) estaba muy lleno, much más que cuando llegué. Pero la mecánica era la misma: muchos círculos de gente hablando o balanceándose al ritmo de la música. Era divertido ver a los notas que bailaban de pena, y a los míticos gallitos perreando fatal delante de las chicas para fardar de culo. Era tronchante.
Riéndome sola, entré en el baño y vi a una chica encogida llorando delante del espejo. No le podía ver la cara, pero sí oír sus sollozos. Me dio una venada de compasión y me acerqué a ver qué era lo que le pasaba.
-Ey, hola. Mira, ¿estás bien?-pregunté incómoda. La chica pegó un salto, y miró desconfiada hacia mí. Era guapa: pelirroja con el pelo rizado muy largo, ojos azules muy claros, y altísima. Llevaba un vestido verde jade que le sentaba perfecto, y le hacía parecer un poco más morena (ya que era tan blanca como la leche). Tenía la cara a manchurrones de rímel que tapaban sus bonitas pecas, y una cara de tristeza inmensa.
-Hola.-dijo, compungida. Me acerqué a ella despacio.
-Oye, ¿te pasa algo?-pregunté compasiva. Asintió lloriqueando.
-Mi novio me ha dejado. Tomás dice que soy muy niña para él.-al acabar la frase se echó a llorar desconsoladamente. La abracé.
-Ese tío es gilipollas, ya verás, encontrarás a alguien de verdad, tranquila, no llores, estoy aquí para consolarte...-dije de golpe, como si fuese un guión que me hubiese aprendido para esa misma noche. dejó de llorar y me miró. Le sonreí.- Me llamo Carmen, ¿y tú?
Se sorbió los mocos e hizo una mueca parecida a una sonrisa.
-Paz. Gracias, de verdad. Eres genial.- dicho esto esbozó una sonrisa mucho más bonita que la anterior, que iluminó su cara bonita.
-De nada, tía. Mira, aquí tienes mi número. Si un día quieres algo, ya sabes, ¿va?-le apunté en la mano con un boli que tenía en mi bolso mi teléfono. Volvió a sonreír.
-Gracias, Carmen. ¡Eres muy simpática!-rió, y me reí con ella.
-Bueno, tengo que volver. ¡Hasta otra!-dije, contenta de haber echo "la buena acción del día". Me di la vuelta, y oí como decía:
-¡Nos vemos!
Volví a la pista de baile, intentando sortear todos los círculos de gente y los borrachos. De repente un gorila (no exagero, era enorme) se me puso delante y otro tío por detrás. Me acorralaron en una esquina, y el chico de detrás se me acercó al oído y me susurró:
-¿Tienes tiempo, monada?-olí asqueada su aliento a whisky. Me alejé rápidamente de aquel baboso.
-No. Para tí no. Si me disculpas...-iba a girarme airosa y orgullosa de mi audaz respuesta cuando noté que el gorila me cogía del brazo y me obligaba a girarme. El baboso me miró fijamente, y su mirada después se desvió hasta mi escote.
-¡Pero qué tenemos aquí!- dijo, riéndose como un idiota.- Creo que tiene una bomba en las tetas, habrá que cachearla...- y su mano iba acercándose cada vez más a mi pecho. Chillé e intenté desasirme, pero el gorila era demasiado fuerte.
De repente vi como una figura caía sobre él y le tiraba al suelo.
Miré impresionada al chico que había dejado KO al baboso.
-¡¿Damon?!

14 sept. 2010

Capítulo 33: Éxtasis

Caminamos en silencio por las abarrotadas calles de Madrid, él con su mano en mis hombros y yo con la mía en su cintura. Me sentía muy, muy feliz. ¿Cómo podía cambiar tanto la situación en unas horas? Aquella misma mañana estaba prácticamente ideando planes suicidas porque lo estaba pasando fatal. Ahora mismo, a las diez de la noche del sábado, estaba paseando por mi nueva ciudad al lado del chico más maravilloso del mundo.
¡Era perfecto! Dulce, amable, detallista, amigable, sincero, divertido, sabía escuchar, era culto, justo, apasionado a la vez que cauteloso, valiente, pensativo, soñador, emprendedor, activo, seguro de sí mismo, misterioso, guapo. Absolutamente perfecto. "¿Estoy segura de que no estoy soñando??", pensé, sonriendo. Me miró sorprendido.
-¿He dicho algo gracioso?-preguntó, divertido. Me reí de lo absurdo de la situación.
-No, nada, es simplemente que...-me ruboricé, y él me apretó contra él.
-¿Estás nerviosa por la fiesta o qué?-dijo, mientras me apartaba un mechón de pelo de delante de mis ojos.
"No es eso, idiota. Es que me gustas mucho, y me encanta estar contigo. Me has echo la chica más feliz de España".
-Un poco...-decidí finalmente responder. No me quería precipitar tan pronto.
Sonrió dulcemente.
-Tranquila, si estás conmigo, nada malo pasará. Verás qué bien nos lo pasaremos.
Asentí, contenta. "Ojalá que nos lo pasemos bien a mi manera...".
El resto del viaje fuimos hablando de cosas sin importancia, pero muy entretenida. En casi todo estaba de acuerdo con él, pero para hacerlo más entretenido siempre me ponía en su contra, para hacerle rabiar.
