2 sept. 2010

Capítulo 29: Alivio

Nada más acabar esa conversación me di cuenta de que era solo su voz la que me hacia sentir algo mejor. Ahora que no la oía no estaba tan en calma.
Me daba la extraña sensación de que a alguien le impotaba algo, a pesar de que yo sabía que esto no era cierto. Si a Paula le importase no se hubiera liado con Lino, por muy "contentilla" que estuviese. Porque si simplemente estuviese "contentilla" sería capaz de pensar con algo de lucidez y no permitirse el lujo de traicionarme. Si yo le importase algo a Damon no me habría tomado el pelo como lo hizo, haciéndome creer que estaba en los brazos del chico al que quería, sin importarme que notase que estaba tiritando de alegría al estar con él. Si a Gonzalo le importara lo más mínimo, habría venido a la fiesta de Marta a verme. Si a mi hermano le importase vendría a preguntarme el motivo de mis sollozos. En fin, por lo menos Jaime se interesaba algo por mi. "Creo que a él le importo algo. Si no le importase, no perdería el tiempo con una adolescente quejica y deprimida."
Me levanté de la cama con ganas de suicidarme. La vida, en esencia, es igual a problemas. Adán y Eva vivían en el Paraíso hasta que Eva se metió en problemas. Sin problemas la gente viviría tan campante y sin aprender nada útil nunca. Para eso están los problemas, para aprender que no todo en la vida va como la seda, que hay que tener una cierta fortaleza y poder de superación para no hundirse en la tristeza y en la desesperación. Resultaba irónico que yo, la adolescente amargada, pensase esas cosas cuando era la primera en lloriquear ante la más mínima adversidad.
Fui hacia el baño para intentar arreglar la "desfeita" que había hecho en mi pelo. A los dos minutos vi que era imposible de arreglar quitando la opción de darme una ducha, pero al ver que me quedaban exactamente siete minutos para que fuera la hora de encontrarme con Jaime desistí y me hice un moño con una gran pinza que tenía. Como mi cara no tenía mucho avío tampoco simplemente me la lavé bien con agua. Observé mi cara de fracasada en el espejo. "Doy pena y asco. Vaya, si lo tengo todo."
Al salir le grité a mi hermano:
-Jorge, voy a salir. Si viene mamá dile que me he ido a comer con una amiga. Volveré sobre las seis.
Él se limitó a asentir. Me encogí de hombros, cogí una gabardina (no sé ni yo para qué demonios la quería si no estaba lloviendo), y bajé andando los ocho pisos del edificio. Era una costumbre que tenía desde que era pequeña, siempre bajaba las escaleras andando. Ahora bien, casi nunca o nunca las subía. Era mucho más agotador.
Al llegar al portal seguía estando Julián, el portero, limpiando los cristales de la puerta principal.
-Conque se marcha de nuevo, señorita-comentó con tono extrañado.-Espeto que su madre lo apruebe.
-Pues claro que lo hace-mentí. Si le decía que no era capaz de llamar a un guardaespaldas para que no me dejase salir del edificio.-Si no lo hiciera no saldría, Julián.
-Tiene razón-rió.-Páselo bien.
Caminé apresuradamente por la bulliciosa calle López de Hoyos con el iPhone puesto. Sonaba Take it Off, de Ke$ha. Esa canción me gustaba bastante. Me hacía olvidarme de mis problemas, y en ese momento era realmente difícil hacerlo.
-There's a place I know, if you're looking for a show...-canturreé. De verdad me apasionaba esa canción. La letra y la melodía molaban un montón. La solía cantar con Paula...
"Pero ahora ella no está" pensé con dureza. "No pienso olvidar lo que me hizo".
Cuando me fi cuenta estaba en la entrada del VIPS de Velázquez, donde había quedado con Jaime. Me senté en el suelo intentando no pensar en nada. Miré el reloj, las dos menos veinte. "Ya debería estar aquí".
-Siento la tardanza.-dijo una voz detrás de mi. Me giré algo sobresaltada. Era él, Jaime. Sus ojos verdes brillaron de preocupación. Tenía una mano a la espalda.-He traído algo para ti.
Descubrí que en la mano que antes estaba escondida y ahora la tendía hacia mi tenía un hibisco rojo, incluso más bonito y grande que el anterior.
-Gracias...-murmuré, con los ojos llenos de lagrimas. En ese momento que tenía a alguien con quien desahogarme estallé.
Fue considerado. No dijo nada y permitió que llenara su abrigo de lágrimas. No le importaron mis sollozos, ni su posición algo incómoda, ya que estaba en cuclillas.
Pasaron diez minutos hasta que él reaccionó.
-Entremos, te vas a poner enferma.-asentí mientras él me ayudaba a levantarme. Entramos los dos juntos en el VIPS de la mano, mientras que yo intentaba que la energía que me transmitía su mano cálida dejase a un lado el dolor.

3 comentarios:

  1. me encanta =) sigue así:) pasate por mis blogs y me dices que tal:

    entrelassombras-bea.blogspot.com

    lavida-cambia.blogspot.com
    Un besoo!

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  2. Está fenomenal!

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