2 sept. 2010

Capítulo 30: Felicidad

Entramos a la vez en el restaurante del VIPS, donde una jovencita china con problemas de acné nos guió hasta nuestra mesa. Estaba al fondo, en la zona de fumadores. No es que fumase, simplemente es que siendo sábado a la hora de comer no resultaba extraño pensar que el restaurante estuviese abarrotado.
-¿Saben ya lo que quieren o les doy unos minutos?-nos dijo la camarera, algo distraída.
-Yo quiero un VIPS club... ¿Y tú?-me preguntó Jaime. Negué con la cabeza.- Traiga dos VIPS club, y dos Coca-Colas. Gracias.-la camarera asintió mientras apuntaba concentrada en su libretita y se marchó con prisas. Le miré indignada.
-¡Te dije que no quería nada!-protesté. Hizo un gesto con la mano.
-Me da igual. Algo tendrás que comer, y no creo que lo que te he pedido no te guste. ¿O ese es el problema?
-¡Para nada! Solamente es que no tengo hambre.
-Me-ti-ra. Por favor, no tengo dos años.-comentó divertido. De repente se puso serio.- ¿Y bien? ¿Quieres contarme de una vez lo que te ha pasado o te tengo que pedir otro sándwich?
Suspiré.
-Es sobre varias cosas... Pero sobre todo sobre una. Sobre mi mejor amiga.
-¡Ah! Tiene mala pinta. Primero te pregunto: ¿tiene solución?
Titubeé. No, ya lo había hecho, mucha solución no tenía.
-No.
Agitó el bote de sal, nervioso, entre sus manos.
-Buf. A ver, dime. Tan malo no puede ser, ¿no?
-Depende de como lo mires.
-¿Tú como lo miras?
Los ojos me brillaron de rabia.
-Desde un punto de vista en el que lo que ella hizo es traicionarme.
-Comprendo.-asintió.- ¿Se ha liado con tu novio?
Una punzada.
-Más o menos.
-¿Lo viste?
-¡No! Ni siquiera viven aquí.
-¿Ah, no? ¿Dónde viven, pues?
-En mi antigua ciudad, Pontevedra. Está en...
-Galicia, lo sé.-en ese momento un chico negro nos trajo las bebidas. Murmuré un "gracias", y revolví la bebida con la pajita. Él me miró atentamente.- ¿Y cómo demonios te enteraste, si tú estás en Madrid? ¿Viste fotos en Tuenti? ¿O te lo contó una amiga?
-Lo irónico es,-sonreí, pero no de alegría- que me lo contó ella misma.-bebí un poco de mi Coca-Cola.
-Bueno, eso es un punto a su favor.-le miré incrédula, con la pajita todavía en la boca.- No me malinterpretes,-dijo rápidamente al ver mi expresión.- pero si no fuera tu amiga te lo habría ocultado.
-Si fuera mi amiga,-otra punzada- no lo habría hecho.
-Tengo una duda. Antes te pregunté que si se había liado con tu novio. Me respondiste que no exactamente. ¿Qué quieres decir?
-A mí ese chico me gustaba muchísimo. Ella lo sabía y se suponía que le estaba hablando todo el tiempo de mi para poder estar con él. Y para ella parece ser que "hablar de mí" significa lo mismo que "pegarse a él". Y además...-me sentí incómoda de repente.- Dios, ¿por qué demonios te estoy contando todo esto? ¡Si no sé nada de ti, te conocí ayer mismo! ¡Eres un completo desconocido para mí!
-Puede,-respondió tras un breve silencio.- Pero por ahora soy el único que te escucha, y en el que puedes confiar... Porque sinceramente, no creo que todas tus amigas te entiendan como yo.
Levanté una ceja.
-¿Y tú que sabes? ¿De qué las conoces?
-Las conozco a todas desde que éramos pequeños. A tu prima Cata menos, porque no siempre estuvo en nuestra pandilla, pero antes solíamos veranear todos juntos en Sancti Petri. Sé como son, muy simpáticas, muy amables, pero eso de escuchar no se les da muy bien, la verdad. Me caen genial, pero ese justamente no es su punto fuerte.-dijo en voz cada vez más baja, como hablando para sí.