-¡Tengo razón! ¡Y lo sabes!-protestó, picado. Le abracé.
-Que ya lo sé, tonto... Solo lo digo para picarte.-de repente,me miró muy serio.
-Pues lo haces muy bien...-comentó, mirándome fijamente. Me sonrojé.
Nada más que se callase estábamos en la puerta del local, abarrotada de jóvenes de entre dieciséis y dieciocho años, deduje. Todos iban muy bien vestidos: las chicas con sus taconazos y los chicos con sus polos bien planchados. No era una de las fiestas a las que estaba acostumbrada, pero me encantaba.
Delante de nosotros teníamos al puerta, con un montón de hojas en la mano. Nos miró muy serio.
-¿Nombre?-preguntó arisco. No me extrañó que estuviese de mal humor, hacer de puerta para una fiesta de adolescentes no debía de ser muy divertido.
-Jaime del Campo Rivera. Invitado por Nacho Guerrero.-dijo, con voz autoritaria.
Comprobó en su lista los nombres que le había dado y asintió, pensativo. De repente me miró.
-¿Y tú?-dijo de mal humor. Me quedé helada.
-Es la señorita Alvear, viene conmigo.-Jaime respondió por mi.- Es mi acompañante.
-De acuerdo. Pasad.-dijo, mientras abría la verja. Pasamos de la mano.
-O sea, que ahora soy tu "acompañante"...-pregunté, divertida. Me miró riendo.
-¿Algún problema, "señorita" Alvear?
Me reí muy fuerte.
-Ninguno. Es más, me gusta que me llame así, "señorito" del Campo.
Se rió conmigo, y llegamos a la pista de baile. Estaba lleno de grupitos que reían con copas en la mano. Nada más llegar un chico se acercó a Jaime.
-¡Jaime, tío! ¡Qué guay que hayas venido!-dijo mientras le daba la mano. Me miró interesado.- ¿Y quién es la "afortunada"?
-Carmen. ¿Qué pasa, estás celoso de que no vaya contigo?-repondí, muy suelta. Me miró pasmado, y Jaime me siguió la broma.
-¡Oh, si! Golpe bajo, tío-dijo, riéndose. Su amigo me sonrió.
-Mentiría si dijese que no, Carmen. Soy Fernando, un amigo de siempre de Jaime... Y he de decirte que eres muy guapa.
-Se lo dicen a menudo...-dijo Jaime, mirándome dulcemente.-Sobre todo yo.
Le di una palmada cariñosa en el hombro, mientras Fernando me acercaba una copa.
-Toma, Carmen. Es Vodka Absolute con lima, ¿te gusta, no?
-¡Gracias, Fer!-dije, contenta. Le di un buen sorbo. Estaba un poco cargada, pero estaba muy buena.
-Os dejo, chicos. Tengo que saludar a más gente, y a conseguirme una acompañante.-dijo, mientras se alejaba. Jaime y yo nos reímos de la palabra que antes nos había echo tanta gracia.
Se nos acercaron al menos quince chicos a saludarnos, y como otro grupito de chicas a saludar y de paso, a descubrir quién era la misteriosa chica de Jaime.
-Bueno, Carmen... ¿Estáis saliendo?-me preguntó una chica, llamada Teresa. Me sonrojé.
-Si, somos pareja. ¿O no?-preguntó Jaime, mirándome embelesado. Me quedé de piedra. ¿Pareja... él y yo?
-Cierto.-le abracé. Apoyé mi cabeza en su hombro, y me susurró:
-Esperaba que dijeses eso...
El corazón me iba a estallar. Estaba tan nerviosa, que lo mejor que hice fue alejarle de aquel grupito que nos había convertido en el centro de los comentarios, y le arrastré hasta la pista de baile. Sonaba All Night Long. Bailamos como si no tuviéramos a nadie a nuestro alrededor, como si fuésemos los únicos que importaban. Él y yo, tan solo podía pensar en ello. Lo único que importaba era mi corazón latiendo a mil por hora, sus brazos en mis caderas, mis manos en su nuca. Nuestros cuerpos a centímetros, nuestras miradas se cruzaban. Sus labios a milímetros de los míos.
-¿Sabes qué?-preguntó mientras Pitbull cantaba su parte.
-¿Qué?-pregunté, nerviosa. Él lo detectó, y sonrió.
-Te quiero. Desde el momento en el que te vi, llorosa y destrozada.
Sudaba de los nervios, y del movido baile, pero sobre todo estaba nerviosa. No me lo podía creer.
-Te voy a pedir una cosa...
-¿El qué?-respondí, con un deje emocionado en mi voz.
-Te voy a pedir algo que he estado esperando durante estas últimas horas. Y sé que tú también lo quieres. Así que, déjame hacerlo, y me convertirías en el chico más feliz del mundo. Quiero besarte. Y lo voy a hacer.
Dicho esto, lo hizo. Me besó como nunca me había besado nadie, como si yo fuera el agua tras un día en el desierto, como si fuese lo que estaba esperando. Yo por mi parte, le besé con ganas, con lágrimas de alegría en mis ojos, incrédula. Sus labios sabían como el mar, su boca olía a caramelo, su piel era suave como el terciopelo, su pelome hacía cosquillas en las palmas de las manos.
