16 jun. 2010

Capítulo 24: Apoyo moral

Miré con desconfianza al chico que tenía delante. Pelo oscuro, piel bronceada, ojos verdes jade. Alto, atlético, y me miraba fijamente.
-¿Qué te hace pensar que necesito un Kleenex?-pregunté, medio pensando en voz alta. Me miró con curiosidad, con un brillo en la mirada.
-Veamos: estás aquí sola, sucia y ojerosa, con los ojos hinchados, un vestido desperdiciado y el rímel corrido. Además tienes una cara de tristreza impresionante. ¿qué te hace pensar que no necesitas un Kleenex?-me imitó. Me reí sin ganas (nunca lo reconoceré, pero me hizo mucha gracia). Le miré inquisitivamente.
-Eso lo puedo entender, pero ¿qué haces aquí fuera en vez de disfrutar de la fiesta?
-También es fácil, por compasión. Te vi aquí sola, llorosa, y decidí venir a salvarte.
Ignoré la última parte. ¿¡Compasión!? Le miré con incredulidad.
-¿¡Compasión!? Pues para eso no estés conmigo, que tengo mejores cosas que hablar con un borde como tú-respondí dolida. Me iba a marchar, pero se me puso delante. Suspiré con impaciencia.
-Si no te importa, me quiero marchar de aquí. Gracias, ha sido un placer conocerte-comenté destilando ironía. Me miró seriamente. Me cogió la cara y me obligó a que le mirara.
-¿No atendiste a la última parte, querida? He venido a salvarte, ¡soy tu caballero de la brillante armadura!-hizo un gesto dramático, tan gracioso que me tuve que morder la lengua para no reírme. Quería ser dura con él.
-Tú tampoco a la mía, ¿no, "querido"?. Ha-sido-un-placer-conocerte. Se suele decir cuando en realidad ha sido un completo aburrimiento. Así que, HA SIDO UN PLACER CONOCERTE. Ciao.
De repente, cuando me estaba dando la vuelta, me cogió del brazo y me atrajo hacia él. Me quedé sin palabras.
-Lo mismo digo-me susurró. Acercó la mano a mi oreja y sacó (no sé de donde) un hibisco rojo precioso, el más bonito que haya visto jamás. Me lo dió, sonrió y dijo:
-Para que no se te empañe la cara de tristeza- mientras lo decía, se giró y se dirigió a la puerta. Estaba abrumada. Me acordé de que no sabía su nombre
-¡EH! ¿Cómo te llamas?
Soltó una carcajada y gritó:
-¡Jaime! ¿Tú?
-¡Carmen!-grité, riendo. Él me coreó.
-¡Ya nos veremos, Carmen!
"Ya nos veremos" pensé con dulzura mientras olía el hermoso hibisco. "Eso espero, Jaime. Eso espero".

2 comentarios:

  1. Hace poquito que leo tu historia, pero me ha encantado! Las historias bien contadas hacen que no puedas pasar un momento sin pensar como será el siguiente capítulo. Yo también estoy escrbiendo una historia en mi blog, cada viernes, pero solo llevo dos capítulos :S jaja, bueno, ia lo verás. Te sigo!
    bss!

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  2. x cierto, por lo genial que es tu historia hay un premio esperándote en mi blog :)
    un beso!

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