Me quedé callada unos instantes, pensando. Tenía razón, con Jaime sabía que podía hablar. Me estaba dando su atención al cien por cien. "Aun así no puedo evitar sentirme algo incómoda".
Mientras que los dos estábamos sumidos en nuestros pensamientos, los sándwiches llegaron. Miré el plato con ganas. En el fondo sí que me apetecía comérmelo.
Jaime lo notó.
-Sabía que estabas hambrienta.-rió. Mientras se echaba ketchup volvimos a la conversación.- O sea, que te llamó ahora, y te lo dijo, ¿no?
Asentí mientras cogía con avidez el primer cuarto.
-Efectivamente. Le pregunté novedades y me dijo que se había liado con un chico. Le pregunté por ello y me lo contó. Me sentó fatal, como si me hubieran echado un jarro de agua helada encima. No quise hablar más con ella, así que le colgué tras un par de frases cortantes por mi parte. Después vi que me estabas dando el toque... Y hasta ahora. Por cierto, ¿no tienes nada mejor que hacer que estar conmigo?
-Para nada, estaba más que aburrido. Bueno, aburrido no-me miró de una forma extraña.- Estaba esperando a que me contestases al mensaje. En realidad estaba sumido en mis pensamientos.-comentó con tranquilidad, cogiendo su tercer trozo de sándwich. Me quedé helada.- Por cierto... ¿Qué demonios te pasaba anoche? Parecía como si se te acabase de morir el perro o algo así-dijo, con tono divertido. Se me cambió la cara.
-Hum... Nada.
Me miró a los ojos.
-Veo que no te apetece demasiado contármelo. Lo comprendo, al fin y al cabo nos acabamos de conocer, ¿no?-nos reímos al unísono.
El resto de la comida me lo pasé de miedo. Estaba con un chico fantástico, olvidándome de todos mis problemas. Era fantástico.
Después pedimos un brownie para compartir (ya que estábamos llenos, pero había mono de un brownie), y por muchas pegas que le puse me invitó a la comida.
-A la próxima vez pagaré yo-me quejé. Sonrió dulcemente.
-¿Habrá segunda vez?-me reí.
-Ya veremos...-dije mientras salía corriendo con el hibisco en la mano. Me siguió, riéndose muy alto.
Corrimos todo el trayecto hacia mi casa, yo delante escapando de él, riéndonos
-¡Corres como una niña!-grité.
-¡Y tú como un machote!-replicó. Me reí todavía más y él me secundó.
Finalmente llegamos a mi casa, y le esperé unos segundos. Al poco tiempo apareció.
-Hija, ¡cómo corres!
-Lo sé-respondí.
Nos quedamos callados unos instantes recuperando el aliento. Hablé yo:
-Bueno, me tengo que subir. Si no, mi madre me matará y no me dejará salir esta noche.
-¡Es cierto! Escucha, un amigo hace una fiesta en una discoteca, Serrano 41. La ha reservado y podemos llevar a una persona por invitado. He pensado que te podrías venir tú, y así ampliar tu círculo de amistades. ¿Te vienes? Es de diez a una. Te acompañaría a casa. ¡Vente!
-¡Demasiada información junta!-me reí.- Le preguntaré a mi madre y esta tarde te mando un mensaje, ¿vale?
-Perfecto. Pues entonces, hasta esta noche, espero.-se acercó a mí y me dio un beso suave en la mejilla, que me hizo estremecer.- No estés triste... feliz estás mucho más guapa.
Me puse colorada. Le acaricié el pelo cariñosamente mientras me daba la vuelta y abría el portal. Me giré de nuevo.
-¡Gracias!-dije, y cerré la puerta detrás de mí.

2 comentarios:

  1. aiii me gusta mucho:) te sigo, un besin!

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  2. Me gustan mucho todos los capitulos, en especial este.
    Te sigo.
    Pasate por mi blogg(:

    http://enunaesquinademicorazon.blogspot.com

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