Me agarró por la espalda y me pegó completamente a él. Paseó sus manos por mi espalda, y se detuvo en mis riñones. Le acaricié el pelo suavemente, mientras seguía el baile impuesto por sus labios en los míos, que me tenían hechizada. Era glorioso, lo mejor del mundo. Lo mejor que mis labios habían probado nunca. Tenía las pulsaciones disparadas, y mi por mi estómago pasaban mil sensaciones: amor, alegría, anhelo, deseo, pasión, dulzura y una felicidad tan enorme que daba miedo. Estaba abrazada al mejor tío de Madrid, qué de Madrid, de España. O del mundo entero.
De repente, se separó de mí, con el pelo revuelto y el deseo en la mirada.
-¿Por qué no vamos a la terraza y hablamos tranquilamente? Allí hay más intimidad...- dijo, sonrojado. "Es tan dulce..."
-Por mí, hasta el final del mundo.-dije, absolutamente feliz. Sonrió victorioso y me abrazó. Le correspondí, y me llevó hasta uno de los sillones de la terraza. La noche estaba fresca, a pesar de que estábamos a finales de Septiembre. Era normal que hiciera algo de frío, pero no tanto como en esa noche.
Jaime me vio tiritar, y me miró con dulzura.
-¿Tienes frío?-preguntó, atento. Negué con la cabeza.
-Solo estoy... eléctrica. Muy eléctrica.
Se rió suavemente.
-Voy a por un par de copas. ¿Lo mismo de antes...?
-Bacardi con limón, por favor.-contesté, mirando hacia abajo. De repente ví que se había agachado y que tenía sus ojos verdes delante de los míos.
-Ahora vuelvo.-me besó en la mejilla, y se fue hacia la barra. Me quedé sola, tomando aire. "¡ES INCREÍBLE! ¡AAAAAAAAAH!" pensé, eufórica.
-Lo conseguí...-susurré, sonriendo ampliamente.
-Sí, querida. Conseguiste ponerme terriblemente celoso.-dijo una voz, a mi lado. Miré sorprendida al chico que tenía delante, todo vestido de negro y con un deje molesto en la mirada. Le observé, incrédula.
-¿Qué...? Tú...-susurré, sorpendida al ver quién era el que me había dicho aquello.
Era...

Capítulo 32: Ataque de histeria

"Me encontré a mi misma en un callejón de una calle de las peores que hay en Madrid. No sé exactamente cuál es, pero estaba claro que no estaba en Majadahonda, o en cualquier barrio decente, por decirlo de algun modo menos violento. Tumbada en el suelo, con rasguños en la cara, vestido y piernas. Tremendamente cansada, como si hubiera venido de una maratón. Rodeada de cristales rotos, deduje que había tirado una caja de botellas vacías. Con lágrimas en los ojos, y muy, muy asustada, a pesar de que no sabía el por qué.
"¿Qué demonios hago aquí? ¿Dónde estoy? ¿Y Jaime?" pensé, aterrorizada. Hacía menos de un minuto estaba con él del brazo, y de repente... Nada. No recordaba qué había pasado, y por qué estaba allí.
Miré mi reloj, nerviosa. Las cinco menos diez. "Mierda. Mamá se va a enfadar muchísimo. ¿Qué le voy a decir...?"
-Pues algo que le podrías decir, en mi opinión, es la verdad. ¿Qué te parece?-oí una voz contestar a mi pregunta. No me fijé en como sabia lo que estaba pensando, si no en quién era esa persona.
-¿Quién eres? ¡Joder, quién eres!-dije, muy asustada. Se rió de mí.
-¿Quién soy? ¿QUIÉN SOY?-preguntó, rabioso. Se oyó una respiración entrecortada durante un largo minuto. Después, silencio.
-¿Me respondes?-pregunté de nuevo, esta vez con un tono más amable.
-Soy... Tu pesadilla.-contestó, con rabia en la voz.- Y no te despiertas de esta... Ni lo harás, guapa. ¡Eres toda mía!
Sentí una presión muy fuerte en las sienes. Chillé de dolor, y me retorcía. La voz se reía. Me estaba matando, y quien quiera que fuese disfrutaba.
-¡AHHHHHH!-grité.
-Tranquila, acabará muy pronto...-dijo la voz.
-Pronto...!"

-¡JODER!- dije, mientras pegaba un bote en la cama. Oí unos pasos acercándose a mi habitación.
-¿Qué has dicho, Carmen?-dijo mi madre, muy seria. La miré con cara de inocencia.
-Nada, mami. Hablaba sola.
Me miró aún más seria.
-Bueno, pues dile a Carmen que no se dicen tacos, ¿vale, Carmen? Como estás hablando con ella...
Sonreí.
-Anda, mami, que sí. Perdona, es que estaba durmiendo. ¿Qué hora es, por cierto?
-Pues a eso venía, cielo. Son las nueve menos cuarto, tienes una hora.
Me quedé boquiabierta.
-¡¿Queeeeeeeeeeeeeee?! ¡¿Una hora?! ¿Por qué no me has despertado antes? ¡Tengo que prepararme!
-¡Pues deja de chillar y hazlo! ¡Venga, el tiempo vuela!-me animó mi madre, dando palmadas. Salté de la cama y fui directamente al baño. Ocupado. Mierda.
