11 jun. 2010

Capítulo 22: Quiero

Me tapé la cara inmediatamente. No quería que me viese llorar.
-¿Q-qué haces aquí?-pregunté, con voz temblorosa. "Mierda".
-Lo mismo que tú-contestó, calmado.-Estoy en una fiesta, harto de que atosigue la gente. Vine al jardín a acordarme de la gente que no está hoy conmigo. ¿No es lo que estás haciendo tú?
Me quedé helada. ¿Cómo demonios lo sabía...?
-Pero en fin. No me esperaba verte aquí...-me dijo, mirándome. Me sonrojé. Era él, estaba a mi lado, al fin. Todas mis ansias por verlo se convirtieron en ansias de que me besara. Era tan perfecto...Llevaba una camisa azul, unos pantalones beige (le quedaban perfectos, como todo en él), y unos bonitos mocasines marrones. Sus ojos zafiro estaban fijos en los míos. Desvié la mirada nerviosa.
-Ni yo a ti, ha sido una sorpresa-intenté ocultar mi nerviosismo y mi mentira sonriendo pícaramente, algo impropio de mi personalidad.-¿De qué conoces a Marta?
-Es amiga mía desde hace un tiempo-dijo distraídamente, mirando mis labios. Sentí que el corazón me estallaba.-¿Y tú?
-Viene conmigo al colegio-dije, con voz temblorosa. "Mierda. Mierda, mierda, mierda. Soy absolutamente predecible."
Me cogió un mechón de pelo y comenzó a jugar con él. Le miré a los ojos.
-¿Qué haces?-pregunté, entre susurros. Se rió entre dientes.
-Decirte sin palabras que quiero besarte.-me dijo, sonriendo. Me quedé de piedra. ¿Acababa de decir lo que creía que acababa de decir?
Se fue acercando poco a poco a mí, hasta que nuestras labios quedaron a pocos milímetros. "Esto no es posible...Es mentira. Me he desmayado, esto es un sueño. No, no es posible. ¡Dios, está tan cerca! Madre mía, ¿me va a...?"
-Yo también quiero besarte-susurré. No es posible que yo haya dicho eso.
-Perfecto.-dijo, con una sonrisa.-Así no tengo que robártelo.
Me cogió la cara, y la acercó bruscamente a sus labios. Ahogué un grito. En lo primero en lo que me fijé fue en su olor. Olía a menta. Era...no puedo explicarlo. Besaba genial. Pero había una especie de emoción fuerte entre aquellos besos. Un odio, una rabia, que me hacía temblar. Pero a la vez era un pobre niño asustado, con miedo a que le dejara solo. Pero ésto último creo que me lo imaginé, porque no le pegaba para nada. Cada vez nos íbamos acercando más. Le acaricié su sedoso pelo rubio, y él me cogió por la nuca. Fue increíble. Notaba que algunos grupos de chicas nos miraban con envidia, pero me dio igual. Yo estaba en el séptimo cielo, o en el octavo, si cabe. Sus labios eran suaves, y acariciaban los míos con furia. Era tan perfecto, tan...No hay palabras para describirlo. Era...Dios, parece que no tengo vocabulario, pero tendríais que haber estado allí.
Como era de esperar, el beso terminó. Me acurruqué en sus brazos, temblando. Aquel fue el mejor día de mi vida. Perfecto. Insuperable.
Permanecimos como diez minutos abrazados, y él se levantó. Mis brazos le buscaron, pero se tenía que ir. Sonrió.
-Cuando se lo cuente a mi hermanito...-rió con placer, en voz baja. No comprendí el significado de sus palabras. De repente, me miró con dulzura.-Déjame tu móvil, princesa-susurró. Se lo dí y me escribió su móvil. Le puso el nombre y todo. Me lo devolvió a los dos minutos.-Te he guardado mi número, y el otro móvil. Si no cojo, llámame al segundo. ¿Me das el tuyo, cielo?
Se lo escribí en su móvil. Se lo devolví, y me sonrió. Se acercó a mi oreja y me susurró:
-Volveré. Pase lo que pase, no olvides lo que has sentido esta noche.-tras decir estas misteriosas palabras, se dio la vuelta y se marchó. Me quedé sola en el jardín. Corrí a contárselo a Cata.
-¡¡Cata!! ¿¡A que no sabes con quién he estado!?
Me miró con rabia.
-¿Lo sabes tú?-me dijo, mientras se marchaba, sacudiendo la cabeza. Me volví hacia la puerta. ¿Qué había querido decir? ¿Estaba celosa?. Me dirigí hacia donde se había marchado y la seguí.

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