17 jun. 2010

Capítulo 25: Dudas existenciales

La noche se me hizo eterna. No podía parar de pensar. Maldito Damon. Jaime era especial, divertido...¿Gonzalo qué era?. Tenía la mente echa un lío. ¿Cómo se puede estar con tres tíos en la cabeza en una sola noche, o para ser más exacta, en dos horas? Era estadísticamente imposible. Claro que la imposibilidad a mí me va mucho.
Después de la fiesta ayudamos las cinco (Patri, Ana, Elena, Cata y yo, porque Claudia se tuvo que ir antes), a ayudar a Marta a tirar todas las botellas y bandejas de papel en los contenedores de enfrente de su casa. No miré a Cata en toda la noche. Sabía que estaba celosa, lo tenía claro. El caso es, ¿por qué?. Ella siempre ha sido la guapa, la perfecta, la atlética, la alocada, el centro de atención de los chicos y la envidia de las chica. En las reuniones familiares era ella la que recibía los halagos por sus actuaciones de piano. Yo siempre me había mantenido en un segundo plano. ¿De qué tenía envidia?. Aunque podía ser por Damon (que es lo más seguro) aquella envidia amarga parecía venir de antes. ¡Era ella la que se llevaba el triunfo siempre!
Hablamos sin parar durante la noche, entre bolsas de palomitas y lacas de uñas. No les conté lo de Jaime, para no echar más leña al fuego. Cata ya me "odiaba" lo bastante. Espero que mañana se le pase.
Me preguntaron por Damon, por supuesto. Cata se había ocupado de que nadie se quedara sin enterarse.
-¿Cómo te fue con el pivón?-me preguntó Elena.-¡Qué envidia!
-No fue para tanto-contesté, quitándole importancia al asunto. Todas se rieron de mi ocurrencia.
-¡No fue nada, dice la gallega!-dijo Patri, levantando una ceja.-Quién me diera besar esos labios, abrazarme entre sus músculos, acariciar su suave pelo...-iba a seguir desvariando cuando Ana le tiró un almohadón.
-¿Besa bien?
-¿Cómo huele?
-¿Tiene el pelo tan suave como se dice?
Mientras las chicas me hacían estas preguntas, me hice un poco la aloca. Empezaron a hablar entre ellas. Cata se me acercó y susurró:
-No les he contado que te engañó. Dame las gracias por lo menos.
-¿Gracias?-contesté por lo bajini, sin comprender.-Pero ¿qué importaría?-me miró con incredulidad.
-Es mejor que no lo sepan, por tu popularidad. Te hundirían-me miró con compasión-Yo sé de este mundo mucho más que tu, Car. Sé como es de cruel. Hazme caso y todo te irá de perlas.
Me volvieron a preguntar, y les contesté. Intenté olvidar aquella conversación, pero la tengo a fuego en la mente. Hablamos de todo, y a las seis o así nos dormimos. Yo más bien, me quedé mirando al techo. "¿Me fastidiarían la vida? Son mis amigas...¿no?" Me quedé alucinando con lo que me dijo Cata. "¿Y si me miente? No sería raro." Por otra parte, ¿para qué? Estaba echa un lío. Tres chicos, cada uno totalmente distintoo de los otros. Jaime: dulce, comprensivo, divertido. Mi "príncipe de brillante armadura". Mágico. Sonreí. ¿De dónde habrá sacado la flor...?
Gonzalo: simpático, amable, encantador. Gallego. Tan mono...
Damon: un auténtico capullo. Engreído, egocéntrico, repelente. Pero su beso fue demasiado para mi cuerpo. Me hizo sentir...
Ahogué un suspiro de desesperación. "Jaime, Gonzalo, Damon. ¿Por qué no os vais a la porra? Dejadme vivir en paz."

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