-¡EEEEEEEEEO! ¡Quien seas, sal de la ducha YA!-llamé a la puerta varias veces.
-¡Yo también soy higiénico, Carmen! ¡A veces necesito ducharme!-respondió Dani, desde dentro. Suspiré y lamenté lo que iba a decir.
-Si me dejas ducharme ahora, te daré uno de mis sujetadores para que se lo enseñes a tus amigos.-le chantajeé. Mis hermanos pequeños (y supongo que todos los hermanos pequeños del mundo), lo que más ilusión les hacía en el mundo era tener un sujetador de chica para enseñárselo a sus amigos y fardar que se lo había robado a una niña. Se oyó que la ducha paraba, que salía rápidamente y por fin su cabecita se asomó por la puerta.
-Quiero el negro.
-¡De eso nada! El gris de deporte y pista.
-El de flores.
-De acuerdo.-suspiré. Ese me quedaba pequeño, así que no me importaba.
-Me gusta hacer tratos contigo, hermanita.-respondió mi hermano, con una sonrisa.
-Vale, vale. Aparta, ¿quieres? Graciaaaaaas...-dije mientras me metía rápidamente en el baño. Me desnudé y me lavé el pelo con el champú que mejor olía de los que tenía, el de melocotón. Me lo aclaré rápidamente, me lavé el cuerpo y salí del baño tán rápido como entré, llevándome a mi habitación el maquillaje, la crema hidratante y la colonia.
Cerré la puerta con llave, y me puse la ropa interior: un sujetador push-up (lo poco que tenía lo quería realzar) y unas braguitas. Hecho esto, tiré la toalla a la silla y abrí mi vestidor. Me metí dentro y cerré la puerta. Me dirigí a la cómoda en donde estaba mi reproductor de iPhone, y lo puse en modo aleatorio. Ridin' Solo, Jason Derulo. Adoraba esa canción.
Abrí la primera puerta y cogí tres vestidos, dos faldas y cuatro tops para probar. Finalmente, después de muchas pruebas, escogí el vestido azul de flores rosas, beiges y verdes de Abercrombie y una cazadora vaquera por si tenía frío después. Para los pies, unos taconazos beiges de flecos, mis favoritos, y gracias a Dios tenía la pedicura pasable.
A partir de ahí me pinté a velocidad de avión: raya marrón por arriba y por abajo, sombra rosa palo, polvos bronceadores y listo. Me miré en el espejo. "Ideal".
Pero, ¡horror!, me fijé en mi pelo. Encrespadísimo. Cogí la plancha y literalmente corriendo fui al baño. Cuando la acababa de enchufar oí mi móvil con la melodía de Hey, There, Delilah sonar. Corrí de nuevo a mi habitación a por él.
-¿Sí? ¡Si no es importante, dilo y colgaré, que no tengo tiempo para tonterías!
-Bueno, si quieres cuélgame...-respondió alguien por el otro lado. Me quedé helada.
-¡Jaime! Lo siento... muchísimo. ¡De veras! Es que...
-No pasa nada, mujer.-rió, divertido.- Bueno, te llamaba para decirte que estoy abajo. ¿Bajas o no es lo suficientemente importante?
Me ruboricé.
-Si, voy. ¡Un minuto! ¿Va?-colgué antes de que le diese tiempo a replicar. Volví al baño, me repasé las puntas y la desenchufé. Fui a mi cuarto, cogí mi pequeño bolso en el que metí mi iPhone y las llaves y fui corriendo al salón.
-¡Me voy! Me esperan abajo.-dije rápidamente. Mi padre levantó la vista.
-¿Es que vas a salir otra vez?
-Sí, Carlos, la he dejado yo.-contestó mi madre por mí. Me miró y dijo:
-Estás muy guapa, cielo. Pásalo bien, ten cuidado, y recuerda la hora acordada, ¿de acuerdo?
-Si, si. ¡Gracias, mamá! ¡Adiós!-corrí al recibidor, cerré la puerta tras de mí y bajé como pude las escaleras tratando a la vez de no perder ni el equilibrio ni la velocidad.
Salí de la escalera, y seguí corriendo hasta la puerta de entrada. La abrí rápidamente y iba a continuar corriendo hasta que choqué con alguien.
-¡Vaya! ¡Veo que ya estás aquí!-se rió Jaime, muy alto. Me ruboricé- Ay, qué torpe eres, Carmen...-me miró con más interés, lo que hizo que me pusiese más colorada aún. Sonrió.- Además de absolutamente roja, estás increíblemente guapa.
-Gracias...-le miré. Iba perfecto: camisa azul clara, pantalones chinos beiges y mocasines marrones, más un jersey azul oscuro sobre los hombros. Al ver éste me di cuenta de que me había olvidado mi cazadora en casa.-¡Mierda! Me he dejado la chaqueta...
-Toma la mía-dijo rápidamente, poniéndomela sobre los hombros. Olía a desodorante masculino... Muy bien.
Me tendió la mano.
-¿Nos vamos?
Sonreí, se la cogí y los dos fuimos juntos hacia la que iba a ser de las mejores noches de mi vida.

6 sept. 2010

Capítulo 31: ¡Si!

Cuando vi desde el cristal del portal que se había marchado perdí momentáneamente las fuerzas. Estaba emocionada, extasiada, contenta, y profundamente confusa. ¿Cómo conseguía que un chico así se fijara en mí? ¿Por qué extraña razón parecía que le gustaba tanto?
Me senté en el suelo a pensar, apoyando la cabeza en la pared. ¿Por qué me escogía a mí? Porque era una chica sin más: ni fea ni guapa, ni muy sosa ni híper activa, ni muy alta ni muy baja, ni muy lista ni idiota. ¿Qué tenía yo que no tuviesen las demás? Nada, es más, ¡había chicas mil veces más interesantes que yo!
Suspiré. "Hay que aceptar los hechos. Me cuesta, pero me ponen increíblemente feliz. ¡Por favor, esto es maravilloso!"
Me dio igual que Paula me traicionara, que Damon me utilizara, que a Gonzalo no le importase apenas y que probablemente me caería una bronca increíble por irme por ahí sin avisar. Solamente tenía en la cabeza a Jaime: su pelo castaño, sus ojos jade siempre amables, sus facciones dulces, su simpatía, su comprensión, su sentido del humor, su manera de escuchar, cómo fruncía el ceño, el tacto suave de sus manos... sus labios contra mi piel al despedirse de mí...
Me estremecí. Mientras lo hacía sentí que me corazón me iba a explotar. Estaba en éxtasis. Eléctrica.
Pasaron como quince minutos cuando decidí que era hora de subir a casa y ganarme la bronca de mi madre.
Me acerqué a la puerta para subir al ascensor y de repente salió la persona a la que menos quería ver en el mundo.
Alto, pelo rubio en una cresta que decía: "desafío a la gravedad porque soy así de malo". Musculoso, con mirada arrogante y el ceño fruncido.
-Hola, preciosa. ¡Qué sorpresa verte aquí!
Puse mi mejor cara de pocos amigos.
-Te lo diré de la manera más amable que pueda. ¿Qué coño haces aquí, si se puede saber?
Se oyeron carcajadas dentro del ascensor.
-¡Vaya, qué genio tiene la niña! ¿Quién es, Damon, una ex-novia resentida?
Miré con odio a Damon.
-¿Respondes o qué?
Me miró fijamente y esbozó una sonrisa irónica.
-¿Por qué crees que debería contestar, guapa? No te tengo por qué dar explicaciones, ¿o acaso eres mi madre? Creo que no.
Me sacó de mis casillas.
-Me concierne. Estás en MI edificio, dentro de MI ascensor, molestándome A MI. Creo que me importa. Así que o contestas o te apartas de mi camino.
Se carcajeó a mi costa.
-¡Joder, vaya humos! Vale, vale, no me pegues, te contesto, preciosa. Estoy en el edificio de MI AMIGO, en SU ascensor, y no te estoy molestando, estoy teniendo una conversación civilizada contigo.-sacó de su bolsillo una cajetilla de tabaco, cogió un pitillo y se lo puso en la boca. Luego me miró.- ¿Tienes fuego, preciosa?
-No. No soy gilipollas, no fumo.-perdonadme los tacos, es que estaba fuera de mí.- Así que largo.
-Eres una amargada, hija mía. ¡Vive la vida! ¿O es que ya has olvidado lo de anoche? Yo creo que no.
Ya está. Había tocado mi límite. Furiosa, le di un bofetón tan fuerte que, con el eco, el sonido estuvo repitiéndose durante unos breves segundos. También tiré su pitillo al suelo. Damon se quedó sorprendidísimo, y el imbécil de su amigo se quedó con cara de "yo aquí no pinto nada".
Hubo un silencio incómodo durante unos segundos.
-Has hecho mal, guapita de cara.-habló de repente Damon, muy serio.-¿Sabes lo que has hecho?
-Creo que sí-respondí, furiosa.-Dejarte en ridículo. ¿Ya no tienes respuestas irónicas para tocarme la moral? Pues vaya.
Su amigo se rió.
-¡Oh, Damon! Yo a eso lo llamo un " ¡ZAS! ¡En toda la boca!".-se siguió riendo hasta que Damon le miró furioso.
-Esto no ha acabado. Ya veremos lo que sucede cuando no esté de tan buen humor.-dijo mientras pasaba a mi lado, llevando del jersey a su amigo "la hiena".
Sonreí.
-Adiós, "cielo". Vuelve pronto. ¡Siento lo de tu cara! Ahora estarás todavía peor.-me reí lo más alto que pude. La hiena me secundó, pero mientras salían oí un quejido. Probablemente le había pegado una colleja.
Me subí al ascensor riendo. "Estúpido. Le he dejado fatal".
Al llegar al ático me puse delante de mi puerta. Alerta, procurando no hacer mucho ruido, metí la llave en la cerradura y suavemente la abrí.
Abrí la puerta y lentamente abrí la puerta y entré de puntillas en la casa, por si estaban durmiendo la siesta. Pero oí ruidos en la cocina e imaginé que mi madre estaría limpiando los platos.
Me acerqué hasta allí y asomé la cabeza por la puerta.
-¡Hola, mami!-dije, feliz. Ella se giró sorprendida.
-¡Hola, Carmen! Hija mía, me has asustado, tonta. ¿Dónde has estado? Tu hermano me dijo que te habías ido y que no volverías hasta las seis o así.
Sonreí.
-Nada, mamá, me fui al VIPS de Velázquez con una amiga a comer, teníamos muchas cosas de que hablar.
-Y veo que se han solucionado. Vienes radiante. Me alegro mucho.
-¡Y yo!-respondí, sonriendo de oreja a oreja. De repente me acordé de la proposición de Jaime.- ¡Ah, se me olvidaba! Unos amigos hacen una fiesta en Serrano 41, muy exclusiva, y un amigo me ha invitado. ¿Puedo ir? ¡Porfa, porfa, porfa, porfaaaaa! ¡Haré lo que sea, venga, porfi!-me acerqué a ella y le di un abrazo.- ¡Sería la chica más feliz del mundo!
Mi madre protestó.
-¡Ay, no me achuches! De acuerdo, de acuerdo, podrás ir. ¿Pero a qué hora acaba?
-No lo sé, pero mi amigo me traerá a la hora que sea. Creo que acaba a las cinco...
-¡Tú estás loca! ¿A las cinco?-se rió de incredulidad.- ¡A las dos en casa!
-¡Mamaaaaa! ¡A las dos no, es muy pronto! ¿A las cuatro?
-Tres.
-¿Tres y media?
-De acuerdo.-suspiró.- Pero que no se entere tu padre, ¿vale? ¡Me matará!
-¡Gracias, gracias, gracias, gracias! ¡Eres la mejor!-le di un beso y corrí a mi habitación. Cerré la puerta tras de mí y me tumbé en la cama.
"Mi madre es la caña".
Decidí llamar a Jaime, que un SMS quedaba muy frío. Le di un toque y a los tres pitidos colgué. No quería gastar saldo, que me llamara él, que para eso era el chico.
A los dos segundos recibí la llamada.
-¡Hola! ¿Qué tal?-dije, contenta.
-Bien, pero estaría mejor si te dejaran ir.
-¡Me dejan! Y encima un horario brutal, ¡a las tres y media!
-¡Si! ¡Bien! Va a ser genial, te presentaré a todo el mundo.
-Lo sé, es la caña. Una cosa, ¿hay que ir arreglado?
-Es mejor que vayas guapa. Bueno, ya me entiendes, porque guapa vas siempre.
Me sonrojé.
-Lo capto: vestidito, tacones y bien pintada. ¡Gracias por invitarme, Jaime! Eres el mejor.
-Para eso estamos. ¿Te recojo a eso de las diez?
-Fenomenal. ¡Nos vemos!
-Me costará estar seis horas sin ti. Pensaré en esta noche toda la tarde.
Me puse todavía más roja. Menos mal que no me podía ver.
-Ya, y yo. ¡Adiós, un beso!
-Otro. Te echaré de menos.
-Y yo.-colgué.
"Este chico es maravilloso, ¡creo que le gusto!" sonreí de oreja a oreja. "Esta noche, Carmen. Esta noche le pescarás".
Con estas geniales ideas en mi cabeza me quedé dormida con el iPhone en una mano y la sonrisa todavía en mis labios.

2 sept. 2010

Capítulo 30: Felicidad

Entramos a la vez en el restaurante del VIPS, donde una jovencita china con problemas de acné nos guió hasta nuestra mesa. Estaba al fondo, en la zona de fumadores. No es que fumase, simplemente es que siendo sábado a la hora de comer no resultaba extraño pensar que el restaurante estuviese abarrotado.
-¿Saben ya lo que quieren o les doy unos minutos?-nos dijo la camarera, algo distraída.
-Yo quiero un VIPS club... ¿Y tú?-me preguntó Jaime. Negué con la cabeza.- Traiga dos VIPS club, y dos Coca-Colas. Gracias.-la camarera asintió mientras apuntaba concentrada en su libretita y se marchó con prisas. Le miré indignada.
-¡Te dije que no quería nada!-protesté. Hizo un gesto con la mano.
-Me da igual. Algo tendrás que comer, y no creo que lo que te he pedido no te guste. ¿O ese es el problema?
-¡Para nada! Solamente es que no tengo hambre.
-Me-ti-ra. Por favor, no tengo dos años.-comentó divertido. De repente se puso serio.- ¿Y bien? ¿Quieres contarme de una vez lo que te ha pasado o te tengo que pedir otro sándwich?
Suspiré.
-Es sobre varias cosas... Pero sobre todo sobre una. Sobre mi mejor amiga.
-¡Ah! Tiene mala pinta. Primero te pregunto: ¿tiene solución?
Titubeé. No, ya lo había hecho, mucha solución no tenía.
-No.
Agitó el bote de sal, nervioso, entre sus manos.
-Buf. A ver, dime. Tan malo no puede ser, ¿no?
-Depende de como lo mires.
-¿Tú como lo miras?
Los ojos me brillaron de rabia.
-Desde un punto de vista en el que lo que ella hizo es traicionarme.
-Comprendo.-asintió.- ¿Se ha liado con tu novio?
Una punzada.
-Más o menos.
-¿Lo viste?
-¡No! Ni siquiera viven aquí.
-¿Ah, no? ¿Dónde viven, pues?
-En mi antigua ciudad, Pontevedra. Está en...
-Galicia, lo sé.-en ese momento un chico negro nos trajo las bebidas. Murmuré un "gracias", y revolví la bebida con la pajita. Él me miró atentamente.- ¿Y cómo demonios te enteraste, si tú estás en Madrid? ¿Viste fotos en Tuenti? ¿O te lo contó una amiga?
-Lo irónico es,-sonreí, pero no de alegría- que me lo contó ella misma.-bebí un poco de mi Coca-Cola.
-Bueno, eso es un punto a su favor.-le miré incrédula, con la pajita todavía en la boca.- No me malinterpretes,-dijo rápidamente al ver mi expresión.- pero si no fuera tu amiga te lo habría ocultado.
-Si fuera mi amiga,-otra punzada- no lo habría hecho.
-Tengo una duda. Antes te pregunté que si se había liado con tu novio. Me respondiste que no exactamente. ¿Qué quieres decir?
-A mí ese chico me gustaba muchísimo. Ella lo sabía y se suponía que le estaba hablando todo el tiempo de mi para poder estar con él. Y para ella parece ser que "hablar de mí" significa lo mismo que "pegarse a él". Y además...-me sentí incómoda de repente.- Dios, ¿por qué demonios te estoy contando todo esto? ¡Si no sé nada de ti, te conocí ayer mismo! ¡Eres un completo desconocido para mí!
-Puede,-respondió tras un breve silencio.- Pero por ahora soy el único que te escucha, y en el que puedes confiar... Porque sinceramente, no creo que todas tus amigas te entiendan como yo.
Levanté una ceja.
-¿Y tú que sabes? ¿De qué las conoces?
-Las conozco a todas desde que éramos pequeños. A tu prima Cata menos, porque no siempre estuvo en nuestra pandilla, pero antes solíamos veranear todos juntos en Sancti Petri. Sé como son, muy simpáticas, muy amables, pero eso de escuchar no se les da muy bien, la verdad. Me caen genial, pero ese justamente no es su punto fuerte.-dijo en voz cada vez más baja, como hablando para sí.
Me quedé callada unos instantes, pensando. Tenía razón, con Jaime sabía que podía hablar. Me estaba dando su atención al cien por cien. "Aun así no puedo evitar sentirme algo incómoda".
Mientras que los dos estábamos sumidos en nuestros pensamientos, los sándwiches llegaron. Miré el plato con ganas. En el fondo sí que me apetecía comérmelo.
Jaime lo notó.
-Sabía que estabas hambrienta.-rió. Mientras se echaba ketchup volvimos a la conversación.- O sea, que te llamó ahora, y te lo dijo, ¿no?
Asentí mientras cogía con avidez el primer cuarto.
-Efectivamente. Le pregunté novedades y me dijo que se había liado con un chico. Le pregunté por ello y me lo contó. Me sentó fatal, como si me hubieran echado un jarro de agua helada encima. No quise hablar más con ella, así que le colgué tras un par de frases cortantes por mi parte. Después vi que me estabas dando el toque... Y hasta ahora. Por cierto, ¿no tienes nada mejor que hacer que estar conmigo?
-Para nada, estaba más que aburrido. Bueno, aburrido no-me miró de una forma extraña.- Estaba esperando a que me contestases al mensaje. En realidad estaba sumido en mis pensamientos.-comentó con tranquilidad, cogiendo su tercer trozo de sándwich. Me quedé helada.- Por cierto... ¿Qué demonios te pasaba anoche? Parecía como si se te acabase de morir el perro o algo así-dijo, con tono divertido. Se me cambió la cara.
-Hum... Nada.
Me miró a los ojos.
-Veo que no te apetece demasiado contármelo. Lo comprendo, al fin y al cabo nos acabamos de conocer, ¿no?-nos reímos al unísono.
El resto de la comida me lo pasé de miedo. Estaba con un chico fantástico, olvidándome de todos mis problemas. Era fantástico.
Después pedimos un brownie para compartir (ya que estábamos llenos, pero había mono de un brownie), y por muchas pegas que le puse me invitó a la comida.
-A la próxima vez pagaré yo-me quejé. Sonrió dulcemente.
-¿Habrá segunda vez?-me reí.
-Ya veremos...-dije mientras salía corriendo con el hibisco en la mano. Me siguió, riéndose muy alto.
Corrimos todo el trayecto hacia mi casa, yo delante escapando de él, riéndonos
-¡Corres como una niña!-grité.
-¡Y tú como un machote!-replicó. Me reí todavía más y él me secundó.
Finalmente llegamos a mi casa, y le esperé unos segundos. Al poco tiempo apareció.
-Hija, ¡cómo corres!
-Lo sé-respondí.
Nos quedamos callados unos instantes recuperando el aliento. Hablé yo:
-Bueno, me tengo que subir. Si no, mi madre me matará y no me dejará salir esta noche.
-¡Es cierto! Escucha, un amigo hace una fiesta en una discoteca, Serrano 41. La ha reservado y podemos llevar a una persona por invitado. He pensado que te podrías venir tú, y así ampliar tu círculo de amistades. ¿Te vienes? Es de diez a una. Te acompañaría a casa. ¡Vente!
-¡Demasiada información junta!-me reí.- Le preguntaré a mi madre y esta tarde te mando un mensaje, ¿vale?
-Perfecto. Pues entonces, hasta esta noche, espero.-se acercó a mí y me dio un beso suave en la mejilla, que me hizo estremecer.- No estés triste... feliz estás mucho más guapa.
Me puse colorada. Le acaricié el pelo cariñosamente mientras me daba la vuelta y abría el portal. Me giré de nuevo.
-¡Gracias!-dije, y cerré la puerta detrás de mí.

Capítulo 29: Alivio

Nada más acabar esa conversación me di cuenta de que era solo su voz la que me hacia sentir algo mejor. Ahora que no la oía no estaba tan en calma.
Me daba la extraña sensación de que a alguien le impotaba algo, a pesar de que yo sabía que esto no era cierto. Si a Paula le importase no se hubiera liado con Lino, por muy "contentilla" que estuviese. Porque si simplemente estuviese "contentilla" sería capaz de pensar con algo de lucidez y no permitirse el lujo de traicionarme. Si yo le importase algo a Damon no me habría tomado el pelo como lo hizo, haciéndome creer que estaba en los brazos del chico al que quería, sin importarme que notase que estaba tiritando de alegría al estar con él. Si a Gonzalo le importara lo más mínimo, habría venido a la fiesta de Marta a verme. Si a mi hermano le importase vendría a preguntarme el motivo de mis sollozos. En fin, por lo menos Jaime se interesaba algo por mi. "Creo que a él le importo algo. Si no le importase, no perdería el tiempo con una adolescente quejica y deprimida."
Me levanté de la cama con ganas de suicidarme. La vida, en esencia, es igual a problemas. Adán y Eva vivían en el Paraíso hasta que Eva se metió en problemas. Sin problemas la gente viviría tan campante y sin aprender nada útil nunca. Para eso están los problemas, para aprender que no todo en la vida va como la seda, que hay que tener una cierta fortaleza y poder de superación para no hundirse en la tristeza y en la desesperación. Resultaba irónico que yo, la adolescente amargada, pensase esas cosas cuando era la primera en lloriquear ante la más mínima adversidad.
Fui hacia el baño para intentar arreglar la "desfeita" que había hecho en mi pelo. A los dos minutos vi que era imposible de arreglar quitando la opción de darme una ducha, pero al ver que me quedaban exactamente siete minutos para que fuera la hora de encontrarme con Jaime desistí y me hice un moño con una gran pinza que tenía. Como mi cara no tenía mucho avío tampoco simplemente me la lavé bien con agua. Observé mi cara de fracasada en el espejo. "Doy pena y asco. Vaya, si lo tengo todo."
Al salir le grité a mi hermano:
-Jorge, voy a salir. Si viene mamá dile que me he ido a comer con una amiga. Volveré sobre las seis.
Él se limitó a asentir. Me encogí de hombros, cogí una gabardina (no sé ni yo para qué demonios la quería si no estaba lloviendo), y bajé andando los ocho pisos del edificio. Era una costumbre que tenía desde que era pequeña, siempre bajaba las escaleras andando. Ahora bien, casi nunca o nunca las subía. Era mucho más agotador.
Al llegar al portal seguía estando Julián, el portero, limpiando los cristales de la puerta principal.
-Conque se marcha de nuevo, señorita-comentó con tono extrañado.-Espeto que su madre lo apruebe.
-Pues claro que lo hace-mentí. Si le decía que no era capaz de llamar a un guardaespaldas para que no me dejase salir del edificio.-Si no lo hiciera no saldría, Julián.
-Tiene razón-rió.-Páselo bien.
Caminé apresuradamente por la bulliciosa calle López de Hoyos con el iPhone puesto. Sonaba Take it Off, de Ke$ha. Esa canción me gustaba bastante. Me hacía olvidarme de mis problemas, y en ese momento era realmente difícil hacerlo.
-There's a place I know, if you're looking for a show...-canturreé. De verdad me apasionaba esa canción. La letra y la melodía molaban un montón. La solía cantar con Paula...
"Pero ahora ella no está" pensé con dureza. "No pienso olvidar lo que me hizo".
Cuando me fi cuenta estaba en la entrada del VIPS de Velázquez, donde había quedado con Jaime. Me senté en el suelo intentando no pensar en nada. Miré el reloj, las dos menos veinte. "Ya debería estar aquí".
-Siento la tardanza.-dijo una voz detrás de mi. Me giré algo sobresaltada. Era él, Jaime. Sus ojos verdes brillaron de preocupación. Tenía una mano a la espalda.-He traído algo para ti.
Descubrí que en la mano que antes estaba escondida y ahora la tendía hacia mi tenía un hibisco rojo, incluso más bonito y grande que el anterior.
-Gracias...-murmuré, con los ojos llenos de lagrimas. En ese momento que tenía a alguien con quien desahogarme estallé.
Fue considerado. No dijo nada y permitió que llenara su abrigo de lágrimas. No le importaron mis sollozos, ni su posición algo incómoda, ya que estaba en cuclillas.
Pasaron diez minutos hasta que él reaccionó.
-Entremos, te vas a poner enferma.-asentí mientras él me ayudaba a levantarme. Entramos los dos juntos en el VIPS de la mano, mientras que yo intentaba que la energía que me transmitía su mano cálida dejase a un lado el dolor.